03/10/2009

Las aventuras de una madre

Hola, mi nombre es Jorge, no es real por supuesto y aunque suena un tópico, lo que os relatare y en sucesivos relatos, son reales, no hace falta que me crean aunque espero que les resulten entretenidos, evidentemente he cambiado nombre y omitiré decir ciudad y lugares en concreto. Lo que os contare hoy es en parte visto y contado por la protagonista en persona tras diversos interrogatorios (agradables claro jeje). Todos estos relatos se podrían catalogar como infidelidad, no consentido y amor filial, y seguro que algo de dominación y fetichismos, intentare encuadrarlos en donde mejor corresponda.

Para empezar deciros que mi madre se llama Lara, mide aproximadamente un metro setenta y cinco, es morena y su figura es atlética sin necesidad de ir a gimnasios, lo que hace que sea la envidia de algunas vecinas y la fantasía de muchos vecinos, que decir que sus pechos sin llegar a ser grandes son bastante apetecibles, todo esto para una mujer de 40 años, que es en el momento en el que sucede todo esto.

Desde que era joven siempre me he sentido atraído por las mujeres maduras, y supongo que todo es a raíz de mi referencia mas cercana, mi madre Lara, que desde siempre ha vestido de forma muy elegante y coqueta, sin tapujos para mostrar su bella figura a la gente, a pesar de ser mujer casada y con hijo. Eso añadido a la explosión de hormonas y que ella anduviera por casa desnuda delante mío no ayudaba mucho hasta que tuve la certeza de que tendría que acabar poniéndola a cuatro patas y montarla como a la yegua caliente que descubrí mas adelante que era.

Cuando yo ya contaba con 20 años después de muchos espiando a mi madre a escondidas, sacarle fotos y fantasear con ella, ya casi lo daba todo por perdido, hasta que un día que salía de clases mas temprano de lo habitual, llegue a casa sin hacer mucho ruido, aunque hubiera dado igual pro los ruidos que oía en mi propia casa, tenso y nervioso al reconocer la voz de mi madre me dirigí rápidamente pero con cuidado hacia el origen del alboroto, lentamente ahora y con un extraño presentimiento me acerque sigilosamente a la habitación de mis padres con la puerta entreabierta y me asome... lo que vi y lo que sucedió previamente contado pro mi madre os lo relatare ahora mismo.





Lara como todos los días después de sacar a la mascota a pasear, se arregló para salir de compras, como todas las mañanas sus tacones altos. Falda corta, blusa ajustada y escotada. A ella siempre la ha gustado provocar y últimamente con su marido no ha tenido mucho sexo, por lo que diversas ideas la cruzaban pro la mente cada vez que se cruzaba con un vecino o algún joven atractivo, también en su mente ha cruzado la idea el cuerpo de su hijo al que mas de una vez lo ha visto desnudo en la ducha y que sin tener un cuerpo escultural, ha heredado de ella su capacidad de mantenerse en forma sin muchos esfuerzos, ya que concentrado en los estudios poco tiempo para deportes tenia, ella sabia muy bien que su hijo la miraba desde hace tiempo de otra manera, y sabia que la había fotografiado mientras fingía estar dormida, lejos de enfadarse la hizo sentir alagada y excitada. Tras pensarlo detenidamente este día decidió salir al mercado sin uno de sus tangas, aunque los que tenia era diminutos como si no llevara nada, la sensación de no llevar nada debajo la hizo bullir en su interior, además pensó que siendo verano una prenda menos la haría pasar menos calor, aunque el calor que sentía no era externo.

No les aburriré con los detalles de ir al mercado, la pescadería etc, solo que cada vez que se cruzaba con algún vecino o amigo se sentía muy caliente ante la perspectiva de ser pillada, si una ráfaga de viento la levantaba un poco la falda, con esa calentura, respiración agitada y varias pesadas bolsas que sujetaba cansadamente, la hacia sentir bien húmeda en todo su cuerpo. Ya de camino a casa a lo lejos pude ver un grupo de muchachos sentados en la fresca sombra del portal, las clases en aquel momento no habían terminado por lo que sin duda eran un grupito de muchachos de no muy buena fama, por lo que llego a adivinar mientras mas se acercaba a ellos por su forma de hablar y vestir.

Situándose entre ellos, dejo las bolsas en el suelo, ellos estaban sentados a ambos lados y sintió rápidamente las miradas lascivas de ellos. Lara mientras rebuscaba entre su bolso las llaves, algo ya nerviosa y extrañamente muy excitada, la gustaba que la miraran pero esa panda de rufianes se la estaba comiendo con los ojos y lanzando obscenos piropos del tipo "que culito mas rico tienes" o "ya te haría sudar yo", hacia oídos sordos pero su vagina prácticamente chorreaba de excitación, nunca había pensado en serle infiel a su marido, pero las semanas sin sexo acumulado y su afición a ser observada produjo en ella unas ganas terribles de ser penetrada. Con apenas el rabillo del ojo pudo observar como uno de los chicos miraba debajo de su falda lo que rápidamente fue a decírselo al que parecía el jefe de la pandilla, un chico mas mayor que ellos, se oyeron murmullos a su alrededor cuando por fin Lara encontró las llaves, las saco y se puso a abrir la puerta.

- ¿Quiere que la ayudemos a subir las bolsas? - la pregunto el líder del grupo mientras se A

A Lara le pillo por sorpresa ese cambio de actitud mas educado, y no mas el hecho de que estuviera casi rozándola el cuerpo a su espalda. Meditando unos segundos pensó que las bolsas pesaban demasiado, sobretodo para subir a un cuarto sin ascensor, el último piso y pensaba que eran los típicos chavales que mucho hablan y después se acobardaban.

- Eres muy amable, pero es un cuarto piso a donde voy.

- No nos importa, ¿verdad chicos? - su pandilla coreo a unísono.

- Bueno pues muchas gracias.

Rápidamente todos se levantaron, eran cinco bolsas para cinco chicos, lo que resultaba ideal. Abriendo la puerta del portal ella lo cruzo seguido de su particular grupo de porteadores, su aspecto era de lo más variopinto, el más joven tendría unos catorce años, y el mayor ya debía tener los dieciocho o diecinueve, vestían con pantalones cortos algo sucios tanto como sus camisetas.

Lara en ese momento subía la primera las escaleras, y no la importo darles un pequeño espectáculo de piernas y de vez en cuando de su trasero debajo de la falda, la idea de que la estaban mirando la humedeció más todavía y pensó que ya que cargaban con sus pesadas bolsas podría darles ese capricho.

Al llegar al último piso, Lara les agradeció la ayuda y se dispuso a abrir la puerta cuando sintió una mano en su cuello y como un cuerpo la atrapaba contra la puerta todavía cerrada, sentía el desagradable aliento del jefe de la pandilla cerca.

- ¿Un gracias y ya esta? ¿no nos vas a invitar a tu casa y agradecernos la ayuda?

Lara ahora aterrorizada no sabia que hacer, su juego de seducir y marcharse no había resultado como había pensado, y ahora se encontraba en una situación muy precaria.

De repente sintió una mano entrar por debajo de su falda y con excesiva facilidad la metió los dedos en su húmeda vagina.

- Menuda puta que eres saliendo a la calle sin bragas y mostrándoselo a menores. Nos vas a dejar entrar o no.

No sabia ella que esa pregunta iba con segundas, y lo mas fácil que podía haber hecho era gritar y que los vecinos alarmados salieran a ayudarla, pero su cuerpo no decía lo mismo, al sentir como la penetraba esos dedos una oleada de placer la recorrió todo el cuerpo y su mente se lleno de imágenes de sexo desenfrenado, la rudeza con la que la hablaba la calentaba mas y en lugar de evitar esa situación lo que hizo fue soltar un pequeño gemido y girar la llave para abrir la puerta.

Todos entraron detrás de ella, Lara casi jadeaba, su corazón iba a mil por hora por la situación, un grupo de desconocidos casi todos menores, con ganas de hacer quien sabe que con ella en su propia casa. Por extraño que parezca no dejaron la compra en cualquier lugar si no que fuero a la cocina y lo dejaron bien colocado sobre la mesa, para luego centrar su atención en ella. Dos de ellos que no llegaban tener diecisiete años la empezaron a masajear el culo.

- Bueno, ahora tenemos que cobrar el servicio, donde quieres que te follemos. -dijo el mayor.

Por lo general alguien tan directo y con una actitud tan arrogante y despreciativa la haría hervir de furia, pero en ese momento hervía por otras razones, sin dudarlo mas se dirigió al dormitorio. Al momento la rodearon y medio cerraron al puerta como si ahora quisieran algo de intimidad, multitud de manos tocaban su cuerpo y la hicieron gemir, su vagina fue el principal objetivo de su atención, manipulándolo abriéndolo y estirando sus labios vaginales, lentamente la fueron quitando la ropa, ella se dejaba hacer dócilmente como una esclava con sus amos, al quedar completamente desnuda no tardaron en halagarla y decir lo buena que estaba y mientras la penetraban con dedos todos sus orificios otros la masajeaban sus pechos o directamente ya se lo lamían. Lara con los ojos cerrados disfrutaba con cada caricia, aunque muchas de ellas algo brutas, como cuando la intentaron penetrar su ano con los dedos sin lubricar con nada, o cuando la metían los dedos en la boca hasta provocarla la arcada. Pero ella lo disfrutaba con gemidos y acariciando a su amantes,

A estas alturas ya todos se habían desnudado, la variedad de penes era igual que la de cuerpos que la rodeaban, ella siempre había sentido excitación por los penes largo y duros, pero la colección que tenia delante la volvió loca, el mas joven de todos, el de catorce, con su edad tenia un pene normalillo, los dos chicos que la tocaron el culo en el pasillo tenían ya unos rabos de adulto, aunque no eran precisamente de gran tamaño eran muy parecido al de su marido. Otro de los jóvenes era bastante obeso, con una prominente barriga pero que a pesar de ella podía ver su pene semierecto, que para su sorpresa era el mas largo hasta ahora de todos y con un grosor considerable. Girando lentamente vio la "herramienta" del líder de la manada, Creía que el pene del gordo era el mas largo pero este era algo animal, un rabo de algo mas de veinte centímetros, musculado y con gruesas venas como cables rodeándolo, rematado en un grueso glande brillante, ya estaba erecto y palpitante lo que hizo enloquecer a Lara, en el fondo ella pensó desde el principio que debía de ser medio marroquí o algo pro su tez morena y su forma de hablar.

Inconscientemente se arrodillo delante de todos ellos y con sus finos dedos empezó a masturbarles alternando mientras la rodeaban con sus pollas.

- Vamos zorra, usa esa linda boca que tienes. - dijo uno de ellos.

Desde el principio se dio cuenta que no eran muy aficionados a las duchas y su olor a suciedad, sudor y semen seco lejos de provocarla repulsión la atrajo mas como si fuera una hembra atraída por el olor a macho, abrió su boca con sus labios maquillados y se engullo primero la del jefe, el cual rápido la agarro de la cabeza para intensificar la mamada y provocando obscenas aclamaciones. Nunca había mamado una polla, ni siquiera a su marido, pero tras ver varias películas a escondidas en el ordenador de su hijo mas o menos sabia como se hacia. Metía todo el pene hasta tocar la campanilla, y luego con su lengua masajeaba todo su tronco hasta volver a sacarla y chupetear el glande a la vez que masturbaba y masajeaba huevos, y por los gemidos y palabras del macho que tenia delante no parecía hacerlo mal. Fue alternando pollas en su boca para mantener contentos a los demás, la que mas le costo fue con el chico gordo ya que su grosor la hacia casi imposible metérsela entera, y especial morbo le dio cuado llego el turno al chico de catorce con su cara aniñada dándola embestidas en su boca desesperado. No tardo en saborear sus líquidos preseminales y llego un momento en que entre todos la alzaron y la tumbaron sobre la cama.

Lara supo que llego la hora de que la follaran, algo que no la disgusto lo mas mínimo ya que durante las mamadas, ella se estuvo masturbando alternando entre acariciar pollas y acariciar su clítoris. Regueros de fluidos empapaban sus piernas y como adivino, el honor de meterla primero le correspondía al mayor del grupo. Sin perder tiempo se coloco sobre ella, con su pene apuntándola amenazadoramente, ella abrió los brazos dándole la bienvenida y la penetro salvajemente como correspondía a un tipo con ese aspecto. Su pene salía y entraba con suma facilidad, mientras ella gritaba y gemía sin preocuparse de que los vecinos pudieran oírla. El cuerpo del muchacho se movía de maravilla sobre ella, sus músculos color canela marcados le daba un toque exótico, mientras el la insultaba y la morreaba o mordía sus pechos.

- Menudo pedazo e zorra eres, te gusta follarte a menores ¿eh? que dirá tu marido con los cuernos que le estas poniendo, todas sois unas putas calentonas.

Lara solo jadeaba y saboreaba la saliva de el, le rodeo la cintura con sus piernas, que por alguna razón todavía seguía llevando los tacones en sus pies, y vio como el resto de la pandilla los observaban y masturbaban su alrededor, extendió sus manos para acariciar sus pollas y vio como uno de ellos lo grababa todo en video con su móvil, aquello fue la gota que colmo el vaso y pensar que los amigos de ellos verían como se la follan o que incluso lo pondrían en alguna pagina web la provoco un orgasmo que no había tenido en años de matrimonio. Empezó a contorsionarse y tener espasmos mientras emitía ruidos como si se estuviera asfixiando, el orgasmo no terminaba ya que su vagina seguía siendo taladrada de forma brutal haciéndola gritar como si la estuvieran desgarrando viva. Mientras el seguía empujando y entre los alaridos de ella y la vagina contrayéndose masajeando mas su pene no pudo evitar correrse dentro de ella mientras golpeaba su útero y llenándolo de su espeso semen.

Ella sintió perfectamente entre los segundos de intenso placer que le provoco el orgasmo, como se estaba corriendo dentro, sabia perfectamente que todavía podía quedar embarazada pero no hizo ningún movimiento para detenerlo, esa sensación fue la mejor de todas, que un jovencito, desconocido, de mala vida la pudiera haber dejado embarazada.

- Genial, a esta puta la encanta que la llenen, venga chicos toda vuestra. - dijo su jefe resollando por el esfuerzo, mientras cogia la cámara digital que otro de sus compañeros había sacado y continuaba la grabación.

Su lugar lo ocupo el chico gordo, y en lugar de subirse sobre ella la dio media vuelta poniéndola a cuatro patas, Luego se acomodo entre sus nalgas y Lara noto la enorme barriga de el situarse encima de su duro traserito, y el glande pinchar en su vagina intentando meterla, lo cual ella lo ayudo agarrándole la polla desde abajo y enfilándola hacia su entrada. No dudo un momento en penetrarla, si con el anterior sentía como llegaba hasta su útero con este su vagina se tubo que dilatar al máximo, haciéndola soltar quejidos que rápidamente se convirtiendo en gemidos.

Sus embestidas no eran rápidas pero si mas duras, lo que la hacia dar gritos cada vez que empujaba con todo su peso, sus huevos de toro chocaban contra su delicada piel mientras el la agarraba del pelo tirando hacia atrás, momento en el que uno de los chicos, que también captaba en imágenes la escena aprovecho para meter su pene en la boca de la vapuleada madre, lo que le ofreció un excelente plano en primera persona de la mamada.

Pronto llegaron los azotes y pellizcos en los pezones ya que no desaprovecharon la oportunidad de tratarla así mientras ella se dejaba hacer dócilmente. Sus gemidos ahogados por la polla del muchacho en su boca se hicieron mas intensos al tener otros dos orgasmos, hasta que el tipo gordo se corrió también dentro de ella. El dejo su cuerpo sudoroso recostado sobre la espalda de ella mientras recuperaba el aliento y luego se separo. El chico al que estaba chupando la polla se coloco debajo de ella y el otro que faltaba detrás, no adivino que la harían hasta que noto los escupitajos del otro sobre su ano, y mientras el de abajo la penetraba sintió como la invadía con dedos su otra entrada. La sensación fue dolorosa para ella y placentera para el grupo que lo observaba con sadismo, hasta que considero su intruso que ya lo tenía lo bastante dilatado y forzó su pene para penetrarla. Ella se quejo y lloro mientras la violaban, por primera vez se resistió y los otros acudieron a sujetarla, hasta que se la metieron hasta el fondo los dos, y ella solo hacia que agitarse y sollozar, pero el intenso dolor se fue convirtiendo en cosquilleo y luego en placer, disfrutando de la nueva experiencia, aunque seguía moviéndose con violencia para que siguiera el juego de la violación que la excitaba y la siguieran sujetando con fuerza e insultándola.

Durante varios minutos estuvieron follandola así, con diferencia eran los que mas aguante tenían y arrancándola gritos de placer se corrieron también dentro de ella.

Ya exhausta quedaba el mas pequeño de todos, con timidez se acerco a ella, con cariño le acogió entre sus brazos y su pequeño pene empezó a frotarse en su abdomen, pese a algunas bromas de sus "amigos" el no se separo y Lara con cuidado se fue colocando sobre el a horcajadas y hábilmente se la fue metiendo y cabalgando al jovencito. Ella disfruto con la cara de placer que tenia el chaval mientras la fotografiaban y grababan, a la vez que la llamaban "pervertida" y "follaniños".

No duro mucho ya que la sobrexcitación del chaval le hizo rápidamente acabar, aunque ella no sabría si fue semen u otros fluidos por su corta edad, pero aunque no durase mucho, con su vagina hipersensible y la excitación la hizo tener varios orgasmos mas dejándola rendida sobre la cama.

Durante un rato descansaron mientras ellos comentaban y se enseñaban las fotos y videos, Lara podía oír perfectamente sus propios gemidos y gritos, y las suplicas de que quería mas, cosa que no recordaba haber hecho, entre comentario y gemido grabado ella volvió a excitarse e incorporándose de nuevo sobre la cama se dirigió a ellos abriendo sus piernas.

- ¿Queréis sacar buenas fotos? aprovechad ahora que podéis - no podía creer ella lo que estaba diciendo pero su coño palpitante y rebosando leche con su cuerpo todavía sufriendo los efectos de los orgasmos hicieron hablar por ella y poco la importaban las consecuencias.

Sin perder tiempo todos sacaron sus móviles y la cámara que tenían ya preparada, y empezaron a sacar imágenes, Ella por su parte hacia poses como si fuera una actriz porno para una revista, abriendo su vagina para que fotografiaran su contenido, ponía su culo en pompa, se abría de piernas, toda pose morbosa que se le pasaba por la mente, mientras a cada fotografía se fueron animando mas y sus pollas ya duras de nuevo empezaron a seguir fotografiando con sus pollas metidas en su boca o en su coño, sin llegar a follarla pero si masturbándose y frotando sus penes en ella.

Hasta que llego la primera corrida, directa a su boca, ella no dudo ningún momento en beber el liquido y tragarlo explícitamente para las fotos. La lluvia de semen continuo, en sus pechos culo, vagina, prácticamente la cubrieron de semen y ella dócilmente se dejaba fotografiar, animándoles ha hacer mas,

También empezó a caer sobre ella otra lluvia, mas doradas se dio cuenta por la abundancia de ella en su espalda y al darse la vuelta empezó a ser regara en su cara, no la disgusto a esas alturas y empezó a abrir la boca y lamerlo, todos miraban alucinados y lo mas suave que la llamaron fue "cerda", ella ya no pensaba, solo quería complacer mientras lo grabaron todo con detalle.

La volvieron a follar por turnos durante una hora mas hasta que decidieron que por hoy era bastante, se fueron vistiendo y la dejaron ahí tirada, no sin antes el mayor de todos pedirla el móvil para quedar mas veces a lo que Lara accedió sin rechistar.

Y allí estaba tirada sobre la cama, oliendo a semen y orina con la cama ella un asco, ella pensando en lo que tendría que limpiar antes de que llegara su marido a la noche. Y mientras pasaba el tiempo empezó a arrepentirse de lo que había hecho, tan profundamente que casi se pone a llorar, como podía haber permitido serle infiel a su marido, y haberse entregado de forma tan fácil y sumisamente a esa panda de rufianes, que encima les había dado el numero de teléfono, debía cortar con eso ya, jamás debería volver a pasar.

Sumida en su pensamientos no se dio cuenta que su hijo se había metido en su dormitorio, desnudo y se tumbo sobre ella antes de que pudiera reaccionar.

- ¡¡Hijo!!! pero que demonios haces, ¡¡¡apartate de mi!!!.

- Eso no se lo dijiste a ellos mientras te usaban.

Lara se quedo muda de terror, su hijo la había visto, pero cuanto, no había oído la puerta abrirse, ¿vería solo irse a los chavales y ella desnuda llena de fluidos?, ¿o la habrá visto comportarse como una puta?

Antes de que pudiera reaccionar sintió como su hijo se la metía, ella forcejeo y el la tapo la boca con al mano, mientras se movía sobre ella, sin que pudiera hacer nada por el cansancio y por la vuelta de las sensaciones placenteras que había sentido pocos minutos antes.

Su vagina estaba todavía indundada lo que no pareció importarle al hijo, y mientras la montaba el la susurraba al oído.

- Llevo años con ganas de hacerte esto.

Ella se retorcía espantada de lo que estaba oyendo pero a su vez no podía evitar soltar un gemido de gusto, había visto la polla en varias ocasiones en la ducha, a veces por accidente y otras espiando con curiosidad, y sabia que también estaba bien formada y tenia un buen tamaño, pero sentirlo dentro la hizo que su mente se bloqueara.

- He visto como te ofrecías a ellos y se corrían sobre ti, te gusta mucho follar, ¿desde cando haces esto?

No supo que responder, aunque pudiera tenía la boca tapada, mientras el ante el cese de resistencia de su madre comenzó a acariciarla los senos con cuidado ya que estaban enrojecidos por el trato que fueron sometidos por sus amantes.

- Que dirá papa cuando se lo cuente.

Ella abrió mucho los ojos y sollozando suplico apenas audible que no le contara nada, mientras el aceleraba el ritmo. Su hijo retiro la mano.

- Por favor hijo no digas nada, te lo suplico, me arrepiento mucho no volverá a pasar... uumh...

Ella gimió involuntariamente y se dio cuenta, su hijo no había parado de penetrarla y ya sentía oleadas de placer recorrer su cuerpo.

- No diré nada, pero no puedes negar que te encanto lo que hiciste

- ay no... Lo volveré ha hacer... ummh porfavor... aah... para...

- Si lo volverás ha hacer... mmh pero te ayudare y no diré nada, pero también debes dejarte que te folle.

Lara no podía creer lo que decía su hijo, sintió una inmensa pena pero que rápidamente fue sustituida por placer, no podía dejar que su marido se enterase, pero tenia tantas ganas de sexo, desde siempre lo había tenido y no podía aguantar mas, esos niñatos fueron la gota que colmo el baso y ahora su hijo estaba sobre ella cometiendo incesto, una sensación que la empezó agradar, ya su cuerpo no se resistía sino que acompañaba sus movimientos con su hijo, no podía resistirlo, pensó la propuesta de su hijo entre gemidos mientras el disfrutaba de su cuerpo, sabia que se arrepentiría pero no podía dejar de disfrutar y accedió. Se sentía sucia una mala madre por disfrutar de su hijo y una mala mujer por disfrutar de otros hombres, y durante mucho tiempo sentiría una profunda vergüenza hasta que le fue cogiendo gusto a su situación morbosa, y las que vendrían.

Así entre gemidos su hijo acabo corriéndose dentro de ella mientras a su vez tenia un intenso orgasmo haciéndola gritar.

Después de varios minutos descansando ambos se pusieron a limpiar la habitación y continuar aparentemente con su vida normal.



Aquí esta el final del primer relato, lo he puesto a modo de tercera persona mas fácil de leer ya que al ser dos versiones contadas una por mi madre y lo que pensaba y otra por lo que ví, amen de alguna libertad de acontecimientos porque la memoria no es perfecta. Espero que hayan disfrutado y espero no tardar en continuar las aventuras con mi madre de estos últimos años, ya que son unas cuantas interesantes, como detalle deciros que nunca llamaron a mi madre, ya que este grupito como bien adivino mi madre desde el principio no era unos angelitos y a los pocos días leímos en los periódicos que esa banda había sido arrestada por robos y agresiones y sus integrantes enviados a correccionales y el mayor a la prisión por un lío de drogas, así que posiblemente seria su ultimo polvo antes de un largo periodo de abstinencia forzada ( o no ;) ya veréis).

No dudéis en dejar comentarios, tanto para bien como para mal.

Autor
Korult korultfiore@yahoo.com

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Dominado por mis compañeras

Esta historia tubo lugar ya hace algún tiempo, por entonces tenia yo 25 años, y terminados mis estudios decidí buscar trabajo, al final, encontré uno diseñando paginas Web en una empresa, aunque me tuve que desplazar a otra ciudad y como el sueldo era bueno, no me importo mucho irme a un lugar donde no conocía nadie.

Otra de las cosas buenas del trabajo, es que era una empresa pequeña, propietaria de una pequeña empresaria aunque al parecer bastante adinerada, y que tenia la oficina montada en su propia casa, un pequeño chalet en un pueblo en las afueras de la ciudad, con lo que podíamos trabajar en una de las habitaciones de la casa, evitando las aglomeraciones del centro de la ciudad.

Cuado llegue a la casa en la que se suponía que tenia que empezar mi trabajo, llamé al timbre y esperé, al poco se abrió la puerta, apareció una mujer de unos 40 años aunque de muy buen ver, rubia, con una melena hasta los hombros y con ojos oscuros, no llevaba maquillaje, tan solo un pintalabios rosa, muy tenue, vestía una falda larga azul y una camiseta de algodón blanca, y lo primero que me llamo la atención, fue que se adivinaba fácilmente, que no llevaba sostén, sus pechos que aunque un poco caídos eran de un tamaño bastante generoso y se movían libremente debajo de su camiseta a cada movimiento que su cuerpo hacía, dejando además adivinar ligeramente la forma de sus pezones, debajo de la tela.

No se si se dio cuenta de cómo la había mirado, Me rehice rápidamente he intente no observarlos más diciéndome a mi mismo, que no quedaría bien que me clasificaran como un miró el primer día, y pensé que al trabajar en una vivienda particular quizás el ir de traje al trabajo estaba de mas.

Hola, supongo que eres Juan el nuevo ¿no?

Si eso es.

Bueno pues yo soy Mónica soy dueña de la empresa, si quieres pasar, te enseño todo esto un poco.

Entre con ella, y mientras íbamos hacia la sala de trabajo, me siguió comentando

Bueno Juan pues como vas a ver la nuestra es una pequeña empresa, trabajamos aquí en mi casa, que esta bastante aislada y así no nos molesta, nadie como observaras aquí tenemos un tono muy desenfadado, somos como una pequeña familia.

Que suerte que vas a tener, (Mónica mientras sonreía), ya verás vas a estar trabajando con cuatro chicas para ti solo.

Acto seguido entramos en una sala donde estaban trabajando mis compañeras.

Haber chicas os presento a vuestro nuevo compañero Juan,

Juan, estas son tus otras tres compañeras Laura, Elena y Marta.

Hola Juan. Saludaron mis compañeras, y se levantaron para saludarme.

Laura era alta, con una melena negra, ojos azules y piel bronceada, tendría mas o menos diecinueve años, me sorprendió como bestia, una falda bastante corta, que dejaba ver unas piernas perfectas, y un TOP bajo el que se adivinaban unos pechos pequeños pero firmes, vamos que me quedé mirándola bastante impresionado (si que tienen un ambiente desenfadado pensé yo).

Elena por su parte, de pelo rizado, llevaba unos pantalones bastante ajustados, que marcaban perfectamente las curvas de su culo, además su camisa, con algunos botones sueltos, dejaba ver el nacimiento de unos pechos generosos y redondos, a los que no pude evitar desviar la mirada, cuando me la presentaron, tendría unos treinta.

Marta era la excepción de aquel grupo de mujeres, tendría también más o menos mi edad, algún michelín sobresalía en su cintura, y daba la impresión de que no se arreglaba mucho, tenía el pelo castaño un poco por debajo de los hombros, bestia con ropa bastante normal

Hola salude yo.

Bueno (dijo Mónica) Juan pues ya nos conoces a todas, somos todas muy buenas amigas y nos apoyamos mucho, espero que encajes bien aquí, ahora ven y ten pondré al día.

Poco a poco con el paso de los días fui cogiendo el ritmo al trabajo, al cabo de un mes, y para evitarme desplazamientos, Mónica me ofreció en alquiler una pequeña casita en el propio pueblo, más barato que el alquiler que tenia entonces, daba la casualidad de que era propietaria de unas pequeñas casas, que alquilaba a veraneantes pero el resto del año las tenia vacías y había aprovechado para alquilarlas por un bajo precio a mis compañeras y a mi que nos descontaba del sueldo, como el precio era muy bajo acepte encantado.

Fue al cabo de un par de meses cuando todo cambió. Laura propuso hacer una cena con lo que todos fuimos a la ciudad y estuvimos de fiesta, poco a poco la gente se fue retirando, y al final, solo quedamos yo y Marta.

Para entonces ya habíamos tomado unas cuantas copas, Marta y yo estábamos charlando, aunque yo tampoco es que pusiera mucha atención en la conversación, sino que estaba pensando en los modelitos que habían llevado Mónica, Laura y Elena y de los que no había podido quitar los ojos. Poco a poco Marta se fue acercando a mí, pero yo no prestaba atención, sin embargo llegado un momento Marta me besó

He que estas haciendo dije yo sorprendió.

Marta se me quedo mirando, luego con una voz muy nerviosa, me dijo que le gustaba, y que por favor no me enfadase, que le diera una oportunidad.

Mira Marta, sinceramente no eres mi tipo (respondí bastante cortante)

Que pasa dijo Marta ¿Que como no soy tan guapa como Laura y Elena pasas de mi?

Con quien quiera estar es mi problema, lo tienes claro.

Marta se me quedo mirando y poco a poco su cara de sorpresa paso mostrar enfado.

Sabes, pensaba que eras una persona más decente y que valoraba mejor a las personas, que sepas que esto no va a quedar así.

Enfádate si quieres ya te contentarás (le conteste yo con arrogancia, y acto seguido me fui)

Que razón tenía, al día siguiente las cosas empezaron a cambiar drásticamente en la oficina, nadie hablaba conmigo, si no era en un tono cortante para pasarme trabajo, empezaron a caerme todos los marrones, y me tenía que quedar hasta tarde para poder terminar las cosas. Deduje, que Marta había contado a sus compañeras lo que había pasado, y claro al ser yo el nuevo, y ellas ser tan amigas, habían decidido, hacerme la vida imposible.

Al poco opte por buscar un nuevo empleo en la ciudad, sin embargo había subestimado hasta donde llegaban las relaciones de Mónica con el resto de empresas de informática en la ciudad, todas se negaban a darme trabajo al poco de contactar con ellas, estaba claro que no me lo iban a poner fácil. Al final tome una decisión y lo comente a Mónica que regresaba a mi ciudad y dejaba el trabajo, a lo que ella contesto un Muy bien, como si no fuera con ella.

El último día Mónica me pidió que terminara todo lo que tenía abierto antes de marcharme, era bastante trabajo con lo que me tuve que quedar hasta tarde y me quedé solo, en la habitación, al final cuando terminé, antes de irme por fin de ese lugar, fui al baño a mear, no cerré la puerta, mientras estaba en el baño pensé, - Bueno ya se acabo esta mierda, fue en ese momento cuando barias manos me inmovilizaron rápidamente, y antes de que me diera cuenta, echaron mis brazos hacia atrás y note el ruido de unas esposas al cerrarse.

Joder, que mierdas pasa, grite yo. Sin darme cuenta que con todo el barullo me había meado en los pantalones.

Bueno, bueno…. pero que te pensabas, que después de lo que le hiciste a Marta te íbamos a dejarte irte de rositas (oí decir a Mónica a mis espaldas).

Que te creías que no me di cuenta el primer día como me mirabas las tetas, hemos estado pensando que hacer contigo, y al final hemos decidido que ya que parece que solo valoras a las chicas por su cuerpo, vamos a hacer de ti nuestra putita particular, para que veas como es ser una mujer.

¡Dejarme en paz! vale, no voy a ser vuestra puta ni nada,

He intente zafarme, sin embargo Laura y Elena, me tenían bien sujeto por los brazos, y al estar esposado, no podía hacer mucha fuerza, justo en ese momento, Marta se puso delante de mí, y me propinó rápidamente un fuerte rodillazo en los huevos, el dolor recorrió todo mi cuerpo, y de no ser porque me tenían sujeto, habría caído de rodillas al suelo, al primer golpe le sucedieron otros dos, que me arrancaron unos gritos, notaba como mis huevos palpitaban mandando señales de dolor a todo mi cuerpo, lágrimas pugnaban por salir de mis ojos.

¡Por favor para¡ grite, el tono de súplica en mi voz, no paso desapercibido.

Mira se te portas bien y colaboras no te pegaremos más, ¿lo entiendes? Susurro Elena a mi oído.

Yo moví la cabeza afirmativamente, aquella situación no me hacía ninguna gracia, pero mucho menos gracia me hacían los rodillazos de Marta, con lo que deje de revolverme he intente tranquilizarme. Mientras Marta tomó unas tijeras de unas bolsas que habían traído, y regreso a donde mí.

Pero mira que guarro eres, te has meado encima, habrá que quitarte esa ropa, de todas formas (dijo con una risita) ya no te va a hacer falta ropa de chico en un tiempo.

Acto seguido empezó a cortar mi camiseta, poco a poco la tela se iba abriendo al paso de las tijeras, al final Mónica dio un fuerte tirón desde atrás, oí como las pocas costuras que quedaban se desgarraban y los restos de la camisa acabaron en el suelo, siguieron con mi pantalón, quedando en calzoncillos, enseguida note como introducían las tijeras por la raja de mi culo he iban cortando la tela, momentos después, estaba completamente desnudo ante ellas. La verdad es que me dio bastante vergüenza, para empeorar la situación y debido al miedo provocado por todo, mi poya estaba reducida a su tamaño más mínimo, todas se rieron al unísono.

Ja, pero míralo y con esa cosita esperas hacer algo, dijo Laura.

Bueno, la verdad es que estas bastante delgado, con un poco de trabajo vas a poder pasar por toda una putita, pero antes tenemos que empezar por eliminar todos esos pelos que tienes por el cuerpo comento Mónica, - Marta trae la cera.

Por favor parar ya, he aprendido la lección, venga (dije yo a la desesperada)

Ni se te ocurra moverte o prefieres que sigamos dándole el tratamiento a tus huevos.

Minutos después casi todo mi cuerpo estaba cubierto de cera.

Bueno pues va siendo hora de empezar, prepárate oí decir a Mónica mientras se preparaba para retirar la cera de una de mis axilas.

He vamos no podéis hacerme esto como voy a ir si un pelo por el cuerpo no ..!Ahhhhhh!.

No pude terminar la frase, un tremendo dolor me izo gritar, note como los pelos se mi axila se iban arrancando al retirarse la cera de mi piel, me ardía la piel y apretaba los dientes como un poseso, sin dejar recuperarme continuaron con mi otra axila y mis piernas, yo pensaba que era imposible que aquello doliese más, sin embargo estaba equivocado, un gritos aún mayores salieron de mi boca, cuando retiraron la cera de mi culo y mi zona púbica, me di cuenta de que estaba llorando, y mi saliva goteaba por la comisura de mis labios, baje la mirada y vi mi cuerpo sin un solo pelo, como si aún no hubiese llegado a la pubertad.

Mira como lloras me dijo Mónica mientras cogía mi cara con sus manos.

Tan macho y no aguantas una mísera depilación, la verdad es que no has quedado mal, ahora ya no se te ve tan macho he, pero si pareces un adolescente, pero aún quedan un par de cosas por hacer, primero voy a arreglarte esas cejas, mientras Elena y Laura te preparan, y Marta de da crema hidratante, no queremos que se estropee la piel de nuestra putita, dijo con malicia.

Yo me deje hacer, no solo quería que aquello terminara, notaba pequeños tirones en mis cejas, al mismo tiempo que las manos de Marta recorrían mi cuerpo, aplicando la crema que alivio bastante mi piel, pude notar como se detenía a tocar mis huevos y como metía la mano por la raja de mi culo, de repente note unos pinchazos en mis orejas,

No te preocupes oí decir a Elena son para los pendientes las putas como tu tienen que llevarlos.

Segundos después pude ver por el rabillo de mis ojos, como unos enormes aros colgaban de mis orejas, después, me pusieron una peluca, y comenzaron a maquillarme, mientras, Marta, me puso un tanga, y unas medias, noté como la suave tela de las prendas, pasaba por mi piel libre de pelos, y quede muy sorprendido al notar cierta sensación de placer al contacto de mi piel con esas ropas.

Mira dijo Marta entre risas, parece que te gusta vestir de mujer quién lo iba a decir.

Note que mi poya se había puesto dura y se notaba el abultamiento bajo la tela del tanga, mi cara se puso roja de vergüenza, mientras oía las risas de las chicas, yo era un chico, ¿cómo podía traicionarme a si mi cuerpo? y sin embargo me sentía a gusto con aquellas ropas. Para terminar procedieron a aplicar pegamento en unas prótesis que simulaban unas tetas, y me las pusieron, luego maquillaron toda la zona, la verdad es que parecían bastante reales, y notaba el peso añadido a mi cuerpo, al moverme, después me arreglaron las uñas de los pies y manos y las pintaron de un rojo chillón.

Bueno pues ya estas, es hora de que te veas me susurró Laura al oído, mientras Mónica te irá sacando algunas fotos, estas tan bonita…

Mientas oía el ruido de la cámara, me pusieron delante del espejo, me quede de piedra.

Aquél no era yo.

Pero que me habéis hecho gemí yo, no voy a poder salir a la calle, (por respuestas solo oí risas).

Ahora tenia una larga melena negra, mis cejas eran dos finas líneas nada que ver con las que tenía antes y me habían maquillado como un putón, llevaba un tanga negro y medias, y mis manos atadas a la espalda, hacían que mi torso se echara hacia delante, acentuados mis dos nuevas tetas, si embargo algo estaba cambiando en mi interior, al momento de observarme no pude evitar pensar, joder que buena estoy, refiriéndome a mi en femenino.

Sabes creo que a partir de ahora te llamaremos Sara, bueno ahora que ya eres una mujer, y que parece que te gusta comento Mónica, vamos a hacer sentirte como tal.

Lentamente conecto una especie de mangeta al grifo del lavabo y se dirigió con ella a mi culo, apartando la tira de mi tanga y dejando mi ano al descubierto.

Espera que vas a hacer, por favor mi culo no ahggg. (un ahogado grito broto de mi boca cuando note como la mangeta entraba dentro de mi culo).

Tranquilo es algo necesario para que podamos continuar, y acto seguido abrió el grifo.

Lentamente mis tripas empezaron a llenarse de agua, yo, tenia el vientre liso sin embargo ahora apareció una pequeña barriguita, cuando pensaba que iba a reventar, Mónica cerró el grifo, saco la mangueta y me puso un tapón en el culo, yo lloraba de dolor.

Por favor dejarme echar esto fuera.

Mira si quieres que te deje vaciarte tienes que prometer portarte bien, porque si no estas fotos que te hemos hecho van a llegar a mucha gente lo entiendes.

Si por favor haré lo que queráis le respondía a Mónica.

Al momento sentí como Elena soltaba mis manos, instintivamente, me las lleve a mi "nueva tripa" oí la voz de Laura acompañada de unas risas y el sonido de la cámara.

Mirar, la putita parece que esta embarazada.

Aquello les izo mucha gracia me pidieron que adoptara poses de embarazada, y a sus cámaras de fotos se sumo una de video, a demás, como me encontraba mal con tanta agua tenia cara de sofocado, con lo que parecía de verdad que estuviese embarazada.

Tras la sesión de fotos, lentamente Mónica me condujo al bater, la piernas me temblaban un poco, cuando ya estuve sentado yo mismo metí mi mano en el culo y me quite el tapón, por alguna extraña razón aproveche para meterme un dedo ahora que lo tenia abierto y note cierto placer, luego note como el agua empezaba a salir de mi cuerpo, ni siquiera me había bajado el tanga, pero que mas daba, me sentía aliviado, notaba como poco a poco me iba vaciando y una sensación de tranquilidad me invadía.

Bueno ahora ya meas como una chica, me dijo Mónica cuando termine, ahora te haremos sentir como tal.

Dicho esto me levantó me quito el tanga agarro mi poya y empezó a masturbarme, para mi sorpresa solté un gemido cuando note como dos de sus dedos entraban por mi culo y se empezaban a mover por mi interior me estaba excitando como no había echo nunca, y sin darme cuenta empecé a acompasar el movimiento de mi culo al de sus dedos.

Mirar como le gusta, comento Marta,

En esto Laura se puso delante de mí iba completamente desnuda, me fijé en su coño sin un solo pelo y sus pequeños pechos firmes y erectos.

¿A que esperas? me dijo

Me lance a estrujar y chupar como un poseso esos pechos, aquello fue demasiado para mí, me corrí abundantemente en la mano de Mónica, soltando unos gemidos bastante femeninos oleadas de placer recorrieron mi cuerpo.

Mira que cochina me has manchado las manos ¡límpialas!, me dijo acercándolas a mi boca.

Para entonces a mi todo me daba igual, tome su mano con las más y chupe de sus dedos uno por uno con avidez mi propio esperma, tomándome mi tiempo, y degustándolos como si fuera un manjar, ¿Qué me estaba pasando?. Luego para mi sorpresa exclame.

Quiero más.

Mónica sonrió.

Tenemos aquí un juguetito, que creo que te va a gustar, dijo, y tomo un consolador de la bolsa mientras lo untaba en vaselina, además es especial, ves este botoncito de la base, lo aprietas, suelta un un gel que simula esperma y con el que hemos rellenado su interior.

Sin pensarlo se lo arrebate de las manos, me deje caer en el suelo de espaldas abrí mis piernas y me dispuse a meterme el juguete por mi culo, sin embargo Elena lo tomó rápidamente de mis manos.

Tranquila, tu déjanos a nosotras, y acto seguido empezó a introducirlo poco a poco por mi ano,

Ufff

Gemí yo cuando note como las paredes de mi ano se estiraban en un intento de dejar pasar el consolador, al mismo tiempo Marta empezó a masturbarme otra vez, y mientras Mónica se quito su camiseta y dejo que sobara sus tetas, esas que yo había estado mirando el primer día, poco a poco la excitación fue invadiendo todo mi cuerpo, llego el momento en que vi que iba a correme de nuevo, en ese instante mi mano agarro la de Elena y para su sorpresa y la obligué a bombear con mas fuerza en mi interior.

¡Sigue, sigue! gritaba yo

Me corrí por segunda vez, justo en el momento en que Elena pulso el botón del consolador, y note como se vaciaba en mi interior, oleadas de placer me embargaban, ahí estaba yo tirado en el suelo, manchado con mi propio esperma, y con mi culo totalmente abierto y palpitando como si aún no hubiese tenido suficiente, segundos después empezó a brotar de el un líquido blanco con el que el consolador había llenado mi interior.

Pude observar como las chicas estaban bastante sorprendidas, mientras que reemplazaba el consolador con mis dedos, con los que seguía tocando en mi interior.

Bueno creo que por hoy es suficiente comento Mónica.

Entre todas me agarraron y me llevaron a la ducha, yo estaba exhausto, mis piernas me temblaban, y casi no me tenía en pié

Yo me dejé hacer, después me pusieron unas bragas, un camisón me llevaron a una cama donde dormí tranquilamente.

Se agradecen comentarios.


Autor
strkt1

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26/09/2009

Mera Coincidencia

Te desperté lamiéndote el coñito a las 6,30 de la mañana, como todos los días, porque tenemos un despertador con unos pequeños auriculares con los que yo duermo abrazado a ti, para que al sonar sólo lo oiga yo, sólo me despierte yo, y pueda así sorprenderte despertándote lamiéndote el coñito, si amaneces boca arriba. O lamiéndote el culo, si amaneces boca abajo. Y cuando conseguí que te despertaras, me relamí con los jugos mañaneros de tu primer orgasmo del día sobre mi cara y tú me diste un tierno beso.

- Buenos días, mi pricesita yoli –me dijiste sonriéndome

Y yo ya supe lo que tenía que hacer, por lo que me levante, me puse las bragas que tú desechas por usadas y que siempre llevo tanto para estar por casa como para salir a la calle debajo del pantalón y me dirigí a la cocina para prepararte el desayuno y llevártelo a la cama. Me costaba trabajo llevar el cinturón de castidad CB-3000 debajo de las bragas porque asomaban, pero con la práctica iba cogiendo experiencia.

Y mientras tú desayunabas yo me dediqué a sacar tu ropa de los armarios, la ropa que ibas a lucir esa mañana para ir a trabajar porque tú eres la que trabajas, mientras que yo soy el "amo de casa" y me dedico a las tareas domésticas y la compra. Es lo lógico, lo justo y cabal. Pero mientras lo hacía oí que me llamabas y acudí en el acto a tu lado, arrodillándome al lado de la cama para saber que querías.

- Lleva las manos a la espalda –me dijiste.

Y yo ya supe que me venían algunas hostias dadas por ti con severidad y estricta disciplina, aunque no supiera por qué. Porque tú puede castigarme porque sí, porque te da la gana, porque le apetece o se le encapricha sin tener que darme explicación alguna y aunque haya sido muy bueno y la haya hecho muy feliz. De hecho, a veces me castigas cuando mejor me porto para hacerme ver que tu poder sobre mí es total.

Y además todos los días me das 12 correazos o latigazos en el culo, pase lo que pase y ocurra lo que ocurra, para mantenerme despierto, atento y recordarme cuál es mi situación de sumiso cornudo, de perra cornuda y de princesita yoli. Para demostrarme cuál es tu poder sobre mí. Y sin tener que justificarte y es un derecho tuyo que tenemos en el contrato de cornudo sumiso que firmamos. Si a ti se te olvidara darme estos azotes fijos, y diario, pase lo que pase, el contrato podría quedar disuelto y sin valor.

Pero no se le olvida y más tarde o más temprano, me los da siempre. Pero esta vez eran bofetadas por capricho, sin necesidad, porque sí, porque te apetecía. Yo jamás te pregunto por qué me castigas o por qué me ibas a dar esas bofetadas porque sé que ese es tu derecho y no tienes que justificarlo.

Así que puse las manos en mi espalda y me diste cuatro hostias que me voltearon la cara, con una pausa entre ellas para que yo te besara la mano tras cada guantazo, te diera las gracias y te dijera que te amaba. Así cuatro veces. Y cuando me diste la última me volviiste a ofrecer la mano, te la besé, te di las gracias, te dije que te quería y tú me contestaste que también me amabas y me diste un tierno beso en los labios.

- Te quiero mucho, mi princesita.

Y me diste otro tierno beso tierno, porque los apasionados y fogosos los dejas para tu amante fijo; un negro que se llama Abel, de tu edad, con una gran polla y con el que sulees follar los martes porque te vuelve loca en la cama, mientras yo os observo y disfruto al verte a gozar y ser feliz. Tienes un amante fijo con el que me pones los cuernos, porque tú no eres una puta y no folla scon todos o con muchos. Eso me dijiste al principio de nuestra relación.

He de advertir que yo jamás he follado con ella. Nunca. Siempre he sido consciente de que su coño es sagrado para mí, mi altar mayor y meter mi polla en él lo profanaría. Ella me dijo que a lo mejor cada tres meses hacíamos el amor, pero ella no ha vuelto a decir nada de eso y yo no sé lo he preguntado, por loq eu sigo sin follar con ella. Me siento además dichoso de no haberlo hecho, de no haber profanado su coño al meter ahí mi polla y de que siga siendo sagrado para mí. Inaccesible, sagrado, como un santuario en el que no soy digno de entrar.

Me mantengo además en castidad con el cinturón CB-300 que ella me pone y me quita a su capricho, y sobre todo el día de mi ordeño. Cada 15 días aproximadamente me ordeña con una masturbación prostática porque como no es bueno que las pelotas estén llenas de semen mucho tiempo (no lo recomiendan los médicos), cada 15 días ella me pone a cuatro patas, coloca un tazón bajo mi pito (yo tengo pito y los demás hombres polla), y se pone un guante y me mete un dedo en el culo para presionar hacia abajo, hacia la próstata y conseguir así una eyaculación que no tiene orgasmo.

Así me vacía y yo sigo excitado y sin haber gozado, pese a que me he corrido, para mantenerme en permanente estado de sumisión porque es sabido que el hombre tras el orgasmo pierde interés por la mujer y deja de desearla. Al correrme sin orgasmo, consigue vaciarme las pelotas, pero yo sigo encadenado a ella por un deseo insatisfecho que me hace más sumiso porque es constante, incondicional y sin pausa ni interrupción alguna. Así consigue que la desee las 24 horas.

Otra forma de satisfacerme (así fue la última vez), es por medio de la la puta maricona micro pito de 8 cm y marido cornudo consentido de AMA LAURA. Mi Ama María me dijo que hasta que nos casáramos la única mujer que me daría placer sería ella, la puta cornuda de noelia, y así ha sido. Cuando vienen de visita y mi Ama quiere satisfacerme, vaciarme las pelotas llenas de semen, y no tienes ganas de la masturbación prostática, me permite que disfrute del marido cornudo, de noelia, la puta maricona micropito de 8 cm, que me da placer con su boca, me lame los huevos, me los besa, me chupa la polla y cuando mi Ama me lo autoriza, me levanto y me follo su boca, corriéndome en ella. Esta es la única mujer que he conocido hasta ahora y me imagino que será la única el resto de mi vida, porque aunque yo soy sumiso de mi Ama, noelia es mi sumisa y para él soy su Ama Yoli. Es un tío femenizado con el que me está permitido gozar.

He de advertir que debido a que le llevo muchos años de diferencia a mi a¡Ama María, dentro de poco no necesitaremos el cinturón de castidad porque ya no se me podrá empinar, aunque eso a ella le dará igual porque nunca he follado con ella, ya digo, y probablemente nunca lo haga. Es probable que me muera sin haber follado con ella, pero no me importa. Mi placer es ser su sumiso. y seguiremos igual que ahora, pero ella tendrá aún más motivos para ponerme los cuernos y quizás ya no haga falta el cinturón de castidad para que no podré masturbarme y correrme. Será todo aún más fácil conforme me vaya haciendo más viejo y más impotente.

Tampoco puedo tocarle jamás los pechos. Ella suele ir por casa con ellos al aire para que se los vea, pero es mi fruto prohibido, no puedo tocarlos, ni besarlos. Nunca. Si alguna vez la veo tan excitante y atractiva que me abalanzo sobre ellos para darles un beso en los pezones, ella me deja, pero al rato me aparta, me dice que ponga las manos en la espalda y yo ya sé que me vienen las hostias.

Y recibo automáticamente cuatro hostias en mi cara que me la voltean. Primero me da una y le digo que la amo, luego otro y le doy las gracias, luego otra y le digo que la amo y luego la última y le doy las gracias. Y luego, después del castigo, le beso la mano con la que me ha abofeteado y ella me besa en los labios con ternura y me dice que me quiere. Siempre que em castiga, dura y severa, me trata luego con mimo y ternura y me dice que me quiere. Siempre.

Porque sus tetas son mi fruto prohibido, no puedo tocarlas, besarlas ni rozarlas, aunque su amante, por supuesto, puede chuparlas, besarlas, mamarlas y acariciarloa todo lo que quiera. De hecho ella le dice muy a menudo y delante de mí, que lo haga para que vea que lo que para mí está prohibido, es mi fruto prohibido, para otros machos es accesible.

Eso me hace sentirme más sumiso y desearla más porque está por casa siempre con los pechos al aire para que la desee y la vea allí altiva en su majestad, sin poder alcanzarla Eso me hace ser más sumiso y desearla más aún. Aunque a veces, cuando cuando deseo que me castigue, que me pegue, me acerco a ella de rodillas si está sentada y se los beso y chupo, aunque ya sepa lo que me espera. Ella me deja un rato que disfrute mientras me anuncia el castigo que voy a recibir por ello en cuanto termine. Generalmente son unas cuantas hostias que me voltean la cara, ya digo, pero también pueden ser correazos en mi culo de puta perra cornuda.

Pero me he distraído al contar este día y vuelvo a la habitación de mi Ama María donde después de recibir sus cuatro hostias "porque sí", "porque puedo hacerlo y ese es mi poder", según me recordó, volví a seguir preparándole la ropa y los utensilios que usa para la ducha. Yo la ayudo a ducharse, de hecho la lavo con mis manos procurando no tocar sus pechos, y eso me hace excitarme y desearla más al acariciar su cuerpo con el jabón.

Algunos días y si tiene ganas, me ducho con ella, pero no para lavarme a su lado, sino para arrodillarme y beber su adorada orina que ella tiene a bien vaciar en mi boca en una lluvia dorada que me trago casi enterita. Y luego la seco, aunque los sobacos se los he de secar con mi lengua y a veces incluso también se los seco con ella, aunque no se haya duchado, si le apetece. Sus sobacos y su culo con las partes de su cuerpo en las que puedo meter la lengua siempre que quiera y sin necesitar su permiso. Puedo lamerle el culo y los sobacos cuando me apetezca, si a ella le apetece, claro, pero sin pedirle permiso.

Después de secarla con la tolla y la lengua, se va a desayunar lo que ya le he preparado, mientras yo permanezco a su lado y la veo comer. Y luego se le levanta, se sienta en nuestra cama y le seco el pelo, la ayudo en su maquillaje y a vestirse, a colocarse las prendas que ella me ha dicho la noche anterior que le prepare, en especial si luce botas de cuero porque entonces sí que la ayudo a ponérselas.

Como medida de gracia ella me deja que le elija la ropa interior que se pone cada día, y eso me emociona porque me encanta la lencería y verla con ella puesta. Siempre lleva tangas preciosos que resaltan su cuerpo y su culo respingón, porque es alta, tanto como yo pues mide 1,85 (yo mido 1,82) y tiene un tipazo de una modelo de alta costura.

Luego se marcha al trabajo en el que entra a las 8 de la mañana y yo la despido de rodillas en la puerta con un tierno beso que ella me da, si quiere, o besándole las manos para desearle que tenga un buen día.

- Hoy viene mi madre, así que prepárate.

Cuando viene su madre a casa es un día especial porque mi suegra sabe de nuestra relación, de nuestro estilo de vida de dominación femenina y de los cuernos que me pone. Al principio se extrañó cuando lo supo, pero su madre es tan inteligente como ella y comprende que nuestro estilo de vida es una decisión mutua que nos hace a los dos felices.

- Y yo sólo quiero ver feliz a mi hija –me dijo un día mi suegra.

Así que me apliqué en limpiar la casa por todos los rincones para dejarla bien limpia y que mi suegra se sintiera orgullosa de mí, de su yerno cornudo.

- Qué suerte tienes, hija –le dijo un día-. Tienes marido, criada y un hombre que te consiente y te permite gozar con otros.

Y yo sonreía porque me sentía orgulloso de ser ese hombre. He de reconocer que al saberl nuestro tipo de relación, su madre es para mí también como un Ama, es decir, que tengo que tratarla con la misma devoción y respeto que a la hija, por lo que a ella la llamo de usted (aunque esa casi de mi edad) y me comporto con ella muy sumiso trayendo todo lo que me pide o obedeciendo sus órdenes cuando lo considera oportuno. A veces pasa el dedo por un mueble y ve polvo y se lo dice a su hija para que me castigue. Pero es una mujer muy simpática y dulce que me trata de maravilla y que me comprende y nos comprende. Y me quiere.

Así que me dispuse a limpiar la casa, a lavarle a ella sus prendas de ropa interior de rodillas en el bidé y a prepararlo todo para cuando viniera su madre.

Su madre ha venido antes que ella y cuando ha entrados se ha sentado en el sofá y yo le he traído un refresco que me pedido. Su madre me quiere mucho porque dice que hago muy feliz a su hija, que nunca la había visto tan feliz desde que rompió con aquel novio desdichado que la engañó. Y yo le doy las gracias por la confianza, aunque cuando me pregunta cuánto tiempo hace que no... me pongo rojo. Porque sé que ella sabe que nunca lo hemos hecho, que ella nunca ha follado conmigo porque aunque al conocernos me dijo que lo haríamos cada tres meses, ella no ha vuelto a decirme nada y yo no se lo he recordado. Y además no me hace falta. Y mi suegra lo sabe.

- Disfrutas más viéndola a ella gozar, ¿verdad?

- Sí, señora

- Eres un buen marido cornudo, no hay duda y me consta que mi hija te quiere mucho y te respeta, pese a vuestro estilo de vida. Si yo hubiera podido, encontrar un hombre como tú me hubiera casado con él sin dudar, porque lo tuyo es amor de verdad. Amor total y absoluto.

- Sí, señora, es cierto.

Porque es cierto de verdad, pues lo que siento por mi Ama María es devoción y mi placer es un placer místico que es más profundo incluso que el vulgar orgasmo pues me lleva a la "zona de sumisión" en la que eres feliz y sientes mucho placer aunque no folles y estés en castidad. Es el "subespacio de la sumisión" que se le llama en la técnica D/s, en el que sientes un placer muy fuerte con el sólo hecho de estar en castidad y en sumisión por la mujer que amas.

- Eres como los monjes de clausura que sienten placer encerrándose para alabar a su Dios, en este caso, tu Diosa es mi hija.

- Sí, señora.

- ¿Cuándo ha sido la última vez que te ha puesto los cuernos?

- El martes, señora.

- ¿Y gozaste?

- Mucho, sobre todo el verla correrse como una loca en los brazos de otro, de un negro, que además es más humillante.

- Eres un buen muchacho y un buen marido.

- Gracias, señora.

- Ven que te ponga bien las bragas, porque el tanga es tan pequeño que se te sale la polla.

Y me arregló mi braguita con mucho cariño y me dijo que fuera por el delantalito de doncella francesa. Un minúsculo delantal que me pongo para hacer las tareas domésticas o cuando viene alguna visita de confianza, y que apenas tapa la braga y deja el culo libre. Y me lo puso y arregló para que me quedara mono.

- Eres un buen yerno y sé que quieres mucho a mi hija.

- Sí, señora, la amo con toda mi alma.

- Lo sé, cornudo, lo sé.

Y cuando terminó de arreglarme la braguita y el delantal, le besé las manos para darle las gracias por haber parido una hija como la suya que me hacía muy feliz siendo estricta, severa, pero cariñosa y tierna, muy cariñosa, porque me dominaba con ternura y cariño, y no necesitaba levantar la voz, ni chillar. Sabía hacerse obedecer sin levantar la voz, como las buenas amas, y todo me lo decía con suavidad y cariño. Era imposible no obedecerla.

Y así estuvimos, charlando de nuestras cosas, hasta que a las 4 llegó su hija. Ella sale a las 3,30, pero llega sobre esa hora. Y esa hora más o menos llego su hija, mi Ama María, a la que recibí en la puerta de rodillas para besarle las manos. Sólo le besé las manos porque estaba su madre, porque cuando estamos solos y viene de la calle, sé que tengo que lamerle el coño o el culo, según ella me diga. A veces en la misma puerta se baja las bragas y me lo ofrece para que se lo lama y se relaje así del estrés del trabajo. Otras veces se sienta en el sofá de la salita donde le quito los zapatos y le lamo los muslos y el coño para relajarla, para quitarle el estrés del trabajo y que se descanse.

Y descansa porque casi siempre se corre sobre mi cara y yo le lamo los jugos de su coño con avaricia. A veces noto como si aparte de los jugos de ella hubiera algo más, el semen de algún tío, pero sé que no es así porque ella me lo habría dicho y además sólo folla con uno ,. con su amante Abel, porque ella siempre me ha recordado que no es una puta.

Pero si le saliera un ligue en el trabajo o en la calle y follara con él, me lo diría porque tenemos tanta confianza que no me oculta nada. Y además le gusta contármelo todo, si hay algún chico que le gusta, si se excita con algún otro del trabajo o si ha follado con alguno en un polvo rápido, en un rollo de una noche. Pero no suele ser el caso porque me es fiel y sólo folla con Abel que viene todos los martes. Pero puede hacerlo.

Mi Ama María ya viene comida pues lo hace en el trabajo, por lo que como yo también he comido antes de que ella venga, la acompañé al dormitorio detrás de su madre y allí, delante de mi suegra, le quité los preciosos zapatos, la falta, la blusa y toda la ropa que llevaba y la acompañé a la ducha donde la volví a duchar, secar y llevar en brazos al dormitorio donde se puso un picardías muy sexy de los muchos que tiene y que suele usar por casa para que al verla, me tenga siempre excitado y en ardiente deseo por ella. "Quiero que tu deseo por mí sea constante, continuo y que no para nunca", me dijo un día. Y lo consigue porque entre la castidad y sus ropas tan sexys estoy todo el día excitado y deseándola.

Siempre se deja los pechos al aire para que pueda desearlos y caer en el pecado, en besar o lamer mi fruta prohibida, pero como estaba su madre no se bajó la parte de arriba como hace siempre para provocarme. Y les preparé el café y se pusieron a hablar de sus cosas. Luego se fueron de compras y yo tuve que seguir con la limpieza de su ropa interior, arreglando la casa y poniéndome la ropa de calle para hacer la compra, aunque por debajo del pantolón llevaba las brgas que ella ya no usa proque siempre he de llevarlas pues cuando empezamos a vivir juntos ella tiró mis calzoncillos a la basura y me dijo que si volvía a sorprenderme sin bragas, me castigaría con el mayor de los castigos que se le ocurriera por falta muy grave.

- Jamás volverás a llevar calzoncillos de hombre y siempre, siempre, llevarás bragas, como mi putita sumisa que eres. Las llevarás incluso en la mortaja, para que te entierren con ellas.

Todavía recordaba estas palabras que me dijo muy seria cuando bajaba al súper con mis bragas, para comprar las provisiones que ella me había dejado escritas en una nota, junto al dinero, porque he de aclarar que aunque tenemos separación de bienes, es ella la que maneja el dinero, la que administra la casa y la que tiene la titularidad de todos los recibos.

El teléfono, el agua, el alcantarillado y todo lo demás está a su nombre porque ella es el "hombre de la casa" y yo la putita sumisa. Yo no tengo recursos porque no trabajo, cobro una pequeña pensión por accidente laboral que ella administra y cuando necesito algo, algún dinero o ropa, es ella la que me lo compra y administra. Yo nunca dispongo ni de un euro.

Volvieron tarde, por la noche, porque mi Ama María se quedó de copas con unas amigas. Me llamó y me lo dijo para avisarme, siempre lo hace, y que no la esperara despierto. Se había encontrado con unas amigos y amigos y se iba de juerga con ellos. "Te quiero", me dijo al despedirse. Y yo le preparé la cama y le alisé las sábanas, para cuando volviera, por si venía acompañada, y me quedé viendo la televisión y navegando por Internet, buscandole pollas gordas grandes que a ella le gustan o redactando este diario para publicarlo al día siguiente, como es mi deber y mi placer.

Y cuando regresó la recibí en la puerta, se bajó las bragas y me ofreció su coño para que se lo lamiera.

- Hoy te lo traigo mojado porque me han presentado a un macho que está muy bueno y al hablar con él me he mojado.

Y era cierto: lo traía mojado, oliendo a hembra excitada ante un macho y con los jugos mojándole la braguita que yo lamí y relamí hasta dejárselo bien limpio y seco.

- Pero no te preocupes porque no he follado con él. No soy una mujer fácil, ni para ti ni para nadie. Conmigo no folla todo el mundo y soy muy selecta.

- Lo sé, mi Ama, una Diosa como tú no folla con cualquiera. Eso es un privilegio que muy pocos conocen.

Y me dio un tierno beso en los labios y me dijo que me quería. Esa noche dormí abrazado a ella por detrás y sin el cinturón de castidad. A lo cucharita, porque quería premiarme porque le había dicho su madre que me había portado muy bien con ella. Y pude pasar parte de la noche oliendo su pelo, sintiendo mi pito pegado a su culo y procurando no moverme para no despertarla, pese a mi evidente estado de excitación al estar con mi pito pegado a su culo y oliendo el olor de su pelo.

Y le susurré al oído que la quería, que la amaba, que era el sentido de mi vida porque sin ella nada lo tenía y me quedaba vacío pues yo había vuelto a nacer al conocerla a ella y tenía una nueva vida dedicado a ella, en la que era inmensamente feliz. Ella me había dado una nueva vida de dicha y felicidad y por eso era suyo, porque era obra suya.

- Lo sé, cornudo mío. Lo sé. Yo también te amo

Y me quedé durmiendo dándole las gracias a Dios por haberme dado una mujer como ella.

sumis
sumisocornudo@gmail.com

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Después de la boda

Cogí su mano sin demora y empezamos a andar hacia su dormitorio. Era algo morboso estar junto a mi madre y dirigiéndome con ella irremediablemente hacia la lujuria con la polla empinada, viendo sus tetas moverse de un lado a otro y sabiendo que sus pies estaban pringados del semen que acababa de arrojar. Yo era en aquel momento el dueño de su amplio culo, de sus grandes pechos, de sus generosos muslos blancos y, sobre todo, de su negra entrepierna, donde ya había introducido mi virilidad, marcando así mi territorio y ofreciéndole humildemente mis favores.

Al llegar a su dormitorio, mamá se sentó en una silla que tenía frente a la cama y cruzó las piernas de forma sexi, moviendo los pies de forma que el conjunto que formaban con sus sandalias resultara sugerente. Desde luego, si lo que pretendía era calentarme aún más, lo logró con creces, porque se me empinó aún más; tanto, que pensé que no podría contenerme y que me abalanzaría sobre ella para poseerla como un animal. Me pregunto ahora si no era eso precisamente lo que pretendía... Yo, desde luego, me quedé allí mirándola sin hacer nada hasta que volvió a poner los pies en el suelo y pude apreciar bien cómo mi esperma blancuzco brillaba entre sus dedos y junto a las tiras del empeine y cómo se alternaba con el morado oscuro de la pintura. ¡Santo cielo!, ¿cómo podía una cuarentona tener aquellos pies de adolescente cachonda e inexperta?

Mamá se quedó mirándome un poco mientras yo observaba atentamente también sus tetas, que eran ya colgonas, pero de una forma agradable. Era evidente que a ella le atraía mi cuerpo delgado, aún no de hombre totalmente, pero desde luego ya no de niño. Mi rabo destacaba mucho, siendo más grande de lo que correspondía a un cuerpo como el mío, y mamá no dejaba de analizarlo con sus ojos brillantes, admirando lo empinado que estaba y recordando el placer que le había dado minutos antes. Sabía muy bien que ahora le pertenecía y estoy seguro de que se complacía en pensar que su coño húmedo y hambriento iba a ser el receptor de mi furia viril adolescente.

-Ahora eres tú quien me come con los ojos, ¿verdad? -le pregunté.

Mamá salió de sus ensoñaciones y sonrió sonrojada.

-Sí, no me puedo creer que esto esté pasando -dijo.

-¿Te arrepientes?

-¡No!, ni mucho menos, cariño. Es sólo que se han unido varias cosas que deseaba en una sola. Yo llevaba demasiado tiempo sin sexo, había siempre deseado que me lo hiciera un chico bien dotado y encima me gustabas tú mucho aunque fuera tu propia madre. Y ya ves... aquí estamos los dos.

-Tú siempre me has puesto muy cachondo, mamá. A veces creo que lo hacías a propósito...

-Es que era a propósito -reconoció riéndose-. Me encantaba pensar que te las hormonas se te volvían locas por dentro y que te hervía la sangre de deseo. Sabía lo dura que te la ponía y no te puedes imaginar la de veces que he tenido que masturbarme para enfriarme...

¡Joder!, mi madre había hecho todo aquello... Yo alucinaba escuchándola.

-¿Sorprendido? -me preguntó-. ¿A que no te esperabas que tu propia madre se metiera dedos pensando en ti y fantaseando con tu cuerpo?

-No... desde luego que no... Pero, ¿desde cuándo lo haces?

-Desde un año antes de separarme de tu padre, desde que tenías quince años y te pusiste tan guapo. ¿Recuerdas aquella vez que entré en el baño por equivocación y te vi desnudo con dieciséis años?

Moví la cabeza afirmativamente. Recordaba muy bien aquel día y la vergüenza que pasé.

-Pues aquélla fue la gota que colmó el vaso. Noche tras noche durante semanas no dejé de masturbarme pensando en tu cuerpo y en dejarte meterte entre mis piernas. Estuve a punto en varias ocasiones de liarme con tipos por la noche, pero todos me parecían babosos y patéticos a tu lado, ¿comprendes?

-Lo entiendo muy bien porque yo también me he masturbado pensando en ti, en tus tetas y en tu culo. Estaba deseando podértela meter y me la meneaba dos y tres veces al día... -dije.

-Mi cielo, eso ya no vas a tener que hacerlo más. Ahora tienes a tu madre para quedarte bien a gusto cada vez que se te empine. Mis tetas y mi chocho son tuyos ahora...

Mamá se puso de pie entonces y yo me acerqué a ella despacio. Nuestros cuerpo entraron en contacto primero por la boca, porque nos fundimos en un beso húmedo y profundo, y luego por el pecho y por abajo, porque mi erección golpeó su vello púbico. Nuestras lenguas se entrelazaban mientras sobábamos nuestros cuerpos con las manos, torpemente a veces y con destreza otras. Mamá movía sus caderas hacia delante para que mi polla hiciera mayor presión contra su vulva. Aquello nos estaba poniendo tan increíblemente calientes que nos tiramos sobre la cama y seguimos morreándonos y magreándonos.

De esa forma estuvimos un buen rato. Mamá acabó masturbándome despacio y yo pasando dos dedos por su raja y luego metiéndolos asombrado de lo fácil que era gracias a su lubricación. A ella le encantaba que le acariciara el coño y que le metiera aquellos dos dedos, así que no paré durante varios minutos hasta que se corrió, sobre todo gracias a la atención especial que presté a su clítoris. Mamá se sentó entonces sobre la cama con las piernas flexionadas delante del resto de su cuerpo y sus pies sexis, aún con las sandalias puestas, junto a mí. Yo me senté también, aunque con las piernas cruzadas como los indios y la espalda apoyada en el cabecero de la cama. Mi rabo seguía completamente erguido.

-Eres guapísimo, cielo -me dijo mamá mirándome con ternura.

Yo sonreí, aunque seguía confuso por todo lo que estaba sucediendo.

-Ahora te voy a hacer otra cosa que te va a gustar... -dijo mamá después.

Se puso de rodillas en la cama y avanzó a cuatro patas hacia mí, dejando que sus tetas se balancearan de lado a lado mientras lo hacía. Luego, acercó la cara a mi pecho y me dio un beso en él. Lentamente, recorrió mi abdomen dándome pequeños besos hasta llegar a mi vello púbico, donde levantó la cara. Entonces sucedió algo que ni en mis fantasias más atrevidas hubiera imaginado... mi madre se puso a chupármela. Comenzó rodeando con sus labios mi bálano reluciente y enrojecido, saboreando despacio los líquidos previos a la eyaculación que había segregado. Luego, con la delicadeza que sólo una madre puede tener con su hijo, bajó más hasta meterse la mitad de mi miembro en la boca. Después, mientras yo sentía el suave roce de sus tetas en los muslos, empezó a subir y a bajar la cabeza lentamente, con un esmero admirable. Las sensaciones de aquellos momentos eran indescriptibles y aún lo siguen siendo, ¿o es que se puede describir lo que se siente al tener a alguien sexi haciéndote una mamada y que encima ese alguien sea tu madre?

Su cabeza se movía de arriba hacia abajo despacio, sus labios rozaban y apretaban bien mi rabo y sus tetas acariciaban mis muslos de la manera más erótica que jamás había imaginado. A veces se sacaba mi miembro de la boca y utilizaba pasaba su lengua por mi glande y parte del resto de mi verga, lamiéndola siempre cuidadosamente, como si de un arte se tratara. Luego, cuando menos lo esperaba, se la volvía a meter en la boca y la chupaba con brío durante un rato, para luego disminuir la intensidad y reducir el acto a un roce sensual de sus labios. Tan efectivo resulto su método, que consiguió dejarme indefenso y sin poder contenerme, de forma que un chorro de leche salió disparado de mi polla y cayó dentro de su boca. Mamá se la sacó entonces y dos chorros posteriores pringaron sus mejillas, parte de su pelo y su mentón. Los dos últimos cayeron sobre sus tetas y su mano derecha, con la que me estuvo masturbando mientras me corría. Finalmente, mamá se volvió a sentar, esta vez sobre sus gemelos y se quedó mirándome.

-No me esperaba eso... -le dije.

-¿Te ha gustado? -me preguntó quitándose del mentón la gota de semen que había caído con un dedo y metiéndoselo luego en la boca para saborearlo.

-¿Estás de broma? ¡Claro! Jamás me habían dado tanto gusto.

-Y a mí jamás me habían puesto tan caliente... Ni tan pringada -dijo mamá sonriendo pícaramente y metiéndose en la boca los otros goterones de semen que habían pringado su cara.

-¿Todavía tienes ganas...? -le pregunté.

-No especialmente, pero ya veo que esto sigue muy animado... -dijo pasando la mano derecha por mi rabo, que sorprendentemente seguía empinado-. Lo malo es que ya te has corrido dos veces y no tengo condones, así que mejor será que no me la metas, no vaya a ser que me dejes... embarazada.

-Eso sería fuerte... -comenté.

Mamá se quedó pensativa un momento y luego agarró mi rabo de nuevo y me empezó a masturbar despacio mientras me miraba.

-¿De verdad que no me engañabas cuando me dijiste que no te habías estrenado? -me preguntó.

-Te lo prometo -contesté.

-Sólo te lo decía porque aguantas muy bien, parece que tienes experiencia.

Yo sonreí.

-¿Y tú realmente has estado dos años sin sexo? -le pregunté, sintiéndome en el derecho de hacer yo mis propias preguntas.

-De verdad, te lo aseguro; nada de nada...

-Pues deben estar tontos los tipos que pululan por la noche madrileña, porque tú eres muy sexy...

-Pero es que yo no me entrego al primero que pasa. Algunas, incluidas mis amigas, se prestan a rollos de una noche, pero eso no va conmigo, por mucho que lo necesite. Quizá, como lo nuestro ha sucedido tan repentinamente, creas que soy una facilona, pero no es así, te lo aseguro.

-Claro que no, yo no había pensado eso -mentí mientras ella seguía masturbándome sin prisa, pero sin pausa.

-Y si lo hubieras pensado no sería raro, porque es que uno primero piensa.

-Yo lo único que espero es que esto no sea sólo esta noche... -dije.

-No, eso puedes tenerlo por seguro. Llevo años deseándote y ahora que por fin te tengo no voy a parar así como así.

Yo volví a sonreír mientras miraba cómo mamá me hacía aquella paja. La mano que me la estaba haciendo era suave y hábil y me dejaba claro que mamá había hecho varias pajas en su vida. Me costaba trabajo creer que no hubiera comido pollas o se hubiera dejado follar todas aquellas noches que salía con sus amigas, pero por otro lado me parecía imposible que quisiera sexo conmigo si tenía otros ligues por ahí.

Pensando en aquellas cosas me olvidé de lo que estaba haciéndome mi madre y cuando me di cuenta estaba a punto de correrme. Mamá me la estaba meneando rápidamente, pero al ver que me acercaba al orgasmo frenó un poco y luego se detuvo. Me miró de la forma más pícara y sugerente que pueda imaginarse y se inclinó sobre mi rabo, metiéndoselo de nuevo en la boca y empezando a chuparlo con vehemencia. Me lo estuvo mamando un poco y, cuando se dio cuenta de que me iba a correr, se lo sacó y se dio la vuelta de forma que sus pies, sacados apresuradamente de las sandalias de tacón negras, pudieran continuar la paja. Lo hicieron así y, al poco, empecé a echar leche de nuevo. No hubo chorros potentes aquella vez, sino un simple fluir de esperma blanco, que caía sobre la pintura negra de las uñas de los pies de mamá y se metía entre sus dedos blancos y pulcros. Sus sandalias, aún algo manchadas de semen, estaban junto a mí, pero mamá las cogió cuando acabé de correrme y volvió a ponérselas, pringando las tiras de los dedos. Mamá se sentó mirando hacia mí y flexionó las piernas, apretando de nuevo las rodillas contra su pecho. Sus pies con las sandalias de tacón pringadas de esperma puestas eran la visión más erótica que jamás había tenido ocasión de disfrutar y mamá me la estaba brindando con un sonrisa pícara y maternal al mismo tiempo. A pesar de ello, mi rabo ya no se mantuvo erguido y cayó hacia un lado semierecto. Mamá, tras ofrecerme aquella maravillosa vista, se puso de rodillas en la cama y luego se puso de pie en el suelo. Allí estaba aún más sexi, con sus sandalias repletas de virilidad y el espesor negro de su entrepierna satisfecho.

-Ya verás cuando compre condones lo que me vas a hacer aquí... -me dijo guiñándome un ojo y señalando su vulva. Luego se dio media vuelta y se metió en la ducha.

Yo me quedé tirado sobre la cama, exhausto, pero habiendo recibido las dosis de erotismo más increíbles de mi vida.

Skaidan
skaidan2000@gmail.com

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Cálculo elemental

-Señorita, despierte… Señorita, despierte…

Magdalena –Magda- Ruz oía las palabras pero no formaban ideas en su cerebro. Poco a poco, comenzó a notar la pesadez en los párpados que sentía cuando había dormido poco, sabía que debía despertar, pero no podía abrir los ojos.

-Señorita, despierte… Señorita, despierte…

Movió la lengua –seca, áspera, como si se hubiera bebido todo el Bourbon del Innombrable- y notó una punzada de dolor en la sien.

¿Qué había hecho? No recordaba lo ocurrido la noche anterior. De hecho, no recordaba más que el final de la clase de Matemáticas, su clase de Matemáticas, en el elitista colegio privado donde enseñaba.

Hizo una mueca de desagrado. La verdad es que algún día dejaría la enseñanza, seguro. Lo cierto es que, millonaria por derecho familiar, no necesitaba los míseros mil euros al mes que cobraba por desasnar a los hijos de papá –como ella- que acudían a clase y prestaban más atención a sus curvas que a los logaritmos.

-Señorita, despierte… Señorita, despierte…

Pero ¿quién la llamaba? Aguzó el oído. La voz tenía un acusado timbre metálico, pero no era una grabación, seguro. Era… como un robot. Volvió a recordar por qué había estudiado Ciencias Exactas. Nadie se lo explicaba, y menos sus padres. Rica, mujer de bandera, inteligente, se había encerrado cinco años en la Facultad más árida de la Universidad, para terminar dando clases en un colegio privado "¿Para qué, hija mía? Si querías vivir tu vida unos años, podrías haber estudiado Económicas, que habrías llevado la empresa de tu padre, o Medicina, que te permitiría conocer algún buen partido..."

Nadie lo sabía, y ella no iba a decirlo, al menos de momento. Estudiar Matemáticas le sirvió para hacer sufrir a los Pagafantas más desesperados de la Universidad; siempre bella e inalcanzable, seguro que había sido la causante de reventones inconsolables de braguetas, en chicos que nunca se atrevieron siquiera a decirle nada… Y enseñar la misma asignatura a muchachos de Bachillerato superó aún más su placer: no sólo les provocaba calentones, sino que les humillaba con una mirada de desprecio, mientras les ponía Deficiente en los exámenes. Jamás fue tan imposible aprobar, jamás fue acompañado un suspenso de tantos comentarios mordaces.

-Señorita, despierte… Señorita, despierte…

Era hora de abrir los ojos. La voz sonaba cada vez más fuerte, y la cabeza comenzaba a mandarle dolorosas punzadas. Miró alrededor, e inmediatamente volvió a cerrar los ojos, deslumbrada por un habitáculo de diez por cinco metros –su capacidad de cálculo instantáneo parecía indemne- de metal plateado.

Volvió a abrir los ojos ¿Dónde estaba? Desde luego, no en ningún lugar que conociera.

-Por fin, señorita Magdalena. Ya era hora. Imagino que se estará preguntando dónde está. Bueno, no vale la pena usar eufemismos. La hemos secuestrado, y está en nuestro poder.

- ¿Quiénes sois, hijos de puta? ¡Os exijo que me soltéis, inmediatamente!

-Comprenderá, señorita, que sería una tontería habernos molestado tanto para soltarla a la primera amenaza. Drogar su bebida, seguirla hasta que se quedó dormida en un banco, meterla en un coche y traerla aquí. Por cierto, está usted en una prensa hidráulica de las que se usan para prensar el acero.

- ¿Qué queréis? ¿Dinero? ¿Cuánto queréis? ¡Mi padre pagará, pero si me hacéis daño, podéis daros por muertos, hijos de puta!

-No, no… Verá, iré al grano. Es usted la tía más buena del Colegio Richelieu, pero también la más sádica calientapollas que haya nacido nunca en este país. ¡Cree que no nos íbamos a dar cuenta? Para usted, venir con esas blusas, esos escotes, siempre tan recatada en apariencia pero con un botón que se le desabrochaba "sin darse cuenta", faldas por debajo de la rodilla pero la cremallera abierta "por casualidad" para que viéramos que no llevaba bragas… y siempre el suspenso. El maldito suspenso. ¿Cuántos alumnos han fracasado en las Pruebas de Acceso por no tener la media requerida? ¡Y siempre por su culpa! Y, siempre, con su maldita sonrisa de niña pija altanera, soberbia..

-Yo, yo… Vamos, chicos, todo tiene arreglo…

-Por supuesto. Para esto la hemos traído aquí. Vamos a examinarla, nosotros también. Verá. Yo le haré preguntas de su especialidad, de matemáticas, y cada vez que falle una pregunta, la prensa se cerrará un metro por cada lado. La longitud de la habitación son diez metros, o sea que sólo tiene derecho a cuatro fallos antes de quedar despachurrada…

-¡Un momento! ¡Es una broma! ¡Estáis locos! ¡No podéis hacer eso!

-¡Vaya si podemos! Yo que usted, señorita Magdalena, me pondría en el punto rojo dibujado en el centro de la habitación. Se evitará golpes prematuros. Pero deje que siga… ¿Recuerda que nos daba una oportunidad de mejorar un punto en los exámenes? Nos hacía cantar, bailar, ponernos a croar de rodillas…Siempre elegía usted las pruebas más ridículas… Nunca aprobó a nadie con ese sistema ¿no? Cuando llegábamos al cuatro, siempre decía que no lo hacíamos lo suficientemente bien, y nuca nadie alcanzó el cinco. Pues yo también le voy a dar una opción de rescatar metros. Si falla, puede quitarse una prenda y la prensa no se moverá.

-¡Canallas! ¡Yo nunca os hice desnudaros!

-Pero no fue por falta de ganas ¿verdad? Los curas del colegio nunca lo hubieran permitido. Se hubiera metido en un lío muy, muy grande. Bien, señorita. Tiene quince segundos. DÉCIMO DECIMAL DEL NÚMERO PI…¡YA!

Asustada, Magdalena estuvo a punto de no responder a lo que se le pedía. Pero su cerebro, bien entrenado, dio la respuesta, casi sin pensar.

-Cinco.

-Bien… ¡Esa es mi chica!. No hay castigo. Continuemos con el número pi ¿Quién fue el que adoptó el nombre pi para la relación entre diámetro y longitud de la circunferencia? ¡YA!

-Pero… pero… ¡No hay derecho, eso no son Matemáticas!

La voz no respondió. Tras unos segundos, comenzó una serie de pitidos, diez en total, como una cuenta atrás, y finalmente, uno más largo marcó la prueba no superada. Pasó un tiempo, tanto que Magdalena comenzó a creer que todo era una broma, que no iban a cumplir su amenaza de mover los brazos de la prensa, pero finalmente las paredes de la sala acortaron su distancia dos metros.

-La respuesta era William Jones, señorita. Y no debería extrañarse, usted solía meter preguntas imposibles de responder, para burlarse más de nosotros. Creo que ya lo va entendiendo. Cuando falle, oirá el claxon de error, y tiene que comenzar a quitarse una prenda antes de treinta segundos. De lo contrario, perderá dos metros más.

-Pero… ¡no podré seguir acertando siempre! ¡Tendré que dormir! ¡Esto es un asesinato! ¡No tengo ninguna posibilidad!

-No somos como usted, Señorita. Es posible salir viva de aquí. Por eso no le mostramos nuestro rostro. Y le aviso que hemos borrado muy bien las huellas, y que le haremos las suficientes preguntas como para que nos tenga que enseñar alguna parte de su cuerpo… que fotografiaremos y guardaremos, como seguro para que usted no vaya a la Policía. Usted se queda quieta, las fotos también. Si va a la bofia, no nos encontrará, y sus fotos saldrán en todos los blogs y foros eróticos de Internet… con una explicación de por qué esta venganza. ¡Bueno, venga, que ya hemos perdido el tiempo! ¡DECIMOTERCER MIEMBRO DE LA SERIE DE FIBONACCI! ¡YA!

-¡Doscientos treinta y tres!

Magdalena se sentía un poco más segura de sí misma. Hasta cierto punto, las explicaciones le habían tranquilizado. Por eso, cuando escuchó la cuenta atrás de los pitidos, se quedó helada, y no supo reaccionar. Sonó la bocina de error. Treinta segundos. Sin embargo, ella no se había equivocado. Los brazos de la prensa se aproximaron dos metros más. Sólo seis metros.

-¡Cabrones! ¡No me he equivocado! ¡Era doscientos treinta y tres!

-Si cuentas el cero, no, querida. Si cuentas el cero, es el ciento cuarenta y cuatro. A ti también te gustaba ponernos trampas y cambiar los términos de las preguntas ¿recuerdas?

-¿Cuántas preguntas más tendré que responder?

-El examen se acabará cuando yo lo diga. Era otra de tus frases favoritas ¿no recuerdas? A veces llegaba a desmayarse algún pobre al que habías estado martirizando, pregunta tras pregunta… Otra cuestión: HALLA EL VE´RTICE DE UNA PARÁBOLA, DE FÓRMULA EQUIS AL CUADRADO MÁS SEIS EQUIS MÁS 11, SI LA RECTA TANGENTE ES HORIZONTAL ¡YA!

-No puede ser ¡No hay tiempo para responder! ¡Dadme más tiempo!

Esta vez ni siquiera empezó a calcular. Estaba claro que no iba a poder hallar el resultado a tiempo. Sonó el claxon de fallo, y poco después se cerró la presa. Era una chica alta, medía uno ochenta y cinco. Si fallaba otra vez, quedarían sólo dos metros. Si extendía los brazos, casi llegaría a tocar las paredes de la presa.

-Hummm ¿Qué decías tú cuando te pedíamos tiempo? ¡Ah, sí! ¡El tiempo es relativo, joven! ¡Y zas! ¡Cero al canto! ¡Otra! ¡integral de logaritmo neperiano de número e elevadoa logaritmo decImal de tres equis más cinco! ¡YA!

Magdalena se dio cuenta, con terror, de que hasta el momento había tenido la esperanza de que todo fuera una trágica broma, que se detuvieran cuando sólo faltasen un par de metros, sin hacerle daño, sin obligarla a desnudarse. Sin embargo, ahora que aún quedaban cuatro metros, estaba segura de que la prensa no se detendría. Cuando sonó el claxon –ni siquiera había intentado resolver la integral, tan aterrorizada estaba- se comenzó a desabrochar a toda velocidad la blusa. Tal vez si era generosa con sus secuestradores la liberaran tras imponerle una humillación. Tal vez se conformaran con verla en ropa interior, o algo así.

Magdalena se quitó la blusa. Llevaba un sujetador negro de encaje, cuyas copas resaltaban sus pechos, tapando justo los pezones, permitiendo que por encima del tejido se mostrasen sus rotundas formas. Miró hacia abajo. Pantys, falda, y ropa interior. Los zapatos se los habían quitado. Tenía pocas bazas. Trató de serenarse para jugarlas de la mejor manera posible.

-Bien, bien. Ya eres una experta jugadora. ¡NOMBRE DE PILA DE LOVELACE! ¡YA!

Esa era fácil. Demasiado fácil. Buscó la trampa, y se dio cuenta, demasiado tarde, de que ya habían pasado muchos segunos y sólo podía dar una respuesta. Si se equivocaba…

-Ada.

Casi no se sorprendió cuando sonó el claxon y, rápidamente, se subió la falda –tratando de no enseñar demasiado, no les iba a dar ese gusto, al menos no antes de tiempo- y tiró de sus pantis hasta abajo, hasta quitárselos.

-Huyyy. A punto. Concretamente, Ada Augusta Lovelace. ¿No protestas? Era otro de tus trucos favoritos. Respuesta incompleta, cero y a la cuneta, decías… Vamos a ver… ¡VIGÉSIMO DECIMAL DEL PRODUCTO DEL NÚMERO PI POR EL NÚMERO E! ¡YA!

Era imposible, claro. Podía recitar el número pi con veinte decimales –tres catorce quince…- y el número e –dos setenta y uno ochenta y dos…- pero jamás llegaría a acertar el vigésimo decimal de su producto… La bocina interrumpió sus pensamientos. Automáticamente se llevó la mano a las faldas, las desabrochó y las dejó caer. Llevaba braga, a juego con el sujetador, tan pequeñas que por encima del elástico se veían unos pocos pelos del pubis. No llevaba tanga. Nunca había llevado tanga, porque odiaba tener una cinta en la raja del culo. A través del encaje se transparentaban sus glúteos. Estaba seguro que los de arriba se estaban haciendo una paja a su salud. ¡Oh, como consiguiera salir de allí…! Dedicaría todo el dinero de su padre a encontrarlos ¿Policía? ¿Qué Policía? ¡Se creían muy listos, pero sin duda los encontraría! Alguno tendría un padre, o tío, o hermano, dueño de la fábrica donde estaba. Y cuando los encontrase, les castraría, a los pequeños cerdos…

Repentinamente, un sonido estridente le sacó de su ensueño. Aparentemente, sus agradables pensamientos de venganza le habían costado otra prenda. Sintiendo crecer su humillación hasta límites inconcebibles, se llevó la mano al cierre del sujetador, y lo desabrochó. Antes de quitárselo, dudó, llorando de rabia. Nunca, desde los diez años hasta los veintiocho actuales, un hombre había visto su pecho desnudo. No hacía top-less. Tenía médicos privados, todos mujeres. Nunca, jamás, dejaba que su padre o hermano entrase en la habitación –bueno, en la suite- o el baño privado.

Finalmente, un zumbido de advertencia hizo que se decidiera. Con rabia. Se quitó la prenda y mostró sus rotundas tetas, magníficamente erguidas, con unas aréolas grandes, de color melocotón. Sus tetas blancas por no haber sido nunca bronceadas, estaba segura, aún excitarían más a los hijos de puta de arriba. Y, para colmo de humillación, descubrió que sus pezones se habían puesto erguidos, desafiantes, como si estuviera sexualmente excitada. Notó cómo se ponía colorada. Para su consternación, las tetas y ¡horror! los pezones también estaban escarlata.

-Vaya… Ahora va a ser que la profesora también se excita… ¡Mira esos pitones! ¿Lo coges, profesora? ¡Pi-tones! ¡Ja, ja, ja!

-¡Ni lo sueñes, cabrón! ¡Es el odio, el odio y la rabia, y las ganas de matarte cuando salga de aquí!

-Bueno, bueno, no te pongas así. Vamos con otra pregunta. Números complejos.

Magdalena trató de prestar atención al problema, pero le zumbaban los oídos. No escuchó bien un número. Estaba segura de que no repetirían el enunciado. Bastantes veces, ella, se había negado a repetir un problema que, con malignidad, había leído en voz apenas audible. No quiso darles el gusto de preguntar. Prefirió concentrarse en qué hacer ante el inminente fallo. Aún se podía permitir perder dos metros, pero eso la dejaría a merced de cualquier fallo para morir aplastada –Magdalena ya no se hacía ilusiones de que todo fuera una broma, y trataba, simplemente, de seguir viva el mayor tiempo posible. Decidió perder la braga. Estaba seguro de que no la dejarían ir sin enseñar el coño … tanto más daba hacerlo ya.

Sonó la bocina. Cogió con las dos manos los elásticos de la braga y tiró para abajo, hasta las rodillas. ¿Desde dónde la observaban? Mientras se inclinaba hacia abajo, le asaltó el curioso pensamiento de que no sabía si estaban observando, en ese preciso momento, sus nalgas, con el agujero del culo y los labios menores en visión de primera fila, o los tenía delante, mirando el pubis. Finalmente, se quitó la braga, y se irguió, completamente desnuda.

-Separa los brazos. Da la vuelta. Inclínate un poco. Ponte a cuatro patas. Cógete los cachetes del culo, y sepáralos con las manos… así.

Obviamente, le estaban haciendo fotografías del agujero el culo y del coño, desde atrás.

-Túmbate boca arriba. Ábrete de piernas. Levanta el coño… Bien. Vamos a continuar… ¡DECIR TODOS LOS NÚMEROS TRASCENDENTES QUE PUEDAS! ¡YA!

Magdalena se animó un poco. Parecía fácil. El número pi, el número e, la constante de Chaitin… sin embargo, escuchó horrorizada cómo, a pesar de decir todos los número que iba recordando, sonaron los timbres de aviso. Comprendió, demasiado tarde, que ella tampoco admitñia ningún suplemento de tiempo en los exámenes…

Cuando sonó el último pitido, se quedó sobrecogida. Estaba desnuda ¿no? ¿qué pretendían? ¿qué iba a entregar ahora?. Su terror llegó a tener casi un regusto de excitación sexual cuando vio que las paredes se estrechaban. Sólo dos metros. Ya no tenía ningún comodín…

-¿Estáis locos? ¡Ya me habéis desnudado! ¡Ya me habéis visto en pelotas! ¡Mis tetas, mi culo!¿Qué más queréis? ¡Dejadme ir!

-No, no, aún es pronto, profesora. Lo estamos pasando tan bien… De hecho, hemos pensado cómo prolongar la diversión. Una posibilidad es metértela, por detrás o por delante, pero verás, para hacer eso deberíamos bajar allí, abrir la puerta, y tener contacto físico contigo, lo que siempre es arriesgado. Imagínate que nos pegas un mordisco en la polla, o que te consigues escapar. No, no, nuestro deseo de venganza es mayor que el de echarte un polvo. Sin embargo tal vez un espectáculo visual…

Magdalena no comprendía. Lo único que había entendido es que no iba a violarla. De alguna manera, se sintió aliviada, y furiosa consigo mismo por ello. Ciertamente, era virgen, y estaba seguro de que, en estas condiciones, la penetración sería dolorosa, pero ¿qué más daba, en estas circunstancias? ¡Qué patética era! Se obligó a prestar atención.

-...un dedito. Que te masturbes, señorita magdalena. Te metes un dedito en ese coño virginal que tienes y te das arriba y abajo hasta que te corras ¿Has entendido?

Apenas asintió, sonaron unas órdenes en un idioma extranjero. Rabiosa, comprendió que era ruso, o polaco. Se habían asegurado que no hubiera respuesta, utilizando un idioma poco habitual.

Con precaución, introdujo el dedo índice de la mano derecha entre sus labios. Trataría de no desvirgarse. Frotó su pubis con los demás dedos, buscando fingir un orgasmo que dejara satisfechos a sus captores, sin darles el gusto de humillarse corriéndose en su presencia. Sin embargo, Magdalena no había gozado nunca el sexo, ni siquiera en solitario. Sus placeres humillando a los alumnos habían hecho innecesarios otros gustos. De manera que, tras pocos segundos, notó una oleada de calor que le subía a la cara, y un placer diferente, que nunca había experimentado, fue subiendo, subiendo.

Jadeó, intentando controlarlo, pero era imposible. Su vagina estaba empapada, su mano se llenaba de fluidos. El dedo se metía más y más en su vagina, la mano izquierda frotaba sus tetas, sus pezones; su mano derecha, a veces, salía de su vagina y con un dedo se insinuaba en el agujero del culo… Ya no fingía, gemía, solloozaba, ya llegaba el orgasmo…

Con un grito de placer, Magdalena se dejó llevar, y se acostó, agotada, en el ya reducido espacio que quedaba entre las planchas.

-Bien… ha sido un bonito espectáculo.-dijo la voz de arriba.

Hubo una pequeña pausa

–Ahora vamos a seguir trabajando. VAMOS CON LAS PREGUNTAS DIFÍCILES…

FIN

Autor
miguelmyriam

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Las cinco amigas

Cuando se fue Dalia, yo seguí tumbada sobre la cama. Aparte de dejarme caer, no había cambiado demasiado mi postura, por lo que mis tetitas y hasta mi micropene seguían aplastados sobre la cama. Notaba mi culo palpitar. Me ardía y me escocía un poco, pero sentía un vacío en mi interior que me dejaba algo melancólica. Me había encantado que me follaran. Daba por bueno todos los dolores y todo el sufimiento que representaba para mí entregarme a otra persona a cambio de obtener la recompensa de su placer. Como me habían dicho, a través del goce de otros era como yo conseguía el mío.

Me giré de lado para poder respirar mejor y noté como mi enorme culo se desplazaba casi como un anexo a mi persona. Mis nalgas desproporcionadas no habían resultado ser ningún impedimiento para que mi amiga, que no tenía una equipación gigante precisamente, pudiera usarme sin problemas. Bueno, con una pequeña ayuda mía separándomelas, pero ese gesto de entrega absoluta me había gustado mucho. De hecho, aunque ya he probado muchas, muchas posturas en la cama, que me follen desde detrás, y más concretamente, justo así, como mi primera vez, es como más me gusta.

Necesitaba abrazar a alguien, pero me tuve que conformar con el almohadón. Me sentí bien cuando lo cogí y lo puse a mi lado, como si fuera un amante. Pensaba en los puntos que cambiaría. Naturalmente, estaba el dolor del principio. Había sido tan grande que pensaba que me iba a morir. Menos mal que cedió un poco después de un rato. En cambio, la fricción que todavía hacía que mi culo ardiera me parecía algo excitante, parte del proceso de dar placer al otro. Lo que no me había gustado era algo a lo que tendría que acostumbrarme, porque tampoco tenía más remedio que hacerlo. No le había dado mucha importancia mientras la rubia me sodomizaba, pero ahora venía a mi mente: los enormes aros de mis orejas y mi diminuto colgajo se movían salvajemente con cada embestida lo que resultaba bastante molesto... hasta que las sensaciones me hacían abandonar cualquier cosa que no fuera dar placer a quien me follaba.

Apenas me había puesto cómoda, reposando sobre mi costado izquierdo, cuando empecé a notar un cosquilleo en la nalga que quedaba debajo. Intrigada, pasé la mano para descubrir que de mi culo salía, de manera débil pero continua, un hilillo de líquido. ¿Estaría sangrando? ¿Me habría hecho Dalia más daño del que creía? Alarmada, encendí la luz de la mesilla. Era algo transparente. Como agua, aunque algo más pastosa y con un peculiar olor a... ¡mierda! Lógicamente, salía de mi intestino. Más curiosa que asustada, exploré con mis dedos mi abertura anal. Al contrario que en las películas porno, donde las chicas a las que han dado por el culo lo muestran completamente abierto, como si no volviera a cerrarse nunca, el mío estaba tan cerrado como siempre. Mi bendición y mi maldición: tan estrechito, las pollas disfrutaban más que cualquier otra rajita, y al mismo tiempo hacía que me doliera siempre que me follaran. Tan sólo el anillo externo, un poco más hinchado de lo normal, mostraba lo que había pasado momentos antes.

Me deslicé sobre mis sandalias de tacón y acudí al baño. Hasta en esas circunstancias, no podía dejar de caminar moviendo mi culo provocativamente a un lado y a otro. Hasta ahí llegaba ya mi condicionamiento, que nunca abandonaría. De hecho, creo que no sé andar de otra manera, aunque me lo proponga. Puse una mano en el culo para evitar manchar con mi goteo, hasta que asenté mis nalgas sobre la taza. Entonces, cuando hice la fuerza habitual, mi esfinter se abrió para dejar salir una buena cantidad de esa pasta blanquecina, con un ligero tono marrón. Entonces, de repente, lo entendí: ¡Era la corrida de mi amiga! Me había llenado de semen, y ese semen a algún sitio tenía que haber ido. Como yo no tengo útero ni nada similar, busca su salida por gravedad: el mismo agujero por el que ha entrado. Sin embargo, el hecho de que mi ano sea tan estrecho provoca que cierre casi herméticamente, por lo que apenas unas finas gotas logran escapar. Es toda una ventaja cuando me follan en algún sitio fuera de mi casa y no tengo mucho tiempo de limpiarme. Pero entonces ni siquiera sospechaba que fuera a hacer esas cosas.

Más tranquila, volví a a cama, feliz de haber perdido mi virginidad, feliz de ser capaz de dar tanto placer y más o menos satisfecha sexualmente por primera vez desde mi nacimiento. Desvié el curso de pensamientos de mi mente porque, si seguía pensando en sexo, volvería a excitarme y ya no tenía a nadie para que me calmara regalándome su orgasmo.

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A la mañana siguiente no me crucé con Dalia, pero sí con Natalia. Durante el desayuno, le conté todo lo que había pasado. Abrió los ojos como platos y si hubiera sido capaz de alzar las cejas o arrugar la frente, sin duda lo habría hecho.

Después de comer, fuimos a pasear al parque de la azotea. Hacía viento, y yo tenía que sujetarme la blusa para que mi culo no quedara al aire. Aunque la temperatura era agradable, las dos teníamos los pezones duros. Los de Natalia se veían casi a cada lado del ombligo. Como era habitual, todo su pecho bamboleaba a cada paso, lo que tendría que ser muy incómodo para la pobre. Al menos mi culo, que también se movía como gelatina al andar, quedaba a mi espalda y no molestaba tanto

—¿Me lo dices de verdad? ¿Has follado con Dalia?

Se me escapó una pequeña sonrisa pícara. Me gustaba oirlo. Sentirme sexual.

—Más bien ella me ha follado a mí. ¡Soy un pequeño agujerito para dar placer! —me salió, naturalmente, sin pensarlo.

—¡Hala, Laura! ¡No te menosprecies así! ¡Eres mucho más que eso!

—No te tomes las cosas de manera tan literal, mujer... Pero ¿sabes una cosa? ¡Me encanta sentirme un poco objeto! —confesé.

—Bueno... —dijo, después de un rato de silencio—. Creo que a mí también me gustaría sentirme así. ¡Pero es que a mí no me han hecho como a ti! ¡Si pudiera librarme de este maldito artilugio —dió dos golpes en su costado, que sonaron extrañamente metálicos— podría sentir como Dalia, utilizar mi pene.

—Pero... ¿te gustaría usarlo así? —le pregunté.

—No... —respondió, tras fruncir los labios, casi la única expresividad que su rostro le permitía—. Definitivamente, me siento mujer y heterosexual. No me veo ya follando a nadie, por raro que me suene reconocer esto... Creo que me gustaría —añadió en voz baja— haber sentido ya lo que tu has sentido: lo que representa ser follada.

—Bueno... por la tarde también se la chupé...

—¿A Dalia? ¡Jo chica, no paráis! ¿Y qué tal...?

—Bueno... definitivamente, quiero probar cómo sería con un hombre pero tendré que conformarme por ahora...

Así seguimos la charla, como dos pequeñas adolescentes empezando a descubrir su sexualidad. Hasta que llegó la hora de las clases de la tarde.

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Cuando bajé, me estaba esperando Mercedes. Pensé que habría hecho algo malo. Tenía algo en la cara que resultaba francamente extraño. Tan fuera de lugar que me costó entenderlo... ¡¡era una sonrisa!! Detrás de ella también estaba Agustín y Alberto. De la única que no había ni rastro, era de Isabel.

—¡Enhorabuena! —dijo la seca mujer—. Hoy ha sido tu último día con nosotros.

De no ser por la primera palabra, hubiera pensado que me iban a ejecutar. No me pasaba por la cabeza otra cosa que pudiera resultarle agradable a aquella desagradable persona.

—No podemos enseñarte más —se adelantó Agustín—. A partir de hoy, dependes sólo de ti misma. Has sido probablemente la mejor alumna que jamás haya pasado por aquí.

—Pero no olvides seguir haciendo tus ejercicios —terció Alberto—. Los necesitas para mantenerte sana y esbelta. ¡No lo olvides!

Yo estaba anonadada. Era lo último que me esperaba. Cuando lo empecé a asimilar, me sentí un tanto asustada. Me alejaba del sitio que me había visto nacer pero que, en realidad, me había forzado a ser lo que soy en contra de mi voluntad. Y siempre me daba miedo que me pudieran volver a llevar al sótano para cualquier extraña modificación. Los recientes aros en mis orejas eran buena prueba de ello. Todo eso iba a quedar atrás. Pero también mis amigas. No tardé en saber que ellas no saldrían aún. Dalia necesitaba más clases psicológicas. No me explicaron más, pero yo sabía por qué era... Y en parte yo tenía la culpa.

También lamentaba no haber podido conocer más a fondo a Tamara y a Flor... ¿las volvería a ver en mi vida? Y la pequeña y dulce Natalia... ¿qué sería de ella sin mí? ¿También se la follaría Dalia?

Me dejaron pasar por la peluquería para arreglar mi pelo, que ya empezaba a mostrar una brevísima raíz un poco más clara que mi negro brillante. Una hora después, un taxi me esperaba en la puerta. Por primera vez, desde mi nacimiento, estaba en la calle y sola. Y aterrada.

Llevaba un sujetador blanco con relleno que a duras penas servía para aparentar que tenía algo de pecho y un tanga que tapaba perfectamente mi micropene. Un sencillo y ajustado vestido violeta de rayas horizontales, de lana fina completaba mi atuendo. Mis piernas quedaban completamente al descubierto desde más arriba de medio muslo. Unos zapatos negros del altísimo tacón que necesitaba para caminar se ajustaban en mis pies. Me habían dado un teléfono móvil, una cuenta bancaria con unos pocos cientos de euros, la llaves de un apartamento y una maleta con alguna ropa básica y mejunjes de belleza. Eso era todo.

Mientras caminaba, arrastrando la maleta detrás de mí y cimbreando las caderas a cada paso, el taxista no me quitaba ojo de encima. Me hizo sonrojar.

—¿A donde vamos? —preguntó, tras ayudarme a meter la maleta en su vehículo.

—Al centro —contesté, con un hilillo de voz.

*************Fin de la trigésimo tercera parte*************

*************FIN DEL LIBRO PRIMERO*************

Bueno... hasta aquí hemos llegado en esta primera parte de las aventuras de las cinco amigas. Voy a tomarme un descanso para aclarar mis ideas y dedicarme a otros proyectos antes de volver con el libro segundo, donde veremos los primeros pasos de Laura en la ciudad, como persona libre.

Muchas gracias a todos los que lo habéis leído, a los que ha gustado y a los que no. Gracias por las críticas constructivas, por las ideas y por el entusiasmo. Gracias por insistirme en que continuara cada capítulo y, en resumen, gracias porque, sin vosotros, este "libro" no habría sido posible.

Laura Anubis
Lauraanubis@gmail.com

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