Leona sabe dominar a su esclavo en este video.


Me colé entre la multitud, era domingo y había mucha gente. Consigo abrirme paso y allí me senté, en primera fila, justo en el extremo, al lado del pasillo, desde allí él me vería mejor.

Yo llevaba puesto un vestidito de color tierra abotonado hasta la altura de las caderas, sin mangas y de cuello camisero, era corto, muy corto ya que al sentarme se subía dejando ver mis largas piernas; quizás era demasiado provocativo para la ocasión, pero me apetecía llamar su atención.

Suena la música, ¡ya sale!, todo el mundo se pone en pie para recibirlo. Va acompañado de dos chavales que permanecen a su lado.

Él es bastante joven, al menos eso parece, no creo que tenga más de treinta, yo tengo treinta y ocho, pero no importa, mi aspecto es más juvenil que muchas de las mujeres de mi edad que están por aquí sentadas, quizás sea por mi forma de vestir, o porque mi pelo largo y rizado suelo llevarlo suelto y algo alborotado, o quizás porque no me gusta llevar mucho maquillaje, creo que todo en conjunto hace que aparente unos añitos menos.

Él es alto, delgado y de piel bastante morena, su cabello de color negro hace que contraste con sus ojos azules. Es bastante atractivo, llevo semanas viniendo a este lugar sólo para verle, sentándome en primera fila para llamar su atención, pero hoy por fin estoy decidida, hoy me acercaré a él.

Hacía mucho calor, saqué mi abanico del bolso, desabroché un botón del vestido dejando al descubierto mi canalillo, y comencé a abanicarme. El vaivén del abanico hacia mover la tela de mi vestido, abriendo aún más el escote y dejando ver la puntillita de mi sujetador negro.

¡Me ha mirado!, sé que me ha visto, mientras se estaba dirigiendo al público asistente a fijado su mirada en mí, yo he separando mis piernas para cruzarlas después, un estilo a Sharon Stone en "Instinto básico", y al igual que ella yo tampoco llevo braguitas, quería llamar su atención, el hecho de que me haya mirado me pone y no he podido evitar morderme el labio inferior en señal de excitación; él por un instante se quedó callado, tuvo que apartar su mirada para poder continuar. Sé que lo he puesto nervioso, y eso me excita aún más.

Me siento húmeda. Cierro los ojos, quiero imaginármelo, fantasear con él; me lo imagino diciéndome "te deseo" he inclinando su cabeza para comer mis pechos, los siento duros e hinchados. Abro los ojos para observarlo de nuevo, ¡es tan guapo!, y me fijo en sus manos, parecen fuertes, grandes y de dedos largos;

Cierro los ojos y me imagino sus manos recorriendo mi cuerpo, comenzando por mis pechos y siguiendo hacia abajo hasta alcanzar mi rajita, acariciando mis labios, suavemente, colándose entre ellos para detenerse en el clítoris, que en estos momentos puedo sentirlo grande, y deslizándose hasta llegar a mi vagina haciéndome estremecer.

A la vez que lo imagino, mis manos acarician disimuladamente mi cuerpo. He puesto mi bolso encima de mis piernas para disimular mejor como a través del vestido toco ligeramente mi sexo. Me siento muy húmeda. Estoy muy caliente. Mi respiración se acelera. Un calor sofocante se ha apoderado de mí y me abanico con más fuerza. Intento disimular mi excitación. La respiración se me corta por unos instantes acabando en un profundo suspiro. Por suerte el acto ha llegado a su fin y la gente ya en pie se dirige a la salida.

Yo permanezco sentada, aún no puedo ponerme en pie, espero a que se haya ido todo el mundo y me decido a hacer realidad mis fantasías dirigiéndome a la habitación en la que él se encuentra. Esta sólo, no oigo hablar a nadie asique entro sin llamar.

Él se encuentra de espaldas, por lo que al oír mis pasos se gira sobresaltado.

-Qué deseas?

-A ti. –Le digo con una mirada dulce a la vez que sensual, mientras me dirijo hacia él.

En mi corto camino hacia él me deshago de mi bolso dejando mis manos libres, me paro a escasos centímetros de él y sin darle tiempo a reaccionar lo beso suavemente en los labios a la vez que con mis manos rodeo su cabeza.

Él echa un paso atrás apartándose de mí.

-Qué hace? Como se atreve?.

Yo no voy a dejar que me rechace, sé como me ha mirado antes, sé que le gusto. Desabrocho los botones de mi vestido dejando al descubierto mi sujetador y seguidamente mis pechos. Él aparta su mirada. Pero yo me acerco aún más a él y comienzo a desabrochar su camisa negra.

-No, por favor, no haga e……..

No lo dejo hablar, lo beso, muerdo ligeramente sus labios e intento con mi lengua abrirme paso en su boca a la vez que lo acaricio, pasando mis manos por sus hombros y sus fuertes brazos.

-Relájate. Nadie se va a enterar. Disfruta del momento. Deséame!, como yo te deseo a ti.

Cojo sus manos y las acerco a mis pechos; por supuesto, él las retira e intenta retroceder, pero tropieza con una robusta mesa que se lo impide. Yo aprovecho ese instante para dejar caer mi ropa y quedarme totalmente desnuda frente a él.

Me acerco de nuevo, y vuelvo a besarlo apasionadamente…, su cuello, su boca….; mis pechos desnudos rozan su cuerpo y noto como cada vez están más duros,……

-Por favor! Apártate! No sigas!.

Sin hacer caso a sus palabras desabrocho su pantalón y lo dejo caer a la altura de los tobillos,…..

-No te das cuenta que yo no puedo hacer esto contigo? Yo no soy el hombre adecuado.

Él cada vez ofrece menos resistencia. Meto mi mano en sus calzoncillos y…. uff ¡ realmente la tiene dura!. Sin dudar un momento saco su polla y la acaricio suavemente; retiro el prepucio hacia atrás y paso mi lengua por su glande, saboreando; la meto en mi boca delicadamente para no dejar de chuparla. Oigo como él suelta un suspiro profundo, lo miro y veo su rostro muy excitado, su respiración se acelera y sus manos cogen suavemente mi cabeza para que mi velocidad aumente.

Yo también estoy muy excitada y con una mano no dejo de acariciar mi sexo, pero no me basta, necesito sentir sus manos, su lengua, necesito su polla dentro de mí, asique me incorporo, cojo sus manos y las acerco a mi sexo.

A partir de aquí ya no hay palabras de rechazo, todo está en silencio, sólo se escuchan mis gemidos mezclados con su respiración profunda. Por fin es mío!, por fin se entrega a mí!.

Siento como sus dedos recorren mis labios, como salen y entran de mi vagina. Que excitación!. El hecho de hacerlo con él, me pone a mil. No es la persona adecuada, ya lo sé, pero eso me da aún más morbo.

Necesito sentir su boca en mi sexo, asique me subo en la mesa, apoyo mis talones en ella y le cojo su cabeza acercándola a mi sexo, invitándole a probarlo; él se queda mirándolo fijamente, sin hacer nada, como si fuera la primera vez que ve el sexo femenino, asique decido abrírselo bien con mis dedos, separando bien mis labios, me inclino hacia atrás sobre la mesa y comienzo a masturbarme yo sola.

Estoy muy excitada y mis caderas empiezan a moverse sin control. Mis gemidos salen de mi boca cada vez más fuertes. Él me mira a la cara, con asombro, como si nunca hubiera visto a una mujer excitada; sé que él también lo está, lo sé porque su mano no deja de acariciar suavemente su pene.

-Fóllame!!. Necesito sentirte dentro!. –Le digo en un tono casi desesperado.

Me inclino hacia delante, cojo su polla y la acerco a mi sexo dejando que roce suavemente mi vagina. Él no hace nada para evitarlo, pero su cabeza gira de un lado a otro en sentido negativo. Rodeo con mis piernas su cintura intentando acercarlo más a mí, e intento meter su polla en mi vagina, él se resiste ligeramente, intenta echarse hacia atrás pero yo con mis piernas lo empujo hacia delante y su polla entra en mí con una fuerte embestida.

Me encanta!, sé que me desea, pero su condición no le permite practicar sexo. Sin embargo sus ojos están llenos de deseo y en su rostro puede verse plasmada la excitación que siente en este momento.

-Vamos! No pares ahora! Muévete!!!!

Casi sin poder evitarlo empieza a moverse lentamente, siento su pene a punto de estallar dentro de mi vagina, el placer me invade, mis caderas no dejan de moverse casi involuntariamente, no tengo control sobre mi y alaridos de placer salen de mi boca; él embiste con fuerza una y otra vez cada vez más rápido, hasta que su musculatura se tensa y un profundo gemido sale de su boca; siento como su semen caliente me llena por dentro.

Uuuffff, ¡ha sido maravilloso!; me incorporo, me aferro a él y un húmedo y largo beso pone fin a mi fantasía hecha realidad.

-No, no, Dios mío, Dios mío, que he hecho, noooo, Señor….-grita nervioso mientras se viste apresuradamente.

Sin decir nada más sale rápidamente de la habitación y yo acabando de abrochar mi vestido salgo detrás de él; lo observo durante un instante y me dirijo a la salida, sin decir palabra, cuando veo que se arrodilla y entrecruzando sus manos en actitud de suplica dice dirigiéndose hacia el Santísimo Cristo del Perdón:

- Señor mío, Dios mío, perdóname, te he traicionado, he traicionado tu confianza en mí, no merezco ser siervo tuyo.
Vivo en una ciudad turística del sur cuyo nombre me callaré por prudencia, y la constructora para la que trabajo obtuvo en concurso una obra en la capital de España. Como ningún supervisor se ofreció voluntario para ir, los jefes optaron porque los dos mas jóvenes nos turnásemos en comisión de servicio por periodos de tres meses. Así que de la noche a la mañana y con harto dolor de Margarita, mi mujer, me vi disfrutando a solas de un apartamento de la empresa en pleno centro de Madrid.

Ya se que esto sería el sueño de cualquier hombre casado, pero no van por ahí los tiros, pues la verdad es que me pasaba el dia en la obra y por la noche no me quedaban ganas de salir a ligar o simplemente para irme de putas. O sea, un asco. El caso es que la empresa había contratado para los técnicos y sus familias una póliza de salud muy buena, en concierto con las mejores clínicas de Madrid, y que contaba con los mas afamados especialistas de España. Y aquí es cuando entra mi cuñada en la historia.

Mary a sus treinta y cinco años es una experta en médicos, o mejor dicho: es hipocondríaca total y donde realmente disfruta es en la consulta de un galeno. Por aquella época se quejaba todo el rato de unas molestias intestinales que, en su imaginación, atribuía a algo mas grave, amargando a toda la familia con sus dolencias ficticias. Mi mujer, harta de la situación, le propuso utilizar su tarjeta de la mutualidad para que la reconocieran haciéndose pasar por ella y aprovechando mi estancia en Madrid.

Dicho y hecho: pedí cita para el especialista y me la dieron para primera hora del jueves de la semana siguiente, quedando en que yo la recogería en la estación del AVE y la llevaría en mi coche al reconocimiento. Me largé de la obra, argumentando que tenía que hacer unas cuantas gestiones burocráticas, y conseguí llegar puntualmente a la estación a pesar de los atascos de tráfico.

¡Mira! Cuando la vi dirigiéndose hacia mi Audi, agitando la mano para saludarme, me pregunté si esa era mi cuñada o una aparición. No parecía para nada enferma. Se había colocado una blusa muy elegante y una faldita negra, cortita y ajustada, que atraía la mirada de los hombres como un imán, pues se pegaba a sus nalgas y a sus caderas como un guante. Dos tios que iban detrás de ella no paraban de mirarle el culo.

Hola Gonzalo (me plantó dos sonoros besos mientras me abrazaba) ¿llevas mucho rato esperándome?

Hola cuñada, acabo de llegar (dije mirándola de arriba abajo golosamente sin poder evitarlo) ¿Cómo te encuentras?

Fatal, el dolorcito en el vientre no se me quita ni con los calmantes que me estoy tomando

Pues venga, dame la maleta y vamos a que te vean

Sostuve la puerta un momento mientras ella subía al coche, mas por verle bien las cachas que por galantería, y me puse al volante. Mi cuñada siempre ha sido mi debilidad. Está buenísima, con esa figura de mujer agil y juvenil, con ese culo y esos pechos no muy grandes que hacen que le caiga bien cualquier vestido que se pone, con esas piernas largas y fuertes y esos taconazos que se gasta. Durante todo el trayecto estuve mas pendiente de sus finas medias que del tráfico, cambiando de marchas constantemente para rozarla con mis nudillos.

Ella, normalmente, deja que la sobe un poco con la mayor naturalidad. En todas las reuniones familiares me saluda con efusivos abrazos, aplastando sus tetas contra mí y besándome a la menor ocasión, además parece divertida cuando me sorprende mirándola con ojos de cordero degollado, embobado con su escote o sus piernas, así que no parecía molesta con mis roces. Es mas, cuando llegamos a la consulta y tomamos asiento en la sala de espera, se pegó a mí como una lapa y no paró de masajearme la rodilla todo el rato.

¿Estás nerviosa cuñada?

Si, bastante nerviosa. ¿tu crees que me pedirán el dni?

Tu tranquila, yo le doy a la enfermera la tarjeta de Marga, y si te pide el dni le digo que me olvidé traerlo y que es culpa mía

Ah oye, otra cosa: si el especialista tiene que reconocerme no pases, que me muero de vergüenza

Vale vale, pero no olvides que tengo que aparentar que soy tu marido. Te lo digo porque tampoco pasa nada porque te vea en ropa interior ¿no?

Uy por dios, que corte. (En ese momento nos llamó la enfermera)

¿Doña Margarita? Pase por favor, don Antonio les espera.

El despacho del médico estaba amueblado a la antigua, presidido por un escritorio con solera. La camilla para los reconocimientos estaba a la vista, sin biombo ni tabique que la ocultara, y esto hizo que instantaneamente fuese consciente de la oportunidad que se me presentaba. ¡De esta no se escapaba Mary! Tanto tiempo soñando con la ocasión de tener un avance con ella y había llegado la hora. Sería muy raro que un especialista en digestivo no le hiciera un reconocimiento a fondo.

Don Antonio resultó ser un hombre maduro y distinguido. Nos saludó muy amablemente y durante un rato estuvo haciéndonos preguntas y escribiendo anotaciones en una ficha. Mi cuñada iba haciendo un relato pormenorizado de todas sus molestias y dolencias mientras el parecía escucharla interesado y paciente. De vez en cuando me miraba y yo asentía con un movimiento de cabeza, haciendo el papelón de marido preocupado. Por fin se levantó y pronunció las palabras que yo llevaba todo el rato queriendo oir:

Por favor, vaya a la camilla y descúbrase. Vamos a hacer una primera exploración

Cortesmente, se giró dándonos la espalda, mientras rebuscaba entre los frascos de una vitrina y se calzaba unos guantes de latex con parsimonia, haciendo tiempo para que ella se desabrochara la blusa y mostrara el bonito sujetador blanco que se había puesto. Sin pensármelo dos veces agarré el móvil y lo escondí en la mano, Mary no se iba a librar de que le hiciera una cuantas fotos para mi uso personal. La auscultó con el fonendo por el pecho y la espalda concienzudamente y luego le pidió que se sentara en la camilla.

Ella mientras tanto se quitó el sujetador y dejó libres dos tetas preciosas, pequeñas y redondas, que hicieron que un cosquilleo familiar empezara a correr desde la base de mis testículos hasta el ombligo, haciéndome temer una erección inoportuna, porque viéndola allí sentada con los pechos al aire y una minifalda que no podía tapar sus braguitas blancas a ver quien era el guapo que resistía. Madre mia, que cuerpazo tiene la tia, pero calma Gonzalo, me dije, esto no ha hecho mas que empezar. Efectivamente, a continuación se quitó la falda y se acostó boca abajo

Don Antonio le bajó las bragas para tomarle la temperatura y descubrió su culito y la rajita del pepe, el cosquilleo de los testículos se convirtió ya en una punzada en el nabo que, comenzó a hincharse. Pero fue cuando ella misma se las quitó del todo y quedó desnuda y tendida boca arriba en la camilla, cuando me empalmé como si fuera un toro en celo. ¡Que culazo y que coño mas bien puesto tiene mi cuñada! pensé mientras sentado en un taburete esperaba las órdenes del médico.

Tenía el bello púbico muy cuidado y recortado pero abundante, además pude comprobar que era rubia natural y que los labios menores le sobresalian un poco, el color era sonrosado y daba sensación de humedad. Con disimulo dirigí el objetivo de la cámara del móvil hacia ella y seguí retratándola para la posteridad.

Si alguna vez hubo en el mundo un voyeur mas feliz, ese fuí yo. En el momento en que mi cuñadita se abrió de piernas para que el doctor la penetrara con sus dedos, exponiendo su vagina a mi vista de pervertido, me quedé sin respiración. Recordé cuantas veces me había pajeado viéndole las bragas en sus descuidos al sentarse, o sus escotes al inclinarse, o esos bikinis que usaba en verano. Eran tantas las veces que había fantaseado con ella, que ahora se me juntaban de golpe todas las emociones reprimidas y me cortaban la respiración como a un mozalbete enamoriscado. Aproveché la ocasión y dispare dos veces mas, y esta vez enfoqué con toda la impunidad del mundo, pues nadie me veía. Ya tenía carnaza para mil pajas mas.

El doctor procedió despues a realizar un palpo rectal, (para ello Mary se tuvo que colocar en pompa) introduciéndole el dedo índice por el esfinter y tanteando dentro de su cavidad anal. Ella no parecía estar pasándolo muy mal, pues su expresión era placentera y sus ojos un poco entrecerrados mantenían la mirada perdida, pero cuando desvió su vista hacia mí y me sorprendió mirándola, se puso colorada como un tomate. La verdad es que era una postura vergonzante para una mujer, máxime con un hombre maduro trasteándole a placer por la entrepierna y su cuñado favorito contemplando la escena embelesado. Yo también hubiera enrojecido.

El pobre don Antonio, viendo la turbación que "mi esposa" demostraba, procuró abreviar el examen todo lo que pudo, pero aún quedaba lo peor. El hombre me miraba de vez en cuando, como pidiéndome perdón, pero eso no me impidió seguir con las fotitos. A continuación le inyectó un enema opaco para verla por la pantalla de rayos. Impregnó con vaselina una cánula, que parecía mas un cipote que otra cosa, y separando bien las nalgas se la introdujo a mi cuñada por el ojete. Hizo un gesto de dolor cuando sintió aquel artilugio entrando dentro de ella, pero luego se relajó al sentir el líquido fluyendo mansamente por su interior, quedando empalada y sumisa sobre la camilla. En fin, una mañana inolvidable.

Cuando salimos de la clínica casi respiré aliviado. Había tenido que anudarme el jersey a la cintura para tapar mi erección y era tanta la excitación que sentía, que mi sistema nervioso pedía a gritos una tregua. Mi cuñada no hacía mas que resoplar, síntoma de que también iba mas alterada de la cuenta, y su sofoco no había cedido aún cuando llegamos al coche. Ninguno de los dos sabíamos que decir, pero cuando me quité el jersey para sentarme sus ojos fueron automáticamente al bulto sospechoso de mi bragueta.

¡Coño Gonzalo, se ve que has disfrutado de lo lindo!

Lo siento, no he podido evitarlo, uno no es de piedra

¿Y tus tejemanejes con el movil? ¿Crees que no me he dado cuenta?......a ver, enséñame las fotos

Pero que fotos ni que fotos, yo no te he hecho ninguna foto

Que me enseñes las fotos ¡leche!

Bueno, joder, cuando lleguemos al apartamento te las enseño, pero ahora vamos a buscar una farmacia

Entramos a comprar el enema que el médico le había recetado, pues al día siguiente tenía que hacerse unas radiografias. Todo el día a dieta blanda y por la noche limpiar el intestino para llegar en ayunas a radiología. Menudo plan tenía mi pobre cuñada por delante. Estuvo sin hablarme durante todo el trayecto hasta mi casa y mientras subíamos en el ascensor ni me miró. Yo intuía que se debatía entre el enfado por el mal rato de la consulta y la satisfacción de comprobar que me había excitado como un borrico viendo su cuerpo. Al final ganó la segunda opción pues cuando despues de colocar sus cosas en el armario y vaciar la maleta me exigió que le enseñara el movil, no pudo contener la risa viendo las fotos de mis pecados.

Que pedazo de sinverguenza estás hecho (su sonrisa contradecía sus palabras de enfado)

Trae, que las voy a borrar. Ha sido una chiquillada y no quiero que te cabrees conmigo (pero ella seguía mirando la pantalla y sonriendo)

Pero que guarros sois los hombres ¿de verdad que te pongo tanto como para hacer esto?

Tu sabes que siempre me has puesto a cien

Anda ten, no hace falta que las borres. Me hace ilusión saber que te la pelas a mi salud

Me devolvió el teléfono a la vez que me echaba de la habitación para cambiarse de ropa y ponerse cómoda. Al rato salió vestida con una batita muy corta que apenas le tapaba los muslos y que en cualquier otra ocasión me hubiera echo babear pero que no me produjo mucho efecto en ese momento, porque acababa de cascármela en el baño. Pasamos el resto del día viendo la tele o leyendo revistas en el saloncito, pues como ella tenía que seguir la dieta no pude invitarla a tomar algo por ahí y eso fue un suplicio para mi. ¿Os imaginais esa mujer sentada en mi sofá, con esa batita y esas piernas al aire, despues de haberla visto desnudita por la mañana? todos los mirones me comprenderán.

Yo espiaba cada movimiento de mi cuñada y cada cambio de postura con el rabillo del ojo y pienso que ella también se había puesto muy caliente con la situación que estábamos viviendo. Digo esto porque fueron muchas las ocasiones en que "descuidadamente" separó las piernas dejándome ver sus braguitas y muchas las veces que se aflojó el cinturón del batín y sus tetas estuvieron a punto de salirse. Ademas cada viaje que hacía a la cocina o al baño fueron acompañados por mi parte, de una apreciativa mirada al contoneo de sus caderas y a las formas de su trasero remarcadas en el tejido de la bata. Eso no había cuerpo humano que lo resistiera, a mi me iba a dar algo.

Después de cenar fue cuando se desató toda la tensión acumulada durante el día. Mary, con el prospecto del enema en las manos empezó a estudiar el modo de empleo y abriendo el paquete depositó todo los accesorios sobre la mesa. Ponía que se debía diluir el producto en agua y verterlo en la bolsa. De ésta salía un tubito terminado en un pitorro que había que introducir por el ano y luego dejar que todo el líquido fuera penetrando en los intestinos. Ah, también se podía calentar un poquito el agua para que no resultara tan desagradable. ¡Genial!

¿Qué me tengo que meter otra vez esto por el culo? (me enseñaba la cánula con incredulidad)

Pues esta mañana no parecías muy molesta

Es que un médico sabe como hacer estas cosas, pero hacerlo una sola……

Mira te metes en la bañera, cuelgas la bolsa de la barra de la cortina, te agachas todo lo que puedas y este tubito te lo introduces por detrás. Solo serán unos minutos. (sopesaba el artilugio en sus manos con aire preocupado)

No voy a poder, es muy complicado ¿a ti te importaría ayudarme con esto?

¡¡¡¡¿Queeee? ¿había oido bien? ¿Mi cuñada me estaba preguntando si me importaría ayudarla a ponerse una lavativa anal? ¿qué si me importaría?!!!!. No podía creérmelo, debía ser un sueño. Me entró un temblor nervioso en las piernas y en las manos y tuve que ejercer todo el autocontrol que pude para no dar un salto de alegría. Sin dejar traslucir mi excitación le respondí con tono casi indiferente

Claro mujer, como no voy a querer ayudarte

¡Que desagradable, por dios! Bueno deja que me lo piense, porque me resulta muy embarazoso

Por supuesto

Fuimos al cuarto de baño, donde preparó todo lo necesario mientras yo la miraba expectante. Diluyó el polvo en agua calentita y colgó la bolsa de la barra de la bañera, comprobando que quedaba muy arriba y la cánula no alcanzaba la altura apropiada. Eso parece que terminó de decidirla, pues si yo sostenía la bolsa todo resultaría mas fácil. Resignadamente me preguntó si podíamos empezar y yo frotándome mentalmente las manos le dije que adelante.

Que sensación de intimidad mas placentera me invadió cuando se despojó del batín y se quedó solo con las braguitas. Allí, los dos solos en el pequeño baño, con ella desnudándose delante de mi. La luz cálida del halógeno le daba un tono dorado a su piel y vi que tenía los pezones erizados. Deslizó por las piernas abajo la única prenda que la protegía de mi satirismo y se descalzó las zapatillas, metiéndose en la bañera completamente desnuda. Por fin la tenía a mi merced.

Se puso de rodillas y se inclinó hasta apoyar la cabeza en las manos, separando mucho los muslos para dejar bien abierto el trasero. Yo, relamiéndome, cogí un tubito de vaselina que tenía en el romy y le pregunté: ¿Te unto con esto para que te entre mejor? y como ella asintió aproveché la ocasión para hacer algo que mi mujer me tiene vetado. Con el índice derecho bien embadurnado fuí engrasando el boquetito. Al principio dibujando circulos alrededor y luego metiéndolo y sacándolo por el esfinter. Como no protestaba pasé la otra mano por debajo y la agarré por la entrepierna, como si lo hiciera para evitar el zarandeo de su cuerpo, pero la mano tonta buscó como por casualidad la convergencia de sus labios, allí donde habita el placer de las mujeres.

- Ay ay ay ay.....Gonzalo....ay ay....no te pases (me lo dijo en un susurro pero de una manera perfectamente audible)

- ¿Te hago daño?

- No, no me haces daño, pero....creo que ya estoy lista.....anda ponme el enema

Todo lo suavemente que pude le enchufé el tubo y levanté la bolsa para que empezara a fluir el líquido. Era bastante, como un litro o así, y percibí que a medida que le iba entrando por el culo, a mi cuñada le iba aumentando también la excitación. Puede ser que la opresión en su interior tuviera algo que ver, o que sintiera placer por exhibirse de esta manera ante un hombre de su familia, pero el caso es que su vagina (perfectamente visible para mi por la postura) comenzó a destilar jugos y a enrojecer. Ademas, si bien al principio se le escapó algun "humm" o "ay" atribuible a molestias por la lavativa, cuando ya estaba acabando eran bastante apreciables sus esfuerzos por reprimir los gemidos y la agitación de su respiración.

- Cuñada ¿que te ocurre, te sientes mal?

- Ayyy...que va chiquillo, no sabes como me estoy poniendo de burra

- Lo que me faltaba a mi es que tu me digas eso

- ¡Ay ay ay ay, que gusto niño! Ni me imaginaba que se pudiera sentir esto por el culo

Yo tenía el miembro como una estaca (imaginaos la situación), mi cuñada abierta de patas, de rodillas y con el coño mojado, gimiendo como una ternera novicia. No lo pensé dos veces y me quité los pantalones y los calzoncillos simultaneamente, entrando en la bañera como un toro. La agarré por las caderas y sin necesidad de apuntar coloqué la punta del nabo en su cálida vagina, y apreté con todas mis ganas. No padezco eyaculación precoz, pero los treinta segundos que tardé en follármela me parecieron una hora, estallé como un cohete, me corrí, exploté dentro de ella.

Fuí rápido en retirarme (afortunadamente), pues Mary al sentirse empalada por sus dos orificios no pudo aguantar mas. Si ya estaba orgasmando cuando yo la penetré, mi corrida fué el detonante y de golpe vació con fuerza su intestino por detrás y su corrida por delante, quedando hecha un asquito. Yo, que no soy muy escrupuloso, con el teléfono de la ducha la limpié y la aseé con todo el cariño del mundo. Fuí todo lo dulce y agradecido que pude cuando la besé y la llevé en brazos hasta su cama. Del resto de la noche no os voy a contar mas (por hoy ha sido suficiente), solo os diré que mi cuñada no ha vuelto a necesitar un médico y que cada vez que coincidimos en una fiesta familiar o en otras circunstancias nos abrazamos de una manera muuuuuuuuy cálida y solo nosotros sabemos porqué.
Autor abe21abe21

Chica joven, bien parecida, autobús lleno de gente. Raro es el día que no me meten mano. Un roce en las tetas, un toqueteo en en culo. Los más osados hasta me arriman la cebolleta, como se dice.

A veces los miro con mala cara, pero generalmente me muevo de sitio. Malditos sobones. Ojalá pudiese ir a la facultad en coche. Así me librará de todos esos tocones. Una vez estuve a punto de darle una bofetada a uno que se pasó más de la cuenta, pero no lo hice, por no armar un espectáculo. Pero un pisotón sí que se llevó.

Cinco días a la semana, dos veces cada día, sufría ese suplicio. La mayoría de la gente son también estudiantes. Pero hay de todo. Y los más sobones suelen ser los tipejos más desagradables. Desde que los veo me intento alejar de ellos. Las raras veces que hay un sitio libre, me lanzo hacia él como si fuera una tabla de salvación.

Aún no sé que me pasó ese día. Era un día normal, como otro cualquiera. Me desperté a mi hora, me duché, un desayuno rapidito y a esperar el autobús.

Como siempre, a rebosar. A empujones me coloqué cerca de una ventana. Repito que aún no sé que me pasó, pero cuando sentí una mano que me rozaba el culo, no hice nada. Seguí mirando por la ventana. Fue un roce de tanteo. Yo era ya una experta en esos roces. Si miraba al tipo ponía cara de haber sido sin querer. Como diciendo que con tanta gente y tantos empujones había sido un accidente.

No lo miré. Un segundo roce de tanteo. Yo seguí mirando por la ventana. El tercer toque yo no era de tanteo. Dejó su mano en mi culo Ahí es cuando yo tenía que echarle una de mis miradas asesinas, o moverme de sitio.

Ese día, me quedé. Ese día no hice nada cuando la mano empezó a acariciar mi culo. Se movía por las nalgas, apretándolas con suavidad. Él se acercó más a mí. Pude oler su perfume.

Sus sobeteos se hicieron más profundos. El pantalón negro que llevaba ese día era de tela fina, así que el podría notar mis pequeñas bragas. Me agarró el culo y sus dedos apretaron justo en medio. Empezó a subir y bajar la mano. Uno de sus dedos recorría la rajita de mi culo, apretando. Rozó mi ojete.

Aquello me estaba gustando. Noté que mi coñito se empezaba a mojar. Joder, un desconocido me estaba metiendo mano en el autobús y me estaba poniendo cachonda. Tenía que haberle parado los pies. En vez de eso, meneé el culito, buscando su dedo.

Su mano lentamente rodeó mi cadera y pasó hacia adelante. Él se pegó a mi. Sentí su polla dura apretarse contra mi culo. El corazón me empezó a latir con fuerza. Los pezones de me pusieron como piedras.

Restregó su dura polla contra mi al tiempo que su mano acariciaba mi pubis sobre el pantalón. Después la bajo y atrapó mi coño con ella. Sus dedos apretaron, haciendo que mi braga se metiera en mi mojada rajita. Sentí mucho placer. Empezó a mover su mano y sus dedos como si me hiciera una paja, pero sobre el pantalón. Era delicioso.

Lástima que llegué a mi parada. La gente empezó a bajar y yo me dirigí a la puerta, sin mirar atrás. No pude resistir la tentación. Cuando salía por la puerta, giré la cabeza y miré en dirección hacia donde yo estaba. Había varios hombre. Ninguno me miraba. Podría ser cualquiera de ellos. Uno era un jovenzuelo. Otro un tipo de mediana edad, con bigote y calvo. Detrás había otro, perno no lo veía bien.

Entré en la facultad y me dirigí rápidamente al baño. Mi coño chorreaba. Necesitaba una buena y relajante paja. Cerré la puerta, me bajé los pantalones hasta la rodilla y allí mismo, de pie, me toqué hasta correrme. Fue un largo y placentero orgasmo.

El resto de la mañana lo pasé nerviosa. ¿Qué pensaría ese hombre de mi? Lo dejé meterme mano a gusto. Me puso cachonda perdida, hasta el punto de tener que masturbarme en uno de los baños.

El viaje de vuelta a casa fue normal. No me sobó nadie. Y si lo hubiesen hecho, me habría movido de sitio. Lo de la mañana sólo había sido un momento de debilidad. Soy una chica decente.

Al día siguiente, estaba agarrada a una de las barras del autobús. Un toque en mi culo. Me moví, molesta. Asquerosos sobones. No fue hasta dos días después hasta que pasó otra vez.

Estaba yo, como casi siempre, de pie, agarrada esta vez a uno de los asientes con una mano y sosteniendo unos libros con a otra. Y entonces lo olí. Era el mismo perfume que la otra vez. Él estaba detrás de mí. Mi corazón se aceleró.

¿Me reconocería? ¿Lo volvería intentar?

La respuesta no tardó en llegar. Su mano se posó en mi culo. Ese día vestía yo una fina falda a medio muslo, y unas preciosas botas.

No fue un toque de tanteo. Dejó la mano. Y yo no hice nada. Bueno, sí que hice. Me empecé a mojar, sobre todo cuando empezó a mover su mano sobre mis nalgas, acariciándolas. Había mucha gente a nuestro alrededor, todos apiñados unos contra otros. Se las arregló para bajar su mano hasta mi muslo, y bajar por la falda hasta rozar mi piel.

Me estremecí. No entendía porque lo dejaba tocarme. Pero lo hice. Le permití acariciar la piel de mi muslo. Se pegó a mí. Volví a sentir su dura polla contra mi culo.

El autobús hizo una parada. Mucha gente se bajó y otra subió, obligándonos a los demás a movernos. Él me guió hacia la ventana, hasta una zona detrás del la última butaca. El autobús en la parte de atrás no tenía sitios para sentarse, sino para ir de pie.

Me encontré pegada a la ventada, en él pegado a mi. Su olor me llenaba los pulmones, y su mano volvió a mi pierna.

Subió lentamente sobre mi falda, por un lado, hasta mi cadera. Pasó, como la otra vez, su mano hacia adelante. Allí, en aquel rincón, nadie nos veía. Nuevamente su mano acarició mi pubis, y nuevamente, bajó hasta atrapar mi coño. Empecé a menear mi culito contra su polla. Mi coñito era un lago, y el apretaba mis bragas contra mi vulva, mojándolas.

Cuando me empecé a excitar de verdad fue cuando su mano empezó a bajar, lentamente, hasta llegar al final de la falda. Sentí las yemas de sus dedos recorrer el dobladillo de la tela, y después, lancé un pequeño suspiro cuando su mano empezó a subir, por dentro de la falda, levantándola al subir. Gracias al sitio, nadie podía ver la operación, pero yo la podía sentir.

La subió lentamente, por la cara interna del muslo. Era suave y cálida. Empecé a respirar más fuerte. Noté que mis mejillas se ponía rojas. Pasaba mi lengua por mis resecos labios. Cuando su mano llegó a mis bragas, cerré los ojos. Sentí como la recorrió. Se dio cuenta de lo mojada que estaba. De lo cachonda que me había puesto.

Su dedos recorrieron la rajita de mi coño, aún sobre las bragas. El placer es muy intenso. No sólo por la caricia en sí, sino por el lugar, un autobús lleno de gente, y por ser un completo desconocido el que ahora subía la mano y la metía por dentro de las bragas.

Sentí sus dedos enredarse en mi vello púbico. En pocos segundos bajaron. Sus dedos recorrieron ahora directamente mi coño. Su dedo corazón bajó por mi raja. mientras que con los otros dos separaba los labios. Aquel hombre era un experto. Movía su dedo con suavidad, arriba y abajo, frotando mi clítoris.

Me iba a hacer correr. Estaba a punto cuando el autobús se paró. Era mi maldita parada. Pero me iba a correr. Mi cuerpo se empezó a tensar. Las puertas del vehículo se abrieron justo cuando mi cuerpo estallaba. Me mordí el labio inferior con fuerza para no gritar. Sus dedos quedaron mojados de mi jugos, y no pararon de frotar durante todo mi largo y extenuante orgasmo.

Las piernas me temblaban. Me tuve que agarrar con fuerza para no caerme. Los libros que llevaba en mi mano casi se me caen al suelo. Tenía los ojos cerrados. Oí las puertas cerrarse y el autobús arrancó. Aún me estaba reponiendo del inmenso placer que él me había dado cuando desapareció. Sacó su mano, se despegó de mí y se separó.

Me bajé en la siguiente parada. Tendría que caminar más de 10 minutos hasta la facultad. Al salir del autobús, lo busqué con la mirada. Nadie me miraba. Nadie excepto un hombre. Tenía los ojos clavados en mi, y una sonrisa en la boca. Tendría sobre 40 años. Normal de aspecto. Bien vestido, afeitado.

Miré como el autobús se marchaba. No sé si era él o no. Podría ser simplemente un mirón. Pero algo me decía que sí era él.

Antes de emprender la caminata me senté en el banco de la parada. Aún tenía escalofríos de placer. Me sentía mojada. Había sido sin duda uno de los mayores orgasmos de mi vida. Cuando me levanté para emprender el camino, un papel cayó de entre las hojas de uno de los libros. Extrañada, me agaché y lo cogí. Era una nota escrita a mano:

"Te espero esta tarde en el cine Paradiso, sala 5. Sesión de las 7".

No me lo podía creer. El muy descarado me citaba en un cine. Por supuesto, me dije que no iría, pero mi coño mojado decía que sí.

Tiré la nota y me dirigí a clase.

Fue una mañana perdida. No estaba concentrada el los profesores. Mi mente estaba en otra parte. Me decía que no podía ir. Que podría ser un psicópata, un asesino, un violador. Por otra parte, me decía que el cine era un sitio público. Si intentaba algo malo podría gritar.

Me decidí. No iría. Me olvidaría de todo el asunto.

A las siete menos cinco estaba comprando una entrada para la sala 5. Era un película iraní.

Con la entrada en la mano y el corazón como loco, miré a mi alrededor, buscándolo. No lo vi. De todas maneras, el tipo que vi al bajar podría no ser él. Estuve a punto de no entrar, de marcharme, pero al final, entré.

La sala era pequeña. Me imagino que ese tipo de películas no atraen a mucho público. Por eso la eligió, imagino. Fui la primera en entrar. Me senté en el centro de la fila, casi al final de la sala.

Cada vez que entraba alguien, lo miraba con atención. Casi todos hombres y algunas parejas. Cuando se apagaron las luces y empezó la proyección, en la sala no habría más de 20 personas. Yo estaba sola en mi fila.

"Joder, Maripuri. ¿Qué coño haces aquí, en un cine, esperando a un posible maníaco? Mejor te levantas y te largas. Aún estás a tiempo."

Pero no me levanté. La película era un verdadero royo, que me perdonen los iraníes. De todas maneras no la miraba. Miraba a los pocos espectadores, esperando a que alguno se levantara y se acercara a mi. Ninguno se movió.

¿Y si todo había sido una broma?

Luz. Se había abierto la puerta de la sala. A luz de la proyección vi como un nuevo espectador se sumaba a nosotros. Empezó a subir las escaleras. A cada paso que daba, mi corazón latía un poco más fuerte.

Subió y subió. Llegó a mi fila. Mi corazón estaba ya desbocado. Empezó a acercarse. Yo no lo miraba, mis ojos estaban fijos en el desierto que se proyectaba en la pantalla. Se sentó a mi lado.

Era él. Su olor era inconfundible. No tardó en poner su mano en mi rodilla. Fue como si una corriente eléctrica recorriera mi cuerpo. Yo miraba la pantalla mientras su mano subía por mi muslo, por debajo de la falda. Abrí las piernas. Yo sabía por qué estábamos los dos allí, así que le facilité las cosas.

Llegó a mi coño. Empapado, palpitante. No se anduvo con rodeos. Metió la mano por debajo y me hizo una maravillosa paja, pasando sus dedos por la raja de mi coño. Llegó incluso a meterlos en mi vagina. Iba de mi clítoris a mi vagina una y otra vez.

Yo tenía mis manos apoyadas en los apoyabrazos. Cuando me corrí las aferré con fuerza mientras estallaba de placer. Intenté no gemir, pero de mi garganta se escapó un suspiro.

Por primera vez, me habló. Acercó su boca a mi oreja y susurró.

-Quítate las bragas.

Su voz era grave y autoritaria. Le obedecí. Levanté el culo de la butaca y me las bajé. Luego la llevé hasta mis tobillos. En la penunbra de la sala vi como acercaba una mano, pidiéndomelas. Se las dio y él se las guardó. como un trofeo.

Me atreví a mirarlo. Era el hombre que me había sonreído por la mañana. Nuestras miradas se encontraron en la semi oscuridad.

Su mano derecha fue hasta mi rodilla. La cogió y me levantó la pierna, poniéndola sobre el apoyabrazos. Me moví hacia adelante, dejando mi culo al borde del asiendo. Estaba casi recostaba. La otra pierna la separé. Estaba totalmente expuesta ante él. La falda se me había subido. El terminó de levantarla. Mi coño desnudo quedó a su alcance. Allí no daba la luz de la pantalla y casi no se veía nada.

Pero se olía. Su perfume se mezcló con el aroma de mi coño. Mi reciente corrida y los jugos que aún fluían hacían que mi sexo oliese. A hembra en celo. Él lo notó.

-Ummmm que bien hueles.

Sentí que metía uno o dos dedos en mi vagina. Y luego, a la luz que se reflejaba desde delante, vi como se los llevaba a la boca, como los lamía y chupaba.

-Y sabes mejor.

Sus dedos volvieron a mi coñito. Mirándome volvió a masturbarme. Fue una paja lenta y muy placentera. Iba de iba de mi pepitilla a mi vagina. Metió dos dedos dentro, y frotó mi clítoris con su pulgar. Me corrí mirando sus ojos. Brillaban a la luz de la pantalla. Y mi cuerpo se tensó sobre el asiento.

No paró. Siguió tocando, acariciando. Yo quería más. Más orgasmos. El tercero no tardó en llegar, haciéndome ver las estrellas. Ese hombre sabía como hacerme vibrar. Mi coño no dejaba de soltar olorosas jugos, que él esparcía con sus dedos.

De repente, algo nuevo. Bajó sus dedos hasta mi culito. Con tantos jugos estaba lubricado, y no le costó introducir un dedo en mi ano. Eso era nuevo para mi. Nuevo y muy...rico. Me folló suavemente con ese dedo. Me dio un suave placer, aumentado cuando llevó la otra mano a mi coño.

El placer fue aumentando, poco a poco. Me mecía en esa butaca, sintiendo sus dedos recorrer mi vulva y también penetrando mi culito. Cuando un segundo dedo acompaño al primero en mi ano, no pude soportar tanto placer y volví a correrme.

-Agggggggg que ...rico.... - le susurré mientras mi cuerpo entero era atravesado por el placer.

Los espasmos de mi orgasmo hacía que mi esfínter apretara más sus dedos, notándolos más. Fue un fuerte orgasmo, que me dejó sin fuerzas. La pierna que tenía sobre el reposa brazos se cayó al suelo. Si no me agarra, me hubiese caído yo también al suelo. Me senté mejor.

Con los ojos entornados, lo miré. ¿Y él? En el autobús me pegó al culo su polla bien dura. Seguro que ahora también la tenía dura. No era justo. Me había hecho correr cuatro veces esa tarde y no me había pedido nada. Alargue la mano más cercana y la llevé a su polla.

Sí la tenía dura. Muy dura. La recorrí sobre el pantalón. Parecía una buena polla.

-Sácamela.

El sonido que hizo su bragueta al bajarle me erizó el vello. Metí la mano. La recorrí sobre el calzoncillo, apretándola. Era gorda, y bastante larga. Más que la del par de jovencitos con los que me había acostado. Se la saqué. Empecé a acariciarla con la mano, arriba y abajo. Me encantó su tacto, caliente suave. Pero no la veía. Estaba muy oscuro.

Me propuse hacerle una buena paja, para devolverle el placer que él me había dado. Empecé lentamente, apretando. Sus ojos, que reflejaban la película iraní, me miraban. Tenía aquella sonrisa que vi esa mañana al bajar del autobús.

Aceleré la mano. Cuando el empezó a gemir me sentí muy bien. Me estaba mojando otra vez. Aquella polla en mi mano me estaba volviendo loquita.

-Ummm que bien lo haces...me vas a hacer correr.

-Tu me has hecho correr a mi hoy cinco veces.

-Pero si me corro así lo voy a manchar todo.

Tenía razón. Si esa polla empezaba a disparar, sus pantalones quedarían hechos un desastre. Una vez le hice una paja a un novio en el coche. Usamos un pañuelo para recoger la corrida.

-¿Tienes un pañuelo?

-Aggg no..no tengo.

-Joder, yo tampoco.

-Tu boca es preciosa.

Me quedé parada. Pretendía correrse en mi boca. Es algo que nunca había hecho. Mamadas sí, pero como preliminares antes de follar. Me había dado mucho placer con sus dedos, pero eso me parecía demasiado. Al fin y al cabo no lo conocía de nada.

-En la boca no.

-Joder, pues no puedo más. Tu manita me tiene a punto.

-Acercate al borde del asiento.

Lo hizo, y abrió las piernas. Apunté la polla hacia adelante y se la casqué con más fuerza.

Se corrió. Uf, vaya corrida. El primer chorro pasó por encima de la butaca de delante. Menos mal que no había nadie. Bajé un poco la polla y los siguientes se estrellaron contra el respaldo y finalmente, cayeron en el suelo. El no dejó de dar apagados gruñiditos de placer con cada chorro. El olor del su semen se mezcló con el de mi coño.

Seguí un rato más acariciando su polla, que perdió un poco de su dureza tras su tremendo orgasmo.

-¿Te ha gustado?

-Ya lo creo, preciosa. ¿Nos vamos?

Se guardó la polla en los pantalones y se levantó. Lo seguí. A pesar de todo lo que había pasado entre nosotros casi no conocía su aspecto. Cuando salimos de la sala, al fin pude verle bien. Era un tipo normal, ni guapo ni feo. Sus ojos sí que eran muy bonitos, entre marrón claro y verdes. Me miraba. Me sentí un poco cohibida. Me acabada de hacer correr 4 veces y yo una a él y ahora me sentía cohibida.

-¿Quieres tomar algo? - me preguntó.

-Vale.

Fuimos a una cafetería cercana. Pedimos unos refrescos.

-¿Cómo te llamas?

-María. ¿Y tú?

-Carlos.

-Así que te dedicas a meterle mano a las chicas en el autobús.

-Jajaja. No creas.

-¿No? Venga hombre. Dime ahora que yo he sido la primera.

-La primera que se deja.

Mierda. Me pude roja, como una niña.

-No creas que soy una zorra que se deja meter mano por el primero que pasa

-No creo eso.

-Es la primera vez que...me pasa esto.

-¿Te arrepientes?

-No.

-Ni yo. Oye María...

-Dime

-¿Sabes que me gustaría?

Mi corazón se aceleró. Me imaginé que ir de compras no sería.

-¿Qué?

-Comerte el coño. Es mi especialidad.

-Joder, Carlos. Eres directo, ¿eh?

-Jajaja. Para que andarnos con rodeos.

Era un descarado, pero me gustó que fuera así. Y a mi chochito también. Se mojó.

-¿Cuándo?

-Ahora. Me encantó como sabía. Muero de ganas por pasar mi lengua por esa jugosa rajita que tienes

-Me estás calentando, bribón.

-Esa es mi intención, preciosa.

-¿Tan bueno eres?

-Ya lo comprobarás.

-¿A donde me llevarás?

-A mi casa no puedo. Está mi mujer.

-¿Eres casado?

-Sí.

-Coño.

-Jajajaja. ¿Te importa?

-Ummmm pues...no, la verdad.

-Vamos a mi coche. Iremos a un sitio tranquilo.

-¿Tienes coche?

-Claro

-¿Y entonces por que coges el autobús?

-Pues...para meterte mano.

-Jajajaja. Eres un pervertidillo, según veo.

-No creas. Soy un tipo normal.

Pagó los refrescos y nos dirigimos al parking. Tenía un buen coche. Me abrió la puerta y subí. Arrancó y salimos a la calle.

-Ahora es cuando me das un golpe, me violas y me cortas el cuello, ¿No?

-Ummmm has visto muchas películas. No soy nada violento. No le haría daño a ni a una mosca.

-Espero no aparecer en el periódico.

-Tranquila. Te aseguro que soy un buen tío.

-Sí sí, que le pone los cuernos a su mujer y se dedica a meterle mano a las jovencitas.

-Coño, visto así hasta me doy miedo a mi mismo! Jajajaja.

Me reí también.

"Estás loca de remate, Maripuri. Aún estás a tiempo de salir corriendo".

En vez de salir corriendo, abrí las piernas cuando el metió su mano por debajo de mi falda. Cuando llegó a mi coño, lo encontró mojadito y babosito. Lo recorrió con sus dedos, haciéndome gemir.

Estaba claro que estaba loca. Una chica en su sano juicio no habría subido a ese coche. Bueno, ni siquiera hubiese ido al cine.

De repente, dio un frenazo y aparcó a un lado.

-Joder, que suerte. Espera un momento.

Salió del coche. No sabía a donde diablos iba. Lo seguí con la mirada y vi como entraba en una farmacia. Al poco salió con una bolsita. Entró al coche y arrancó, dejando la bolsa sobre el salpicadero. Dentro había una caja de condones.

-Oye, no habíamos hablado de follar.

-María, está claro que te voy a follar.

-Pues no lo tengo yo tan claro, Carlitos.

-¿Quieres que saque la navaja?

Di un respingo y casi doy con mi cabeza contra el techo del coche.

-Jajajaja. Que es broma, tonta. Soy un caballero, créeme. No pasará nada que no quieras que pase, eso te lo puedo asegurar.

-Cabrito. Casi se me sale el corazón por la boca.

Seguimos el camino. No sé a donde me llevaba. Salimos de la ciudad y se metió por una carretera oscura. Debería haberme asustado, pero no sé porqué, confiaba en él. No parecía un psicópata Aunque los peores son esos, los que no lo parecen.

Se metió por un camino de tierra y paró en un sitio oscuro. No se veían casas alrededor. Era el picadero perfecto.

-¿A cuántas has traído aquí?

-No son tantas. A la mayoría las tengo enterradas por los alrededores.

-Capullo.

-Jajajaja.

Abrió la puerta y se bajó. Vino hacia mi lado y abrió. Me tendió la mano y me ayudó a salir. Pasamos a los asientos de atrás.

Estaba oscuro, como en el cine. Pero ahora estábamos solos. Ahora estaba en sus manos.

-Llevaba varios días mirándote en el autobús. Incluso te rocé un par de veces, pero siempre te movías.

-Es que me tienen frita todos esos sobones.

-El día que no te moviste no me lo podía creer. Lástima que llevaras pantalones.

-Me pusiste muy cachonda ese día.

Sentí su mano empezar a acariciar mi rodilla, subir lentamente por mi muslo, meterse bajo la falda.

-¿Sí?

-Sí..cuando me bajé del autobús fui corriendo al baño.

-¿Te tocaste por mi?

Su mano llegó a mi coño. Con delicadeza pasó un dedo a lo largo largo.

-Ummm, sí, me toqué por ti.

Se acercó más a mi. Por primera vez sus labios rozaron mi piel. Fue un suave beso en mi mejilla. Su aliento era fresco. Me estremecí y giré la cabeza hacia él.

No era la primera vez que me besaban. Pero lo pareció. Ese hombre tenía algo que me hacía sentir diferente en sus manos. Sus labios se rozaron con los míos, casi sin rozarlos, hasta que nos fundimos en un largo beso. Sin dejar de acariciar mi coñito. Su lengua en mi boca me hizo temblar de deseo.

Se separó, dejándome con la boca entreabierta, anhelante de más caricias, de más besos. Con suavidad me echó hacia atrás, haciéndome apoyar contra la puerta del coche. Con sus manos separó mis piernas, subió mi falda y se agachó. Sentí sus labios en una de mis rodillas. Me recorrieron escalofríos de placer. Algo húmedo y caliente empezó a acercarse a mi coñito. Me besaba y lamía cada centímetro de piel.

Una vez me comieron el coño. Cuando su lengua recorrió mi húmeda rajita, me di cuenta que lo de aquella vez fue una simple caricia con lengua. Ahora supe de verdad el placer de que un hombre te haga el amor con su lengua. Estaba oscuro, pero aún así cerré los ojos. Aquella maravillosa lengua acariciaba cada pliegue de mi sexo lentamente. Sentía también su cálido aliento, que aumentaba el placer que recorría todo mi cuerpo.

Mis flujos o dejaban de manar. Y él los recogía con su lengua. De vez en cuando besaba mis ingles, una a una, para volver otra vez a mis labios. Pero evitaba tocar mi clítoris. Cada vez que su lengua llegaba cerca lo rodeaba, lo sorteaba. Yo levantaba mis caderas intentando llevarlo hasta su boca, pero no lo conseguía. El placer subía y subía, pero no estallaba. Se acumulaba. Era como una presa a punto de reventar. Mis manos fueron a su cabeza para apretarlo contra mí.

Cuando sus labios por fin atraparon mi inflamado clítoris entre ellos y su lengua le dio suaves golpecitos, la presa reventó. El orgasmo que atravesó mi cuerpo fue tan intenso, mis músculos se tensaron de tal manera que llegaron a dolerme. Me quedé sin respiración, con el culo levantado del asiento. A los pocos segundos el aire llenó mis pulmones y pude gritar, recorrida por espasmos de placer, restregando mi coño por su cara, llenándosela de mis caldos.

Jamás había sentido nada así. Me había dicho que era su especialidad. Y tenía razón. No fue sólo lo bien que lo había hecho. Fue lo que hizo después. Mi orgasmo había sido tan fuerte que toda mi vulva había quedado muy sensible. Un simple roce casi me dolía. Él lo sabía y por eso dejó de lamerme, pero no de estimularme. Se dedicó a besar mis ingles, la cara interna de mis muslos, a echar su cálido aliento sobre mis labios. Consiguió que la sensibilidad desapareciera poco a poco, pero no la excitación.

Los besos se acercaron poco a poco otra vez a mi rajita. Me dio un lametón de tanteo. Gemí de placer, pero no aparté su cabeza.

Todo volvió a empezar. Su maravillosa lengua, ayudada ahora por sus dedos, me llevaron lentamente a un nuevo orgasmo, tan arrollador y placentero como el primero. Esta vez si pude gritar mi placer. El dejó de lamerme.

-¿Te gusta?

-Agggg Carlos, me vas a matar de tanto placer... Para ya...no puedo más

-Claro que puedes más.

Tenía razón. Si hubiese seguido seguramente me hubiese hecho correr una y otra vez, pero yo ya estaba más que satisfecha, así que con suavidad aparté su cabeza de entre mis piernas y me incorporé. En seguida me besó la boca. Olía y sabía terriblemente a mi coño, pero no me importó. Lo besé con pasión.

Sentí contra mi muslo la dureza de su polla. Llevé una mano y agarré sobre el pantalón. Le bajé la cremallera y se la saqué. Caliente, dura. Su punta estaba mojada.

-María...Te deseo...déjame follarte.

Si algún hombre se merecía follarme bien follada era, sin duda, ese hombre. Pero estaba agotada, echa polvo. Me sentí un poco mal, pero de verdad que no podía más.

-Carlos...de verdad que te mereces eso y más, pero estoy agotada. No puedo con mi alma.

-¿Y me vas a dejar así?

-¿Te hago una paja?

-Con la boca.

Era justo. El me había comido el coño maravillosamente. Qué menos que devolverle un poco de ese placer. Sé que no estaría a su altura. Mi experiencia chupando pollas era muy escasa, pero iba a poner toda mi voluntad.

Agaché mi cabeza hasta que la punta de su polla rozó mis labios. Apenas la veía, pero la sentía, la olía y la saboreaba. Le pasé la lengua alrededor de la punta. El sabor del líquido que rezumaba llenó mi boca. No era desagradable.

Puso sus manos sobre mi cabeza, pero no apretó como hacían los otros a los que se las había chupado. Sólo me acarició con suavidad. No me sentí forzada, así que pude disfrutar de la sensación que su polla producía en mi boca. Y me gustó. Yo llevaba el ritmo. Cuando él empezó a gemir, me hizo sentir orgullosa. Sólo podía meterme media polla en la boca. Era muy gorda para mi. Me estaba encantando hacerle aquella mamada.

Cerré los ojos y disfruté de las sensaciones, de sus caricias en mi cabello, de sus gemidos.

-Ummmm María...que rico....me encanta tu boquita, tan caliente y húmeda.

Eso me subió la autoestima. Quería demostrarle que no sólo él podía matarme de placer. Que yo también era capaz de darlo. Me ayudé de una mano. Subía y bajaba mi boca a lo largo de la polla, seguida de mi mano. Él empezó a moverse, a gemir más fuerte.

Y una vez más me demostró que era un caballero. En el cine le había dicho que en la boca no. Nunca había permitido a nadie correrse en mi boca.

-Aggg María..estoy a punto de correrme....sigue con...la ...mano...

Seguí, pero con la boca. Sabía que se iba a correr, que su espeso semen me iba a llenar la boca, pero seguí mamando. Empezó a temblar, su polla se puso rígida y un potente chorro se estrelló en mi paladar, para luego repartirse por mi lengua. Fue seguido de varios más. La boca se me fue llenando. No había espacio para su leche y su polla. Cuando yo me había corrido en su boca, el no había escupido. Se había bebido todo lo que yo le dí.

Hice lo mismo. Me tragué su caliente semen. Sentí como bajaba por mi garganta. Seguía corriéndose, gimiendo de placer. Y yo seguí tragando. Mi boca se llenó de sus sabor. No era un sabor agradable, pero tampoco era asqueroso. Aún así, lo trague con gusto, porque sabía que él estaba disfrutándolo.

Su polla dejó lanzarme leche. Yo seguí chupando, ahora más despacito. Oía su respiración, agitada. Se la lamí con cariño, para dejársela limpita de todo rastro de semen. Le di un último beso en la punta antes de levantar la cabeza.

Me besó, con mucha dulzura.

-¿Lo he hecho bien?

-¿Bien? Ha sido la mejor mamada de mi vida.

-No exageres.

-No exagero. Creí que me ibas a vaciar todo.

Apoyé mi cabeza en su pecho. Me estuvo acariciando largo rato. Me olvidé de todo, hasta que al rato me di cuenta de que era tarde.

-Es muy tarde. Mis padres se van a preocupar.

-Te llevo a casa.

-Gracias.

Durante el camino de regreso casi no hablamos. Pero él no dejaba de mirarme. Me dejó en la puerta de mi edificio. Antes de bajarme, le di un beso en la boca. Luego salí corriendo.

Mientras subía en el ascensor, pensé en todo lo ocurrido. Me reí yo sola cuando me di cuenta de que no llevaba bragas. Se las llevó como un trofeo.

A mi madre le dije que me había entretenido con las amigas y que se me había ido el santo al cielo.

-Joder, niña. Hace años que existen los móviles.

-Lo siento mami.

Más tarde, acurrucada en mi cama repasé todos los acontecimientos de ese día. Me dije que esta loca por lo que había hecho. Ir al encuentro de un desconocido. Primero a un sitio público. Mal, pero podría haber salido corriendo si pasaba algo raro. Pero después me subí a su coche y fui con él a un descampado. Por menos de eso los americanos hacen una película de terror.

Pero no me arrepiento. No había gozado tanto en mi vida. Y Carlos eran un buen tipo.

Me dormí con una sonrisa en los labios.

Al día siguiente, lo busqué en el autobús. Pero no lo vi. Me sentí triste. No sabía donde vivía. Ni su teléfono. Sólo su nombre.

Tampoco apareció al día siguiente, ni al otro. Llegó el fin de semana, y nada.

El lunes, ya no lo busqué. Me dije que sólo fue algo maravilloso que me pasó, algo para recordar.


Me tocaron el culo. Iba a darme la vuelta para echarle al tocón una mirada asesina cuando hasta mi nariz llegó su olor. Era Carlos. El corazón se me aceleró. Mi cuerpo empezó a temblar de emoción.

Su mano, su maravillosa mano acarició sabiamente mi culito. Poco a poco nos acercamos a nuestro rincón, en donde sus caricias se intensificaron. Sentí su dura polla pegarse a mi culo, su aliento en mi cuello, y su mano posarse sobre mi coño. Apretó un dedo sobre mi raja, metiendo la braga entre mis ya empapados labios. Yo meneé mi culito, dándole la bienvenida.

Ese día desgraciadamente llevaba pantalones, así que su mano no pudo tocarme directamente como el otro día. Pero me puso muy cachonda. Mucho.

El autobús paró. Era mi punto de bajada. Ya había hecho una locura por él. Ahora iba a hacer otra.

Me di la vuelta. Nuestras miradas se encontraron. Acerqué mi boca a su oreja y le susurré:

-Si quieres follarme, sígueme.

Salí del autobús. Sabía que pocos pasos por detrás de mi el me seguía. Entre tanta gente pasamos desapercibidos. Me dirigí a la segunda planta, en donde estaban los alumnos de los cursos superiores, que eran menos, por lo que allí había mucha menos gente. Me metí en uno de los baños comprobando que nadie miraba. Oí sus pasos tras de mi.

Me había dicho que su especialidad era comerme el coño, pero su manera de follar no tenía nada que envidiarle. Me echó los dos mejores polvos de mi vida. Al menos hasta ese momento.

Después, han venido muchos más. Casi siempre en sitios en donde nos pueden pillar. Es el mejor amante que he tenido y sin duda el mejor que tendré.

Todavía me sigue metiendo mano en el autobús. Ahora siempre voy con falda para que me pueda tocar a fondo. Más de una vez me he pasado de parada.

Pero el gustazo no me lo quita nadie

FIN

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Hola, mi nombre es Jorge, no es real por supuesto y aunque suena un tópico, lo que os relatare y en sucesivos relatos, son reales, no hace falta que me crean aunque espero que les resulten entretenidos, evidentemente he cambiado nombre y omitiré decir ciudad y lugares en concreto. Lo que os contare hoy es en parte visto y contado por la protagonista en persona tras diversos interrogatorios (agradables claro jeje). Todos estos relatos se podrían catalogar como infidelidad, no consentido y amor filial, y seguro que algo de dominación y fetichismos, intentare encuadrarlos en donde mejor corresponda.

Para empezar deciros que mi madre se llama Lara, mide aproximadamente un metro setenta y cinco, es morena y su figura es atlética sin necesidad de ir a gimnasios, lo que hace que sea la envidia de algunas vecinas y la fantasía de muchos vecinos, que decir que sus pechos sin llegar a ser grandes son bastante apetecibles, todo esto para una mujer de 40 años, que es en el momento en el que sucede todo esto.

Desde que era joven siempre me he sentido atraído por las mujeres maduras, y supongo que todo es a raíz de mi referencia mas cercana, mi madre Lara, que desde siempre ha vestido de forma muy elegante y coqueta, sin tapujos para mostrar su bella figura a la gente, a pesar de ser mujer casada y con hijo. Eso añadido a la explosión de hormonas y que ella anduviera por casa desnuda delante mío no ayudaba mucho hasta que tuve la certeza de que tendría que acabar poniéndola a cuatro patas y montarla como a la yegua caliente que descubrí mas adelante que era.

Cuando yo ya contaba con 20 años después de muchos espiando a mi madre a escondidas, sacarle fotos y fantasear con ella, ya casi lo daba todo por perdido, hasta que un día que salía de clases mas temprano de lo habitual, llegue a casa sin hacer mucho ruido, aunque hubiera dado igual pro los ruidos que oía en mi propia casa, tenso y nervioso al reconocer la voz de mi madre me dirigí rápidamente pero con cuidado hacia el origen del alboroto, lentamente ahora y con un extraño presentimiento me acerque sigilosamente a la habitación de mis padres con la puerta entreabierta y me asome... lo que vi y lo que sucedió previamente contado pro mi madre os lo relatare ahora mismo.





Lara como todos los días después de sacar a la mascota a pasear, se arregló para salir de compras, como todas las mañanas sus tacones altos. Falda corta, blusa ajustada y escotada. A ella siempre la ha gustado provocar y últimamente con su marido no ha tenido mucho sexo, por lo que diversas ideas la cruzaban pro la mente cada vez que se cruzaba con un vecino o algún joven atractivo, también en su mente ha cruzado la idea el cuerpo de su hijo al que mas de una vez lo ha visto desnudo en la ducha y que sin tener un cuerpo escultural, ha heredado de ella su capacidad de mantenerse en forma sin muchos esfuerzos, ya que concentrado en los estudios poco tiempo para deportes tenia, ella sabia muy bien que su hijo la miraba desde hace tiempo de otra manera, y sabia que la había fotografiado mientras fingía estar dormida, lejos de enfadarse la hizo sentir alagada y excitada. Tras pensarlo detenidamente este día decidió salir al mercado sin uno de sus tangas, aunque los que tenia era diminutos como si no llevara nada, la sensación de no llevar nada debajo la hizo bullir en su interior, además pensó que siendo verano una prenda menos la haría pasar menos calor, aunque el calor que sentía no era externo.

No les aburriré con los detalles de ir al mercado, la pescadería etc, solo que cada vez que se cruzaba con algún vecino o amigo se sentía muy caliente ante la perspectiva de ser pillada, si una ráfaga de viento la levantaba un poco la falda, con esa calentura, respiración agitada y varias pesadas bolsas que sujetaba cansadamente, la hacia sentir bien húmeda en todo su cuerpo. Ya de camino a casa a lo lejos pude ver un grupo de muchachos sentados en la fresca sombra del portal, las clases en aquel momento no habían terminado por lo que sin duda eran un grupito de muchachos de no muy buena fama, por lo que llego a adivinar mientras mas se acercaba a ellos por su forma de hablar y vestir.

Situándose entre ellos, dejo las bolsas en el suelo, ellos estaban sentados a ambos lados y sintió rápidamente las miradas lascivas de ellos. Lara mientras rebuscaba entre su bolso las llaves, algo ya nerviosa y extrañamente muy excitada, la gustaba que la miraran pero esa panda de rufianes se la estaba comiendo con los ojos y lanzando obscenos piropos del tipo "que culito mas rico tienes" o "ya te haría sudar yo", hacia oídos sordos pero su vagina prácticamente chorreaba de excitación, nunca había pensado en serle infiel a su marido, pero las semanas sin sexo acumulado y su afición a ser observada produjo en ella unas ganas terribles de ser penetrada. Con apenas el rabillo del ojo pudo observar como uno de los chicos miraba debajo de su falda lo que rápidamente fue a decírselo al que parecía el jefe de la pandilla, un chico mas mayor que ellos, se oyeron murmullos a su alrededor cuando por fin Lara encontró las llaves, las saco y se puso a abrir la puerta.

- ¿Quiere que la ayudemos a subir las bolsas? - la pregunto el líder del grupo mientras se A

A Lara le pillo por sorpresa ese cambio de actitud mas educado, y no mas el hecho de que estuviera casi rozándola el cuerpo a su espalda. Meditando unos segundos pensó que las bolsas pesaban demasiado, sobretodo para subir a un cuarto sin ascensor, el último piso y pensaba que eran los típicos chavales que mucho hablan y después se acobardaban.

- Eres muy amable, pero es un cuarto piso a donde voy.

- No nos importa, ¿verdad chicos? - su pandilla coreo a unísono.

- Bueno pues muchas gracias.

Rápidamente todos se levantaron, eran cinco bolsas para cinco chicos, lo que resultaba ideal. Abriendo la puerta del portal ella lo cruzo seguido de su particular grupo de porteadores, su aspecto era de lo más variopinto, el más joven tendría unos catorce años, y el mayor ya debía tener los dieciocho o diecinueve, vestían con pantalones cortos algo sucios tanto como sus camisetas.

Lara en ese momento subía la primera las escaleras, y no la importo darles un pequeño espectáculo de piernas y de vez en cuando de su trasero debajo de la falda, la idea de que la estaban mirando la humedeció más todavía y pensó que ya que cargaban con sus pesadas bolsas podría darles ese capricho.

Al llegar al último piso, Lara les agradeció la ayuda y se dispuso a abrir la puerta cuando sintió una mano en su cuello y como un cuerpo la atrapaba contra la puerta todavía cerrada, sentía el desagradable aliento del jefe de la pandilla cerca.

- ¿Un gracias y ya esta? ¿no nos vas a invitar a tu casa y agradecernos la ayuda?

Lara ahora aterrorizada no sabia que hacer, su juego de seducir y marcharse no había resultado como había pensado, y ahora se encontraba en una situación muy precaria.

De repente sintió una mano entrar por debajo de su falda y con excesiva facilidad la metió los dedos en su húmeda vagina.

- Menuda puta que eres saliendo a la calle sin bragas y mostrándoselo a menores. Nos vas a dejar entrar o no.

No sabia ella que esa pregunta iba con segundas, y lo mas fácil que podía haber hecho era gritar y que los vecinos alarmados salieran a ayudarla, pero su cuerpo no decía lo mismo, al sentir como la penetraba esos dedos una oleada de placer la recorrió todo el cuerpo y su mente se lleno de imágenes de sexo desenfrenado, la rudeza con la que la hablaba la calentaba mas y en lugar de evitar esa situación lo que hizo fue soltar un pequeño gemido y girar la llave para abrir la puerta.

Todos entraron detrás de ella, Lara casi jadeaba, su corazón iba a mil por hora por la situación, un grupo de desconocidos casi todos menores, con ganas de hacer quien sabe que con ella en su propia casa. Por extraño que parezca no dejaron la compra en cualquier lugar si no que fuero a la cocina y lo dejaron bien colocado sobre la mesa, para luego centrar su atención en ella. Dos de ellos que no llegaban tener diecisiete años la empezaron a masajear el culo.

- Bueno, ahora tenemos que cobrar el servicio, donde quieres que te follemos. -dijo el mayor.

Por lo general alguien tan directo y con una actitud tan arrogante y despreciativa la haría hervir de furia, pero en ese momento hervía por otras razones, sin dudarlo mas se dirigió al dormitorio. Al momento la rodearon y medio cerraron al puerta como si ahora quisieran algo de intimidad, multitud de manos tocaban su cuerpo y la hicieron gemir, su vagina fue el principal objetivo de su atención, manipulándolo abriéndolo y estirando sus labios vaginales, lentamente la fueron quitando la ropa, ella se dejaba hacer dócilmente como una esclava con sus amos, al quedar completamente desnuda no tardaron en halagarla y decir lo buena que estaba y mientras la penetraban con dedos todos sus orificios otros la masajeaban sus pechos o directamente ya se lo lamían. Lara con los ojos cerrados disfrutaba con cada caricia, aunque muchas de ellas algo brutas, como cuando la intentaron penetrar su ano con los dedos sin lubricar con nada, o cuando la metían los dedos en la boca hasta provocarla la arcada. Pero ella lo disfrutaba con gemidos y acariciando a su amantes,

A estas alturas ya todos se habían desnudado, la variedad de penes era igual que la de cuerpos que la rodeaban, ella siempre había sentido excitación por los penes largo y duros, pero la colección que tenia delante la volvió loca, el mas joven de todos, el de catorce, con su edad tenia un pene normalillo, los dos chicos que la tocaron el culo en el pasillo tenían ya unos rabos de adulto, aunque no eran precisamente de gran tamaño eran muy parecido al de su marido. Otro de los jóvenes era bastante obeso, con una prominente barriga pero que a pesar de ella podía ver su pene semierecto, que para su sorpresa era el mas largo hasta ahora de todos y con un grosor considerable. Girando lentamente vio la "herramienta" del líder de la manada, Creía que el pene del gordo era el mas largo pero este era algo animal, un rabo de algo mas de veinte centímetros, musculado y con gruesas venas como cables rodeándolo, rematado en un grueso glande brillante, ya estaba erecto y palpitante lo que hizo enloquecer a Lara, en el fondo ella pensó desde el principio que debía de ser medio marroquí o algo pro su tez morena y su forma de hablar.

Inconscientemente se arrodillo delante de todos ellos y con sus finos dedos empezó a masturbarles alternando mientras la rodeaban con sus pollas.

- Vamos zorra, usa esa linda boca que tienes. - dijo uno de ellos.

Desde el principio se dio cuenta que no eran muy aficionados a las duchas y su olor a suciedad, sudor y semen seco lejos de provocarla repulsión la atrajo mas como si fuera una hembra atraída por el olor a macho, abrió su boca con sus labios maquillados y se engullo primero la del jefe, el cual rápido la agarro de la cabeza para intensificar la mamada y provocando obscenas aclamaciones. Nunca había mamado una polla, ni siquiera a su marido, pero tras ver varias películas a escondidas en el ordenador de su hijo mas o menos sabia como se hacia. Metía todo el pene hasta tocar la campanilla, y luego con su lengua masajeaba todo su tronco hasta volver a sacarla y chupetear el glande a la vez que masturbaba y masajeaba huevos, y por los gemidos y palabras del macho que tenia delante no parecía hacerlo mal. Fue alternando pollas en su boca para mantener contentos a los demás, la que mas le costo fue con el chico gordo ya que su grosor la hacia casi imposible metérsela entera, y especial morbo le dio cuado llego el turno al chico de catorce con su cara aniñada dándola embestidas en su boca desesperado. No tardo en saborear sus líquidos preseminales y llego un momento en que entre todos la alzaron y la tumbaron sobre la cama.

Lara supo que llego la hora de que la follaran, algo que no la disgusto lo mas mínimo ya que durante las mamadas, ella se estuvo masturbando alternando entre acariciar pollas y acariciar su clítoris. Regueros de fluidos empapaban sus piernas y como adivino, el honor de meterla primero le correspondía al mayor del grupo. Sin perder tiempo se coloco sobre ella, con su pene apuntándola amenazadoramente, ella abrió los brazos dándole la bienvenida y la penetro salvajemente como correspondía a un tipo con ese aspecto. Su pene salía y entraba con suma facilidad, mientras ella gritaba y gemía sin preocuparse de que los vecinos pudieran oírla. El cuerpo del muchacho se movía de maravilla sobre ella, sus músculos color canela marcados le daba un toque exótico, mientras el la insultaba y la morreaba o mordía sus pechos.

- Menudo pedazo e zorra eres, te gusta follarte a menores ¿eh? que dirá tu marido con los cuernos que le estas poniendo, todas sois unas putas calentonas.

Lara solo jadeaba y saboreaba la saliva de el, le rodeo la cintura con sus piernas, que por alguna razón todavía seguía llevando los tacones en sus pies, y vio como el resto de la pandilla los observaban y masturbaban su alrededor, extendió sus manos para acariciar sus pollas y vio como uno de ellos lo grababa todo en video con su móvil, aquello fue la gota que colmo el vaso y pensar que los amigos de ellos verían como se la follan o que incluso lo pondrían en alguna pagina web la provoco un orgasmo que no había tenido en años de matrimonio. Empezó a contorsionarse y tener espasmos mientras emitía ruidos como si se estuviera asfixiando, el orgasmo no terminaba ya que su vagina seguía siendo taladrada de forma brutal haciéndola gritar como si la estuvieran desgarrando viva. Mientras el seguía empujando y entre los alaridos de ella y la vagina contrayéndose masajeando mas su pene no pudo evitar correrse dentro de ella mientras golpeaba su útero y llenándolo de su espeso semen.

Ella sintió perfectamente entre los segundos de intenso placer que le provoco el orgasmo, como se estaba corriendo dentro, sabia perfectamente que todavía podía quedar embarazada pero no hizo ningún movimiento para detenerlo, esa sensación fue la mejor de todas, que un jovencito, desconocido, de mala vida la pudiera haber dejado embarazada.

- Genial, a esta puta la encanta que la llenen, venga chicos toda vuestra. - dijo su jefe resollando por el esfuerzo, mientras cogia la cámara digital que otro de sus compañeros había sacado y continuaba la grabación.

Su lugar lo ocupo el chico gordo, y en lugar de subirse sobre ella la dio media vuelta poniéndola a cuatro patas, Luego se acomodo entre sus nalgas y Lara noto la enorme barriga de el situarse encima de su duro traserito, y el glande pinchar en su vagina intentando meterla, lo cual ella lo ayudo agarrándole la polla desde abajo y enfilándola hacia su entrada. No dudo un momento en penetrarla, si con el anterior sentía como llegaba hasta su útero con este su vagina se tubo que dilatar al máximo, haciéndola soltar quejidos que rápidamente se convirtiendo en gemidos.

Sus embestidas no eran rápidas pero si mas duras, lo que la hacia dar gritos cada vez que empujaba con todo su peso, sus huevos de toro chocaban contra su delicada piel mientras el la agarraba del pelo tirando hacia atrás, momento en el que uno de los chicos, que también captaba en imágenes la escena aprovecho para meter su pene en la boca de la vapuleada madre, lo que le ofreció un excelente plano en primera persona de la mamada.

Pronto llegaron los azotes y pellizcos en los pezones ya que no desaprovecharon la oportunidad de tratarla así mientras ella se dejaba hacer dócilmente. Sus gemidos ahogados por la polla del muchacho en su boca se hicieron mas intensos al tener otros dos orgasmos, hasta que el tipo gordo se corrió también dentro de ella. El dejo su cuerpo sudoroso recostado sobre la espalda de ella mientras recuperaba el aliento y luego se separo. El chico al que estaba chupando la polla se coloco debajo de ella y el otro que faltaba detrás, no adivino que la harían hasta que noto los escupitajos del otro sobre su ano, y mientras el de abajo la penetraba sintió como la invadía con dedos su otra entrada. La sensación fue dolorosa para ella y placentera para el grupo que lo observaba con sadismo, hasta que considero su intruso que ya lo tenía lo bastante dilatado y forzó su pene para penetrarla. Ella se quejo y lloro mientras la violaban, por primera vez se resistió y los otros acudieron a sujetarla, hasta que se la metieron hasta el fondo los dos, y ella solo hacia que agitarse y sollozar, pero el intenso dolor se fue convirtiendo en cosquilleo y luego en placer, disfrutando de la nueva experiencia, aunque seguía moviéndose con violencia para que siguiera el juego de la violación que la excitaba y la siguieran sujetando con fuerza e insultándola.

Durante varios minutos estuvieron follandola así, con diferencia eran los que mas aguante tenían y arrancándola gritos de placer se corrieron también dentro de ella.

Ya exhausta quedaba el mas pequeño de todos, con timidez se acerco a ella, con cariño le acogió entre sus brazos y su pequeño pene empezó a frotarse en su abdomen, pese a algunas bromas de sus "amigos" el no se separo y Lara con cuidado se fue colocando sobre el a horcajadas y hábilmente se la fue metiendo y cabalgando al jovencito. Ella disfruto con la cara de placer que tenia el chaval mientras la fotografiaban y grababan, a la vez que la llamaban "pervertida" y "follaniños".

No duro mucho ya que la sobrexcitación del chaval le hizo rápidamente acabar, aunque ella no sabría si fue semen u otros fluidos por su corta edad, pero aunque no durase mucho, con su vagina hipersensible y la excitación la hizo tener varios orgasmos mas dejándola rendida sobre la cama.

Durante un rato descansaron mientras ellos comentaban y se enseñaban las fotos y videos, Lara podía oír perfectamente sus propios gemidos y gritos, y las suplicas de que quería mas, cosa que no recordaba haber hecho, entre comentario y gemido grabado ella volvió a excitarse e incorporándose de nuevo sobre la cama se dirigió a ellos abriendo sus piernas.

- ¿Queréis sacar buenas fotos? aprovechad ahora que podéis - no podía creer ella lo que estaba diciendo pero su coño palpitante y rebosando leche con su cuerpo todavía sufriendo los efectos de los orgasmos hicieron hablar por ella y poco la importaban las consecuencias.

Sin perder tiempo todos sacaron sus móviles y la cámara que tenían ya preparada, y empezaron a sacar imágenes, Ella por su parte hacia poses como si fuera una actriz porno para una revista, abriendo su vagina para que fotografiaran su contenido, ponía su culo en pompa, se abría de piernas, toda pose morbosa que se le pasaba por la mente, mientras a cada fotografía se fueron animando mas y sus pollas ya duras de nuevo empezaron a seguir fotografiando con sus pollas metidas en su boca o en su coño, sin llegar a follarla pero si masturbándose y frotando sus penes en ella.

Hasta que llego la primera corrida, directa a su boca, ella no dudo ningún momento en beber el liquido y tragarlo explícitamente para las fotos. La lluvia de semen continuo, en sus pechos culo, vagina, prácticamente la cubrieron de semen y ella dócilmente se dejaba fotografiar, animándoles ha hacer mas,

También empezó a caer sobre ella otra lluvia, mas doradas se dio cuenta por la abundancia de ella en su espalda y al darse la vuelta empezó a ser regara en su cara, no la disgusto a esas alturas y empezó a abrir la boca y lamerlo, todos miraban alucinados y lo mas suave que la llamaron fue "cerda", ella ya no pensaba, solo quería complacer mientras lo grabaron todo con detalle.

La volvieron a follar por turnos durante una hora mas hasta que decidieron que por hoy era bastante, se fueron vistiendo y la dejaron ahí tirada, no sin antes el mayor de todos pedirla el móvil para quedar mas veces a lo que Lara accedió sin rechistar.

Y allí estaba tirada sobre la cama, oliendo a semen y orina con la cama ella un asco, ella pensando en lo que tendría que limpiar antes de que llegara su marido a la noche. Y mientras pasaba el tiempo empezó a arrepentirse de lo que había hecho, tan profundamente que casi se pone a llorar, como podía haber permitido serle infiel a su marido, y haberse entregado de forma tan fácil y sumisamente a esa panda de rufianes, que encima les había dado el numero de teléfono, debía cortar con eso ya, jamás debería volver a pasar.

Sumida en su pensamientos no se dio cuenta que su hijo se había metido en su dormitorio, desnudo y se tumbo sobre ella antes de que pudiera reaccionar.

- ¡¡Hijo!!! pero que demonios haces, ¡¡¡apartate de mi!!!.

- Eso no se lo dijiste a ellos mientras te usaban.

Lara se quedo muda de terror, su hijo la había visto, pero cuanto, no había oído la puerta abrirse, ¿vería solo irse a los chavales y ella desnuda llena de fluidos?, ¿o la habrá visto comportarse como una puta?

Antes de que pudiera reaccionar sintió como su hijo se la metía, ella forcejeo y el la tapo la boca con al mano, mientras se movía sobre ella, sin que pudiera hacer nada por el cansancio y por la vuelta de las sensaciones placenteras que había sentido pocos minutos antes.

Su vagina estaba todavía indundada lo que no pareció importarle al hijo, y mientras la montaba el la susurraba al oído.

- Llevo años con ganas de hacerte esto.

Ella se retorcía espantada de lo que estaba oyendo pero a su vez no podía evitar soltar un gemido de gusto, había visto la polla en varias ocasiones en la ducha, a veces por accidente y otras espiando con curiosidad, y sabia que también estaba bien formada y tenia un buen tamaño, pero sentirlo dentro la hizo que su mente se bloqueara.

- He visto como te ofrecías a ellos y se corrían sobre ti, te gusta mucho follar, ¿desde cando haces esto?

No supo que responder, aunque pudiera tenía la boca tapada, mientras el ante el cese de resistencia de su madre comenzó a acariciarla los senos con cuidado ya que estaban enrojecidos por el trato que fueron sometidos por sus amantes.

- Que dirá papa cuando se lo cuente.

Ella abrió mucho los ojos y sollozando suplico apenas audible que no le contara nada, mientras el aceleraba el ritmo. Su hijo retiro la mano.

- Por favor hijo no digas nada, te lo suplico, me arrepiento mucho no volverá a pasar... uumh...

Ella gimió involuntariamente y se dio cuenta, su hijo no había parado de penetrarla y ya sentía oleadas de placer recorrer su cuerpo.

- No diré nada, pero no puedes negar que te encanto lo que hiciste

- ay no... Lo volveré ha hacer... ummh porfavor... aah... para...

- Si lo volverás ha hacer... mmh pero te ayudare y no diré nada, pero también debes dejarte que te folle.

Lara no podía creer lo que decía su hijo, sintió una inmensa pena pero que rápidamente fue sustituida por placer, no podía dejar que su marido se enterase, pero tenia tantas ganas de sexo, desde siempre lo había tenido y no podía aguantar mas, esos niñatos fueron la gota que colmo el baso y ahora su hijo estaba sobre ella cometiendo incesto, una sensación que la empezó agradar, ya su cuerpo no se resistía sino que acompañaba sus movimientos con su hijo, no podía resistirlo, pensó la propuesta de su hijo entre gemidos mientras el disfrutaba de su cuerpo, sabia que se arrepentiría pero no podía dejar de disfrutar y accedió. Se sentía sucia una mala madre por disfrutar de su hijo y una mala mujer por disfrutar de otros hombres, y durante mucho tiempo sentiría una profunda vergüenza hasta que le fue cogiendo gusto a su situación morbosa, y las que vendrían.

Así entre gemidos su hijo acabo corriéndose dentro de ella mientras a su vez tenia un intenso orgasmo haciéndola gritar.

Después de varios minutos descansando ambos se pusieron a limpiar la habitación y continuar aparentemente con su vida normal.



Aquí esta el final del primer relato, lo he puesto a modo de tercera persona mas fácil de leer ya que al ser dos versiones contadas una por mi madre y lo que pensaba y otra por lo que ví, amen de alguna libertad de acontecimientos porque la memoria no es perfecta. Espero que hayan disfrutado y espero no tardar en continuar las aventuras con mi madre de estos últimos años, ya que son unas cuantas interesantes, como detalle deciros que nunca llamaron a mi madre, ya que este grupito como bien adivino mi madre desde el principio no era unos angelitos y a los pocos días leímos en los periódicos que esa banda había sido arrestada por robos y agresiones y sus integrantes enviados a correccionales y el mayor a la prisión por un lío de drogas, así que posiblemente seria su ultimo polvo antes de un largo periodo de abstinencia forzada ( o no ;) ya veréis).

No dudéis en dejar comentarios, tanto para bien como para mal.

Autor
Korult korultfiore@yahoo.com
Esta historia tubo lugar ya hace algún tiempo, por entonces tenia yo 25 años, y terminados mis estudios decidí buscar trabajo, al final, encontré uno diseñando paginas Web en una empresa, aunque me tuve que desplazar a otra ciudad y como el sueldo era bueno, no me importo mucho irme a un lugar donde no conocía nadie.

Otra de las cosas buenas del trabajo, es que era una empresa pequeña, propietaria de una pequeña empresaria aunque al parecer bastante adinerada, y que tenia la oficina montada en su propia casa, un pequeño chalet en un pueblo en las afueras de la ciudad, con lo que podíamos trabajar en una de las habitaciones de la casa, evitando las aglomeraciones del centro de la ciudad.

Cuado llegue a la casa en la que se suponía que tenia que empezar mi trabajo, llamé al timbre y esperé, al poco se abrió la puerta, apareció una mujer de unos 40 años aunque de muy buen ver, rubia, con una melena hasta los hombros y con ojos oscuros, no llevaba maquillaje, tan solo un pintalabios rosa, muy tenue, vestía una falda larga azul y una camiseta de algodón blanca, y lo primero que me llamo la atención, fue que se adivinaba fácilmente, que no llevaba sostén, sus pechos que aunque un poco caídos eran de un tamaño bastante generoso y se movían libremente debajo de su camiseta a cada movimiento que su cuerpo hacía, dejando además adivinar ligeramente la forma de sus pezones, debajo de la tela.

No se si se dio cuenta de cómo la había mirado, Me rehice rápidamente he intente no observarlos más diciéndome a mi mismo, que no quedaría bien que me clasificaran como un miró el primer día, y pensé que al trabajar en una vivienda particular quizás el ir de traje al trabajo estaba de mas.

Hola, supongo que eres Juan el nuevo ¿no?

Si eso es.

Bueno pues yo soy Mónica soy dueña de la empresa, si quieres pasar, te enseño todo esto un poco.

Entre con ella, y mientras íbamos hacia la sala de trabajo, me siguió comentando

Bueno Juan pues como vas a ver la nuestra es una pequeña empresa, trabajamos aquí en mi casa, que esta bastante aislada y así no nos molesta, nadie como observaras aquí tenemos un tono muy desenfadado, somos como una pequeña familia.

Que suerte que vas a tener, (Mónica mientras sonreía), ya verás vas a estar trabajando con cuatro chicas para ti solo.

Acto seguido entramos en una sala donde estaban trabajando mis compañeras.

Haber chicas os presento a vuestro nuevo compañero Juan,

Juan, estas son tus otras tres compañeras Laura, Elena y Marta.

Hola Juan. Saludaron mis compañeras, y se levantaron para saludarme.

Laura era alta, con una melena negra, ojos azules y piel bronceada, tendría mas o menos diecinueve años, me sorprendió como bestia, una falda bastante corta, que dejaba ver unas piernas perfectas, y un TOP bajo el que se adivinaban unos pechos pequeños pero firmes, vamos que me quedé mirándola bastante impresionado (si que tienen un ambiente desenfadado pensé yo).

Elena por su parte, de pelo rizado, llevaba unos pantalones bastante ajustados, que marcaban perfectamente las curvas de su culo, además su camisa, con algunos botones sueltos, dejaba ver el nacimiento de unos pechos generosos y redondos, a los que no pude evitar desviar la mirada, cuando me la presentaron, tendría unos treinta.

Marta era la excepción de aquel grupo de mujeres, tendría también más o menos mi edad, algún michelín sobresalía en su cintura, y daba la impresión de que no se arreglaba mucho, tenía el pelo castaño un poco por debajo de los hombros, bestia con ropa bastante normal

Hola salude yo.

Bueno (dijo Mónica) Juan pues ya nos conoces a todas, somos todas muy buenas amigas y nos apoyamos mucho, espero que encajes bien aquí, ahora ven y ten pondré al día.

Poco a poco con el paso de los días fui cogiendo el ritmo al trabajo, al cabo de un mes, y para evitarme desplazamientos, Mónica me ofreció en alquiler una pequeña casita en el propio pueblo, más barato que el alquiler que tenia entonces, daba la casualidad de que era propietaria de unas pequeñas casas, que alquilaba a veraneantes pero el resto del año las tenia vacías y había aprovechado para alquilarlas por un bajo precio a mis compañeras y a mi que nos descontaba del sueldo, como el precio era muy bajo acepte encantado.

Fue al cabo de un par de meses cuando todo cambió. Laura propuso hacer una cena con lo que todos fuimos a la ciudad y estuvimos de fiesta, poco a poco la gente se fue retirando, y al final, solo quedamos yo y Marta.

Para entonces ya habíamos tomado unas cuantas copas, Marta y yo estábamos charlando, aunque yo tampoco es que pusiera mucha atención en la conversación, sino que estaba pensando en los modelitos que habían llevado Mónica, Laura y Elena y de los que no había podido quitar los ojos. Poco a poco Marta se fue acercando a mí, pero yo no prestaba atención, sin embargo llegado un momento Marta me besó

He que estas haciendo dije yo sorprendió.

Marta se me quedo mirando, luego con una voz muy nerviosa, me dijo que le gustaba, y que por favor no me enfadase, que le diera una oportunidad.

Mira Marta, sinceramente no eres mi tipo (respondí bastante cortante)

Que pasa dijo Marta ¿Que como no soy tan guapa como Laura y Elena pasas de mi?

Con quien quiera estar es mi problema, lo tienes claro.

Marta se me quedo mirando y poco a poco su cara de sorpresa paso mostrar enfado.

Sabes, pensaba que eras una persona más decente y que valoraba mejor a las personas, que sepas que esto no va a quedar así.

Enfádate si quieres ya te contentarás (le conteste yo con arrogancia, y acto seguido me fui)

Que razón tenía, al día siguiente las cosas empezaron a cambiar drásticamente en la oficina, nadie hablaba conmigo, si no era en un tono cortante para pasarme trabajo, empezaron a caerme todos los marrones, y me tenía que quedar hasta tarde para poder terminar las cosas. Deduje, que Marta había contado a sus compañeras lo que había pasado, y claro al ser yo el nuevo, y ellas ser tan amigas, habían decidido, hacerme la vida imposible.

Al poco opte por buscar un nuevo empleo en la ciudad, sin embargo había subestimado hasta donde llegaban las relaciones de Mónica con el resto de empresas de informática en la ciudad, todas se negaban a darme trabajo al poco de contactar con ellas, estaba claro que no me lo iban a poner fácil. Al final tome una decisión y lo comente a Mónica que regresaba a mi ciudad y dejaba el trabajo, a lo que ella contesto un Muy bien, como si no fuera con ella.

El último día Mónica me pidió que terminara todo lo que tenía abierto antes de marcharme, era bastante trabajo con lo que me tuve que quedar hasta tarde y me quedé solo, en la habitación, al final cuando terminé, antes de irme por fin de ese lugar, fui al baño a mear, no cerré la puerta, mientras estaba en el baño pensé, - Bueno ya se acabo esta mierda, fue en ese momento cuando barias manos me inmovilizaron rápidamente, y antes de que me diera cuenta, echaron mis brazos hacia atrás y note el ruido de unas esposas al cerrarse.

Joder, que mierdas pasa, grite yo. Sin darme cuenta que con todo el barullo me había meado en los pantalones.

Bueno, bueno…. pero que te pensabas, que después de lo que le hiciste a Marta te íbamos a dejarte irte de rositas (oí decir a Mónica a mis espaldas).

Que te creías que no me di cuenta el primer día como me mirabas las tetas, hemos estado pensando que hacer contigo, y al final hemos decidido que ya que parece que solo valoras a las chicas por su cuerpo, vamos a hacer de ti nuestra putita particular, para que veas como es ser una mujer.

¡Dejarme en paz! vale, no voy a ser vuestra puta ni nada,

He intente zafarme, sin embargo Laura y Elena, me tenían bien sujeto por los brazos, y al estar esposado, no podía hacer mucha fuerza, justo en ese momento, Marta se puso delante de mí, y me propinó rápidamente un fuerte rodillazo en los huevos, el dolor recorrió todo mi cuerpo, y de no ser porque me tenían sujeto, habría caído de rodillas al suelo, al primer golpe le sucedieron otros dos, que me arrancaron unos gritos, notaba como mis huevos palpitaban mandando señales de dolor a todo mi cuerpo, lágrimas pugnaban por salir de mis ojos.

¡Por favor para¡ grite, el tono de súplica en mi voz, no paso desapercibido.

Mira se te portas bien y colaboras no te pegaremos más, ¿lo entiendes? Susurro Elena a mi oído.

Yo moví la cabeza afirmativamente, aquella situación no me hacía ninguna gracia, pero mucho menos gracia me hacían los rodillazos de Marta, con lo que deje de revolverme he intente tranquilizarme. Mientras Marta tomó unas tijeras de unas bolsas que habían traído, y regreso a donde mí.

Pero mira que guarro eres, te has meado encima, habrá que quitarte esa ropa, de todas formas (dijo con una risita) ya no te va a hacer falta ropa de chico en un tiempo.

Acto seguido empezó a cortar mi camiseta, poco a poco la tela se iba abriendo al paso de las tijeras, al final Mónica dio un fuerte tirón desde atrás, oí como las pocas costuras que quedaban se desgarraban y los restos de la camisa acabaron en el suelo, siguieron con mi pantalón, quedando en calzoncillos, enseguida note como introducían las tijeras por la raja de mi culo he iban cortando la tela, momentos después, estaba completamente desnudo ante ellas. La verdad es que me dio bastante vergüenza, para empeorar la situación y debido al miedo provocado por todo, mi poya estaba reducida a su tamaño más mínimo, todas se rieron al unísono.

Ja, pero míralo y con esa cosita esperas hacer algo, dijo Laura.

Bueno, la verdad es que estas bastante delgado, con un poco de trabajo vas a poder pasar por toda una putita, pero antes tenemos que empezar por eliminar todos esos pelos que tienes por el cuerpo comento Mónica, - Marta trae la cera.

Por favor parar ya, he aprendido la lección, venga (dije yo a la desesperada)

Ni se te ocurra moverte o prefieres que sigamos dándole el tratamiento a tus huevos.

Minutos después casi todo mi cuerpo estaba cubierto de cera.

Bueno pues va siendo hora de empezar, prepárate oí decir a Mónica mientras se preparaba para retirar la cera de una de mis axilas.

He vamos no podéis hacerme esto como voy a ir si un pelo por el cuerpo no ..!Ahhhhhh!.

No pude terminar la frase, un tremendo dolor me izo gritar, note como los pelos se mi axila se iban arrancando al retirarse la cera de mi piel, me ardía la piel y apretaba los dientes como un poseso, sin dejar recuperarme continuaron con mi otra axila y mis piernas, yo pensaba que era imposible que aquello doliese más, sin embargo estaba equivocado, un gritos aún mayores salieron de mi boca, cuando retiraron la cera de mi culo y mi zona púbica, me di cuenta de que estaba llorando, y mi saliva goteaba por la comisura de mis labios, baje la mirada y vi mi cuerpo sin un solo pelo, como si aún no hubiese llegado a la pubertad.

Mira como lloras me dijo Mónica mientras cogía mi cara con sus manos.

Tan macho y no aguantas una mísera depilación, la verdad es que no has quedado mal, ahora ya no se te ve tan macho he, pero si pareces un adolescente, pero aún quedan un par de cosas por hacer, primero voy a arreglarte esas cejas, mientras Elena y Laura te preparan, y Marta de da crema hidratante, no queremos que se estropee la piel de nuestra putita, dijo con malicia.

Yo me deje hacer, no solo quería que aquello terminara, notaba pequeños tirones en mis cejas, al mismo tiempo que las manos de Marta recorrían mi cuerpo, aplicando la crema que alivio bastante mi piel, pude notar como se detenía a tocar mis huevos y como metía la mano por la raja de mi culo, de repente note unos pinchazos en mis orejas,

No te preocupes oí decir a Elena son para los pendientes las putas como tu tienen que llevarlos.

Segundos después pude ver por el rabillo de mis ojos, como unos enormes aros colgaban de mis orejas, después, me pusieron una peluca, y comenzaron a maquillarme, mientras, Marta, me puso un tanga, y unas medias, noté como la suave tela de las prendas, pasaba por mi piel libre de pelos, y quede muy sorprendido al notar cierta sensación de placer al contacto de mi piel con esas ropas.

Mira dijo Marta entre risas, parece que te gusta vestir de mujer quién lo iba a decir.

Note que mi poya se había puesto dura y se notaba el abultamiento bajo la tela del tanga, mi cara se puso roja de vergüenza, mientras oía las risas de las chicas, yo era un chico, ¿cómo podía traicionarme a si mi cuerpo? y sin embargo me sentía a gusto con aquellas ropas. Para terminar procedieron a aplicar pegamento en unas prótesis que simulaban unas tetas, y me las pusieron, luego maquillaron toda la zona, la verdad es que parecían bastante reales, y notaba el peso añadido a mi cuerpo, al moverme, después me arreglaron las uñas de los pies y manos y las pintaron de un rojo chillón.

Bueno pues ya estas, es hora de que te veas me susurró Laura al oído, mientras Mónica te irá sacando algunas fotos, estas tan bonita…

Mientas oía el ruido de la cámara, me pusieron delante del espejo, me quede de piedra.

Aquél no era yo.

Pero que me habéis hecho gemí yo, no voy a poder salir a la calle, (por respuestas solo oí risas).

Ahora tenia una larga melena negra, mis cejas eran dos finas líneas nada que ver con las que tenía antes y me habían maquillado como un putón, llevaba un tanga negro y medias, y mis manos atadas a la espalda, hacían que mi torso se echara hacia delante, acentuados mis dos nuevas tetas, si embargo algo estaba cambiando en mi interior, al momento de observarme no pude evitar pensar, joder que buena estoy, refiriéndome a mi en femenino.

Sabes creo que a partir de ahora te llamaremos Sara, bueno ahora que ya eres una mujer, y que parece que te gusta comento Mónica, vamos a hacer sentirte como tal.

Lentamente conecto una especie de mangeta al grifo del lavabo y se dirigió con ella a mi culo, apartando la tira de mi tanga y dejando mi ano al descubierto.

Espera que vas a hacer, por favor mi culo no ahggg. (un ahogado grito broto de mi boca cuando note como la mangeta entraba dentro de mi culo).

Tranquilo es algo necesario para que podamos continuar, y acto seguido abrió el grifo.

Lentamente mis tripas empezaron a llenarse de agua, yo, tenia el vientre liso sin embargo ahora apareció una pequeña barriguita, cuando pensaba que iba a reventar, Mónica cerró el grifo, saco la mangueta y me puso un tapón en el culo, yo lloraba de dolor.

Por favor dejarme echar esto fuera.

Mira si quieres que te deje vaciarte tienes que prometer portarte bien, porque si no estas fotos que te hemos hecho van a llegar a mucha gente lo entiendes.

Si por favor haré lo que queráis le respondía a Mónica.

Al momento sentí como Elena soltaba mis manos, instintivamente, me las lleve a mi "nueva tripa" oí la voz de Laura acompañada de unas risas y el sonido de la cámara.

Mirar, la putita parece que esta embarazada.

Aquello les izo mucha gracia me pidieron que adoptara poses de embarazada, y a sus cámaras de fotos se sumo una de video, a demás, como me encontraba mal con tanta agua tenia cara de sofocado, con lo que parecía de verdad que estuviese embarazada.

Tras la sesión de fotos, lentamente Mónica me condujo al bater, la piernas me temblaban un poco, cuando ya estuve sentado yo mismo metí mi mano en el culo y me quite el tapón, por alguna extraña razón aproveche para meterme un dedo ahora que lo tenia abierto y note cierto placer, luego note como el agua empezaba a salir de mi cuerpo, ni siquiera me había bajado el tanga, pero que mas daba, me sentía aliviado, notaba como poco a poco me iba vaciando y una sensación de tranquilidad me invadía.

Bueno ahora ya meas como una chica, me dijo Mónica cuando termine, ahora te haremos sentir como tal.

Dicho esto me levantó me quito el tanga agarro mi poya y empezó a masturbarme, para mi sorpresa solté un gemido cuando note como dos de sus dedos entraban por mi culo y se empezaban a mover por mi interior me estaba excitando como no había echo nunca, y sin darme cuenta empecé a acompasar el movimiento de mi culo al de sus dedos.

Mirar como le gusta, comento Marta,

En esto Laura se puso delante de mí iba completamente desnuda, me fijé en su coño sin un solo pelo y sus pequeños pechos firmes y erectos.

¿A que esperas? me dijo

Me lance a estrujar y chupar como un poseso esos pechos, aquello fue demasiado para mí, me corrí abundantemente en la mano de Mónica, soltando unos gemidos bastante femeninos oleadas de placer recorrieron mi cuerpo.

Mira que cochina me has manchado las manos ¡límpialas!, me dijo acercándolas a mi boca.

Para entonces a mi todo me daba igual, tome su mano con las más y chupe de sus dedos uno por uno con avidez mi propio esperma, tomándome mi tiempo, y degustándolos como si fuera un manjar, ¿Qué me estaba pasando?. Luego para mi sorpresa exclame.

Quiero más.

Mónica sonrió.

Tenemos aquí un juguetito, que creo que te va a gustar, dijo, y tomo un consolador de la bolsa mientras lo untaba en vaselina, además es especial, ves este botoncito de la base, lo aprietas, suelta un un gel que simula esperma y con el que hemos rellenado su interior.

Sin pensarlo se lo arrebate de las manos, me deje caer en el suelo de espaldas abrí mis piernas y me dispuse a meterme el juguete por mi culo, sin embargo Elena lo tomó rápidamente de mis manos.

Tranquila, tu déjanos a nosotras, y acto seguido empezó a introducirlo poco a poco por mi ano,

Ufff

Gemí yo cuando note como las paredes de mi ano se estiraban en un intento de dejar pasar el consolador, al mismo tiempo Marta empezó a masturbarme otra vez, y mientras Mónica se quito su camiseta y dejo que sobara sus tetas, esas que yo había estado mirando el primer día, poco a poco la excitación fue invadiendo todo mi cuerpo, llego el momento en que vi que iba a correme de nuevo, en ese instante mi mano agarro la de Elena y para su sorpresa y la obligué a bombear con mas fuerza en mi interior.

¡Sigue, sigue! gritaba yo

Me corrí por segunda vez, justo en el momento en que Elena pulso el botón del consolador, y note como se vaciaba en mi interior, oleadas de placer me embargaban, ahí estaba yo tirado en el suelo, manchado con mi propio esperma, y con mi culo totalmente abierto y palpitando como si aún no hubiese tenido suficiente, segundos después empezó a brotar de el un líquido blanco con el que el consolador había llenado mi interior.

Pude observar como las chicas estaban bastante sorprendidas, mientras que reemplazaba el consolador con mis dedos, con los que seguía tocando en mi interior.

Bueno creo que por hoy es suficiente comento Mónica.

Entre todas me agarraron y me llevaron a la ducha, yo estaba exhausto, mis piernas me temblaban, y casi no me tenía en pié

Yo me dejé hacer, después me pusieron unas bragas, un camisón me llevaron a una cama donde dormí tranquilamente.

Se agradecen comentarios.


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strkt1
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